28 de agosto de 2026

3333/0221- EN BUSCA DE FANTASMAS.


No se trata de fantasmas de sábana blanca y cadenas arrastrando, sino de mentes maliciosas que, por darse importancia, crearon obras y bibliotecas que nunca existieron. Como tantas veces hemos dicho, hasta hace menos de dos siglos, la gente era tan ignorante que cualquier cosa valía. Los honrados eran ladrones y los facinerosos gente de bien. Así era aquel mundo y cuando la luz empezaba a ilumininarnos, llegaron guerras y dictaduras que volvieron a cubrir el cielo de negras nubes, privándonos de la libertad y de la luz tan esperada. Gente que no sabía hacer la "o" con un canuto se convirtió en maestro y los inteligentes trabajaban el campo o cortaban maleza para las fábricas de cerámica. Ahora parece que el cielo vuelve a despejarse por el horizonte, veremos hasta cuando.  


Numerosos escritores famosos como Umberto Eco, Borges, Rabelais o Lovecraft, han colado en sus escritos citas de enigmáticas obras que han resultado ficticias y es que el buen escritor, cuando se le acaban las ideas, suelta una parrafada ficticia y se queda tan ancho en la seguridad de que el lector jamás podrá comprobar que es pura palabrería. Valga como ejemplo el Catálogo Fortsas de 1840, que describía 52 obras altamente valiosas que jamás existieron, al igual que las 34 del famoso poeta inglés John Donne describió en el siglo XVII y que nunca vieron la luz. Nos han dicho muchas veces que de lo que veas solo has de creer la mitad y, por supuesto, nada de lo que te cuenten. Así transcurrió la Historia de nuestro mundo que, entre mentiras y medias verdades, cautivaron al personal.


Pero, ¿qué mundo es este?. Si son tantas y tan grandes las mentiras que nos han contado desde siempre, ¿en que vamos a creer?. ¿Donde está la verdad?. Nadie lo sabe. Por lo que se ve, la vida es mucho más sencilla de lo que imaginamos, todo son mentiras para que los ignorantes vivamos y trabajemos, al servicio del listo del lugar. El inteligente urde todas esas patrañas para vivir sin trabajar y campando a sus anchas, como pez en el agua. Libros, religiones, santos y apariciones, son toda una sarta de mentiras, que han distorsionado la realidad para ponerla a su servicio, mientras los ignorantes o enfermos, siguen pensando en la posibilidad de que sean verdades. Nos enseñaban, de pequeños, que la Fé es creer lo que no se ve, pero cuado la tormenta escampa la persona inteligente vislumbra la mentira.


En la novela de Umberto Eco y película EL NOMBRE DE LA ROSA, se indica que la Iglesia destruyó la segunda Poética de Aristóteles, supuestamente dedicada al estudio de la comedia y la catarsis. Efectivamente en numerosos catálogos antiguos hay referencias a ese primer libro de la Poética de Aristóteles, pero nadie ha visto jamás que hubiera una segunda parte y lo mismo ocurrió con L'HOME DE COUR, publicitada por Molier, como su obra maestra, que en realidad nunca llegó a escribir. Esto mismo sucedió con la segunda parte de la GALATEA, de Cervantes que, tras anunciarla repetidamente, nunca vió la luz. Volviendo a la obra de Umberto Eco, según palabras del autor, la Iglesia, contraria a la proliferación de la comedia, la destruyó. Sin embargo en la Historia Universal sobre la destrucción de libros, el helenista Richard Janko cuenta que por falta de interés no se hicieron reproducciones. 
Pues, en fin, como esto todo. 


Los escritores, con el fin de mantener el interés del lector, incluyen en sus obras "históricas", textos ficticios para redondear sus libros. Y mientras tanto el lector, ávido en recabar datos sobre determinados momentos de la Historia, se lo traga todo como si de auténticas verdades se tratara. Compendios de Historia Natural, que para muchos lectores fueron obra magna de consulta bibliográfica, han visto desmostrado que más de 200 referencias que allí aparecen son absolutamente ficticias, como geógrafos que decían haber dibujado el continente americano antes de la llegada de Colón. El problema es que, en este momento del siglo XXI esta práctica sigue y los títulos irreales se van multiplicando. En un alarde sin precedentes, Borges hizo crítica de libros y autores que nunca habían existido. Sin embargo su fama era tanta que algunos lectores dieron dinero a cuenta para que su librero guardase un ejemplar de la primera edición que, por supuesto, nunca llegó.

Rafael Fabregat Condill

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