En el centro de la foto, casa de Alcalá de Henares donde nació en 1.547 el insigne escritor Miguel de Cervantes y Saavedra, autor del famoso libro Don Quijote de la Mancha y otroS títulos que no vienen al caso. Sin embargo la mayor parte de su vida la pasó en Madrid, donde murió en 1.616, fecha en la que finalizaron las obras de la Plaza Mayor. La vida era muy dura en el Siglo de Oro pero, como siempre sucede en estos casos, la gente se las apañaba para disfrutarla a tope, a pesar del hambre. Los viajeros que llegaban a Madrid en aquellos tiempos no veían otra cosa que un pueblucho repleto de religiosos y soldados tullidos o jubilados, junto con gran cantidad de pícaros y desamparados. Pueblo mísero y aterrado por la reciente peste negra que luchaba por disfrutar de la vida lo poco que podía.
Pequeña ciudad de casas destartaladas, junto a la Puerta del Sol. Al oeste de la misma se alzaba la residencia real, un viejo Alcázar donde años después se construiría el Palacio Real que hoy podemos contemplar. Era una población con desagradable olor a orines y basuras malolientes en los callejones más estrechos, un lamentable hedor que se hacía menos penoso con el humo a leña quemada y pan recién horneado en las tahonas. En 1.605 todo estaba desastroso, puesto que la capitalidad española se había trasladado cuatro años antes a Valladolid. Al rey no le desagradó la idea de alejarse de una ciudad llena de criminales y muertos de hambre. Eran 60.000 habitantes amontonados en calles estrechas y tortuosas, además de casas sucias y desordenadas. La mayor y mejor ciudad era entonces Sevilla.
En ese mundo vivía España y concretamente Madrid, donde Cervantes vivía desde 1.566, a fin de que estudiara gramática en la escuela López de Hoyos. Tras muchos avatares Cervantes se trasladó definitivamente a Madrid el año 1.606 cuando la ciudad volvía ser capital de España de la mano de Felipe III. De todas formas, en aquellos tiempos, el 90% de la población vivía en pueblos y zonas rurales. No había interés alguno de vivir en grandes ciudades, puesto que el campo era el principal abastecedor de la ansiada comida de las familias. Los documentos de la época hablan de 1.300 pobres pero de más de 3.000 que pedían limosna por calles y plazas, cifras muy altas para el Madrid de aquel entonces. Los pobres "legales" poseían una licencia expedida por el párroco, pero los demás...
A los "legales" se añadían los falsos mendigos, pícaros, matones y alcahuetas que vivían de los ingresos de las prostitutas que tenían a su cargo. La Puerta del Sol y Herradores eran los lugares principales de encuentro de rufianes, desheredados y campesinos sin tierra, que formaban la base de la pirámide social. Los alrededores del Alcázar, Casa de la Panadería y Plaza Mayor, terminada en 1.916, eran sin embargo las zonas de paseo de la nobleza y gente con posibles, que apenas llegaban al 10% de la población. El reinado de Felipe III no fue brillante, pero dió un respiro a la gente de aquellos tiempos, gracias a la importación de productos del Nuevo Mundo. Incluso estaba permitida la tenencia de esclavos. El español era conocido y hablado en Europa, lo cual no implicaba simpatía alguna hacia nosotros. La envidia es muy mala...
Como en las acuales guías Michelín, los viajeros de entonces tenían a su disposición unos libritos que marcaban los mejores caminos y posadas donde recuperarse. Y es que nacionales y extranjeros se desplazaban a lo largo de la península por razones económicas y Cervantes también era uno de esos viajeros, pero por otras razones más pintorescas. Para escribir era necesario conocer y para ello había que viajar a lomos de mulos y carretas devencijadas, pero esa es otra historia. En cuanto a los madrileños de la época, aunque apenas cenaran, acudían a los corrales de comedia en masa, al tiempo que sus majestades que, para compensar su fracaso en los Países Bajos, expulsaron a 300.000 moriscos que hubieron de marchar con lo puesto.
A finales de Octubre de 1.605, Cervantes pùblicó la 2ª parte del Quijote y falleció el 22 de Mayo de 1606 en su casa madrileña de la calle del León, actualmente Barrio de las Letras. Nada es para siempre...
Rafael Fabregat Condill

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