16 de enero de 2012

0585- LA CRUZ DE JESUCRISTO.

Emperador Constantino I.
¿Donde está la cruz en que Jesús de Nazaret fue crucificado?. Es la gran pregunta que los cristianos se han hecho durante siglos y a la que la Iglesia Católica no ha podido dar una respuesta contundente. El por qué es muy simple. Han pasado dos mil años y todo en este mundo es efímero, especialmente la madera. Pero repasemos la historia...
Los primeros cristianos fueron duramente perseguidos hasta la conversión de Constantino I el Grande, emperador de Roma (306-337) y legalizador del cristianismo mediante el Edicto de Milán (313) y el Concilio de Nicea (325). Sin embargo no todos creen en su conversión, sino más bien en un intento de unificar un Imperio altamente desestabilizado. De hecho jamás quiso ser bautizado, si bien lo hizo en su lecho de muerte -no sabemos si a petición propia- y por el obispo Eusebio de Nicomedia que, paradójicamente, no era cristiano sino arriano.

Sea como fuere, aunque la Iglesia Católica predica que su origen y fecha de creación es la muerte y resurrección de Jesús, lo cierto es que, para facilitar la transición del paganismo romano al cristianismo, ambas religiones convivieron durante largos años, tiempo en el que la Iglesia Católica se limitó a ir cambiando los diferentes dioses romanos y sus características por aquellos Santos que, según ella, también las reunían. El dios de cada ciudad o cada concepto y necesidad, fue sustituído por un Santo o Patrón. La Iglesia entendió que la conversión era demasiado árdua y optó por cristianizar la religión pagana. La mezcla cristianizó a los paganos y paganizó a los cristianos, de tal modo que resultó atractiva para todos, hasta el punto de convertirse en la religión suprema del imperio hasta el final de sus días. Todo fue cuestión de tiempo. Con los años fueron abandonándose los antiguos dioses y al representante de todos ellos (Júpiter) para dar culto a los Santos del cristianismo y al nuevo dios (Padre) que también los unificaba, con la novedad de que este dios tenía su encarnación en la tierra por medio de su hijo Jesucristo.

Pero a todo esto habían transcurrido más de tres siglos desde el nacimiento y muerte de Jesús de Nazaret. Había que recopilar escenarios, hechos y a ser posible, pruebas de lo acontecido. Los escenarios estaban ahí, impertérritos, pero faltaban las pruebas: el Arca de la Alianza, el Sagrado Grial y la Cruz en la que Jesucristo fue crucificado. Sobre unas y otras, todo conjeturas y ninguna realidad palpable. Mucho hemos leído sobre los diferentes destinos del Arca de la Alianza y de su posible desaparición en tierras de Etiopía, tras su robo en el Templo de Jerusalén por parte de Menelik I, hijo de Salomón y la reina de Saba. Lo mismo sucede con el Santo Grial, su relación con José de Arimatea y su posible aparición en la Bretaña del rey Arturo; personaje legendario del que nada se supo hasta el siglo XII y que nadie sabe si existió realmente.

Aunque la Iglesia no se haya pronunciado al respecto, se da por bueno el Grial depositado en la catedral de Valencia en 1.437, custodiado anteriormente durante once siglos en el Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca). Allí lo envió San Lorenzo desde Roma, a mediados del siglo III, ante el peligro de que se perdiera en las persecuciones cristianas llevadas a cabo por el emperador Publio Licino Valeriano. (253-260)

Iglesia del Santo Sepulcro. Jerusalén.
Pero nos queda la Cruz y para ello vamos a copiar un párrafo de mi entrada nº 500, de fecha 27-9-2011:
"Convertida al cristianismo, el año 326 la emperatriz Elena de Constantinopla, madre del emperador Constantino I, viajó a Jerusalén en su empeño de encontrar el madero donde casi tres siglos atrás había sido crucificado Jesús de Nazaret. Sin embargo en el Gólgota, una cantera abandonada que los romanos habían utilizado como patíbulo décadas atrás, encontró un templo erigido por Adriano a la diosa Venus. Ordenó demoler el templo y excavó sus cimientos hasta encontrar tres cruces, determinándose la de Cristo por haber resucitado a un muerto. La que posteriormente sería Santa Elena, ordenó construir allí mismo el Templo llamado del Santo Sepulcro y quedó depositada la cruz hasta el año 614, fecha en la que Palestina fue invadida por los persas. Como desprecio a la religión de los cristianos Cosroes II la puso debajo de su trono. Quince años después Cosroes fue derrotado por el bizantino Heraclio y la Cruz devuelta a Jerusalén..."

La iglesia solo reconoce como auténticas reliquias de la Santa Cruz, las depositadas en el Vaticano y en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Asturias (España).
Nada que decir en esta entrada sobre los restos de la Cruz de Jesucristo depositados en el Vaticano. En cuanto a los del Monasterio de Santo Toribio, cabe señalar que la historia nos cuenta que en el siglo VIII y una vez consolidada por Don Pelayo la Reconquista a los moros, el llamado "Lignum crucis" fue traído junto a los restos del obispo Toribio de Astorga (402-476) desde Jerusalén.
Don Pelayo y su sucesor Alfonso I habían poblado el territorio de Liébana con cristianos de la meseta y entre ellos llegaron numerosos monjes procedentes de diversos lugares de la península y de fuera de ella que fundaron monasterios como el de San Martín de Turieno, que posteriormente y por los restos de que era depositario se llamaría de Santo Toribio de Liébana.

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