
Teniendo la órbita más excéntrica de los planetas menores, la distancia de Mercurio al sol varía entre los 46 y los 70 millones de kilómetros.
Su traslación alrededor del sol dura 88 días terrestres y su inclinación orbital es de 7 grados.
Las elevadas variaciones de distancia y velocidad hacen que se puedan dar diferencias de temperatura que varían entre los -185ºC nocturnos y los 430ºC diurnos.
Otra curiosidad es que en Mercurio se dan amaneceres dobles, es decir, el sol sale por el horizonte, se detiene y se vuelve a poner por donde salió; posteriormente vuelve a salir y realiza su recorrido completo. Este fenómeno ocurre durante el perihelio, porque la velocidad orbital iguala la velocidad giratoria. Otro dato interesante es que su periodo de rotación (día) dura 59 días terrestres.

Su magnitud aparente varía entre el -2,0 y el 5,5 aunque su mayor complicación a la hora de observarlo es debido a que su luz se diluye con el resplandor del sol. Tanto es así que, desde el Telescopio Espacial Hubble y por cuestiones de seguridad, no se pueden hacer observaciones completas de Mercurio, a fin de evitar enfoques tan próximos al sol. Otro momento interesante para ver este planeta es en los casos de eclipse solar y también en tránsito entre el sol y la tierra, hecho que ocurre trece veces cada siglo. Naturalmente para ver este fenómeno hace falta un telescopio con filtro solar. Quien escribe tuvo la suerte de verlo durante una semana seguida, siempre a la puesta del sol.


El máximo acercamiento conseguido por el hombre al planeta Mercurio se llevó a cabo por parte de la Sonda Mariner-10 que, en la tercera de las órbitas realizadas, se situó a 327 Km. de su superficie.
El Mariner tomó diez fotografías del planeta y finalizó su misión el 24 de Marzo de 1.975, cuando quedó sin combustible. En Agosto de 2.004 se lanzó la sonda Messenger que entró en la órbita de Mercurio en Marzo de 2.011. Una nueva sonda (BepiColombo) se lanzó en Agosto de 2.013, para investigar su estratosfera, con llegada al planeta en Septiembre de 2.019 y desarrollo de diferentes misiones de un año de duración.

Vivimos en un mundo que, bien organizado, podría ser el soñado Edén. Un Cielo en la Tierra, un Paraíso idílico en el que la vida llegara a ser un regalo celestial y no el infierno en el que los humanos lo hemos convertido.
Todos sabemos que no hay solución, para una cuestión en la que hay tantas opiniones como pobladores existen. Una verdadera lástima... ¡podría ser tan bonito!
RAFAEL FABREGAT
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