6 de agosto de 2026

3333/0198- EL NACIMIENTO MÁS INMEDIATO.


En un momento de tanta tecnología armamentística y tan escasos alumbramientos de las mujeres, nos preguntamos si lo más inmediato será una guapísima niña o un torpedo nuclear... ¡porque todo es posible en este horroroso momento que estamos atravesando y en el que hay tantos políticos quieren lo que tienen los demás. Putin quiere Ucrania, China quiere Taiwan, Trump quiere Groenlandia, Netanyahu quiere Palestina, Irán y los Hutíes quieren dominar el estrecho de Bab el-Mandeb en el mar Rojo. Pero bueno... ¡tan fácil que sería vivir todo el mundo en paz!. ¿Por qué no se queda cada uno en su casa y Diós en la de todos?. ¿Ambición de poder?. En fin, que no tenemos solución. La humanidad siempre ha estado en guerra y así seguirá siendo hasta el final de los tiempos.


En este momento, como cualquier otro, es más fácil saber cuando verá la luz el próximo submarino nuclear y sus torpedos más potentes, portador incluso de misiles de largo alcance, con cabeza nuclear, que una preciosa niña más lista que el hambre. ¿Por qué? -se preguntará alguno. Pues muy fácil. Porque el mundo está atravesando momentos convulsos. No revienta todo porque saben que al menor fallo, todo el planeta podría volar por los aires, porque armas para causar ese desastre las hay pero, gracias a Diós (si lo hay) saben que el primero en apretar el botón sería el primero que desaparecería de la faz de la Tierra. Ni bunkers ni leches. Aquí no se salvaría ni el Tato y eso no lo quiere nadie. Para que haya dueños hace falta que hayan criados y eso nos salva, porque ellos no quieren a nadie.


Cada día estamos más y mejor controlados. Libertades... ¡pocas o ninguna!. Los únicos que tienen libertad son los que se ríen y abusan de ella. Los demás a seguir adelante, como tren en vía muerta. Lo único que salimos ganando con tantas guerras y vigilancia de nuestra teórica libertad es que muchos de esos aparatos, que lo controlan todo, han dado paso a usos domésticos que todos tenemos en nuestras casas. Pongamos como ejemplo que gracias a los radares de guerras pasadas se dió paso a la producción de los microondas con los que cocinamos en cinco minutos lo que en el fuego costaba una hora. De la misma forma conocemos el sexo de nuestro bebé, concebido pocas semanas atrás, gracias a la ecografía, tecnología aplicada a los modernos submarinos. Tecnología militar y civil van parejas.


Como tantas veces he comentado, no soy muy partidario de tanto gasto en el tema espacial pero también muchos adelantos en ese campo han dado solución e inventos para el día a día de todos nosotros, o sea, que son muchos los inventos que retornan a la gente común, que es la que aporta mediante impuestos el dinero que se dedica a estos estudios que, desde mi punto de vista, podrían dedicarse a los problemas terrenales que todos los países sufren en mayor o menor medida. Está claro que mucha tecnología espacial ha servido para instalar seguridad y mejoras en los viajes aéreos, más usados cada día por todos nosotros, pero... Mucha de esa tecnología no está al alcance de todos y es por eso que no todo lo que se invierte, revierte en el beneficio general. 


Algunos políticos también hubieron de luchar, no solo para matar a sus enemigos, sino también para alimentar a su tropa. Más de dos siglos atrás (1810) Napoleón, agobiado por esta problemática, destinó 12.000 francos de la época, como premio a quién encontrará una solución destinada a preservar la alimentación de los soldados que estaban en el frente. Así nació el invento de la conserva alimentaria. El destino primigenio de las conserveras fue pues para seguir guerreando sin problemas de intendencia. Y como esa muchas cosas más. No podemos decir que todas las cosas de la guerra sean negativas. De una guerra salen muchos adelantos para los tiempos de paz. También en la tecnología médica que salva miles de vidas cada día que pasa. Nadie sabe que nacerá primero...

Rafael Fabregat Condill

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