
En constante transformación, la naturaleza nos muestra la variabilidad de su frágil y al mismo tiempo poderosa estructura. En cuestión de minutos las aparentemente inofensivas nubes pueden transformarse en amenazantes tormentas, que pueden traer lluvias torrenciales, cuando no el temido pedrisco que acabe con tus cosechas. Sobre este tipo de tormentas, normalmente veraniegas, tengo una simple y breve anécdota de mi niñez, que tampoco he vuelto a ver a pesar de los muchos años transcurridos. Con otros muchos niños del barrio, estábamos jugando en la calle de Las Eras, cuando estalló una fuerte tormenta. Sin hacer mucho caso seguimos jugando y a los pocos minutos vimos subir por la calle y hacia nosotros una amenazante y gruesa cortina de agua. Nuestro primer impulso fue refugiarnos en alguna de las casas del vecindario, entonces todas con las puertas abiertas, pero sorprendidos vimos que, al llegar a pocos metros de nuestra posición, la cortina de agua paró su recorrido. El agua caía impetuosa a unos metros escasos de nosotros y ni una sola gota mojaba nuestra exigua vestimenta. El fenómeno apenas duró unos segundos pero suficiente como para, como si de una ducha se tratara, acercar curiosos nuestra mano a la zona de lluvia mientras la otra permanecía seca. Jamás volví a ver algo parecido. Segundos después la nube siguió su recorrido y tuvimos que refugiarnos, ya un poco salpicados.

Una zona especialmente castigada por los huracanes es el Caribe y el Golfo de México, con fuerte afectación a la zona atlántica de Estados Unidos, México, América central y las islas caribeñas.
Más agradables y sin problemática alguna son los fenómenos luminosos, citados anteriormente, como la Aurora (boreal o austral) y por supuesto el archiconocido Arcoiris. La "Aurora" en un interesante espectáculo, solo visible en latitud próxima a los polos magnéticos de nuestro planeta, que se produce por la influencia de éstos con las partículas que transportan los vientos solares.
Normalmente solo pueden verse por encima de los 65º aunque, en el caso de grandes tormentas solares, se pueden ver en latitudes más bajas y con duración de una a dos horas. El Arcoiris, sin duda el más popular, es fruto de la concentración de la luz del sol en las gotas de lluvia que, también se da en las grandes cascadas de agua. El Arcoiris se forma cuando la luz solar entra en las gotas de agua y sale dispersa en todas direcciones y en un ángulo de 138º, formándose el arco luminoso que nosotros vemos.
Por consiguiente, cuando el fenómeno ocurre de forma natural en un día lluvioso, siempre se ve en la dirección opuesta al sol. El pintor del cuadro anterior ignoraba este dato y por lo tanto esta imagen del arcoiris con el sol al fondo es imposible, como imposible es también que la luz del sol se refleje en la cara opuesta de la montaña. Otra curiosidad es que contrariamente a lo que muchos creen el Arcoiris es circular, lo que ocurre es que los observadores no estamos a la altura suficiente para poder verlos completos.

RAFAEL FABREGAT
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