11 de abril de 2013

0979- LOS TEMPLARIOS DE UCERO.

Vista aérea de Ucero, Castillo y convento templario de San Juan.
Ucero es villa de la provincia de Soria, en la comunidad autónoma de Castilla-León (España). A 964 metros sobre el nivel del mar se alza este municipio singular, apenas habitado por un centenar de personas. En el año 1.879 contaba con 232 habitantes, según censo ordenado por el Conde de Floridablanca. Su demografía fue creciendo y alcanzó su punto culminante en el año 1.910, cuando se alcanzó la cifra de 84 hogares y 330 vecinos. Lógicamente, la localidad como tal no es gran cosa, pero cuenta con tres pilares fundamentales que le dan un valor inestimable: El Parque Natural del Cañón del río Lobos y tres monumentos de gran valor histórico, por haber sido levantados por la Orden de los Templarios y constituir por tanto reseña histórica del paso de estos monjes-soldados por las tierras españolas: el Castillo, el convento templario de San Juan y la ermita de San Bartolomé


De origen Kárstico, los escarpados farallones del Cañón del río Lobos encierran importantes bosques de sabinas y pino laricio, así como gran variedad de animales. Declarado Parque Natural en 1.985, sus más de 20 Km. de cañón protegen uno de los parajes más bellos de España. En su interior o en sus alrededores se cobijan también los valiosos tesoros artísticos y arqueológicos citados de la Ermita de San Bartolomé, Castillo Templario de Ucero, San Leonardo de Yagüe y el Burgo de Osma.


Castillo templario de Ucero.
En Ucero los restos de su Castillo, son punto de inicio para recorrer este singular paraje. Desde lo alto del promontorio rocoso y una vez escudriñados los interesantes vestigios de esta fortaleza templaria de lucha y oración,  el valle muestra la entrada al Cañón del río Lobos al norte, mientras hacia el sur la vista se dirige a tierras del Burgo de Osma. El Castillo de Ucero es una fortaleza medieval del siglo XII atribuida a la Orden del Temple, aunque los únicos datos concretos son el litigio llevado a cabo en 1.170 entre los monjes de la Orden del Temple con los de Calatrava. 


De todas formas no hay datos documentados anteriores a 1.212, cuando el rey Alfonso VIII señala a Juan González de Ucero como primer señor del Castillo por su inestimable ayuda en la Batalla de las Navas de Tolosa. Queda claro, eso sí, que el castillo ya estaba allí en esa fecha. Adquirido por el obispo de Burgo de Osma en 1.302 el Castillo ha pertenecido siempre a la Iglesia, para solaz de obispos aficionados a la pesca de la trucha y como prisión para sus clérigos díscolos. Añadir, como curiosidad, que el Castillo dispone de un pasaje subterráneo excavado en zig-zag por la ladera del cerro y que llega hasta el río Ucero. Su finalidad era tener acceso al agua en caso de asedio. Aunque en algunas partes está derrumbado, hay largas secciones practicables. Es pasaje en cuestión es un pasadizo de 1,15 m. de ancho por 2 m. de altura, excavado en el suelo y cubierto de losas de sillarejo. 


Ermita de San Bartolomé.
Cerramos esta breva reseña sobre las riquezas naturales y monumentales del Cañón del río Lobos con la bellísima Ermita de San Bartolomé. Una joya del románico tardío ubicada en el llamado Comunero de San Bartolomé, término municipal de Burgo de Osma. Fue construida en el primer cuarto del siglo XIII, ya con algún detalle del gótico emergente en esa fecha. No hay duda alguna sobre su vinculación a los caballeros de la Orden del Temple. En bula del papa Alejandro III del año 1.170 se hace referencia al convento templario de San Juan de Otero, perteneciente a la diócesis de Osma y que se estima tenía la misma localización, siendo por tanto cimientos de la actual edificación. 


Sin embargo no hay pruebas feacientes de tal eventualidad y por consiguiente existe también la hipótesis de que el mencionado Convento de San Juan sean las ruinas de la pequeña iglesia que subsisten en el otero donde se encuentra el Castillo de Ucero y que se edificara a la par que el castillo a mediados del siglo XII siendo éstas, por tanto, las ruinas del primitivo convento templario. En la foto, al fondo derecha del Castillo.


Monasterio de Santa María de la Vid.
Historia curiosa de la localidad vecina de San Leonardo de Yagüe es la antigua profesión de casi todos sus habitantes. Dedicados a la fabricación artesanal de carros, el 17 de Marzo de 1.570 se comprometieron por escrito con el abad del Monasterio de La Vid (Burgos) a suministrar al monasterio 24 vigas de pino para las obras de mejora de la gran capilla central, en correspondencia a la extracción maderera que ejercían los habitantes de la localidad en los montes pertenecientes al conde de Zúñiga-Avellaneda, mecenas éste de la abadía. Dicho monasterio está dedicado a Santa María de la Vid. La fundación es en 1.156 cuando el rey Alfonso VII dona al abad de los premostratenses una imagen de la Virgen María. Esta imagen,  de la época de los godos, la encontró el rey estando de caza en esos parajes al ver a unos ángeles que se elevaban sobre un punto en la espesura del bosque. Ordenó el monarca que se limpiara la zona y bajo una vid silvestre se encontró la citada imagen.


Catedral de Burgo de Osma.
Todavía más antigua es la historia de la cercana población de Burgo de Osma, cabecera de partido al que pertenece Ucero y que da nombre a la comarca y mancomunidad. La primitiva ciudad celtíbera de Uxama Argaela tuvo su asentamiento en el castro próximo a la actual ciudad de El Burgo y allí se mantuvo cuando fue anexionada a Roma en el año 99 a.C. Tras las invasiones bárbaras del año 409, los visigodos la llamaron Oxoma y la convirtieron en sede episcopal en el 597. Los posteriores conquistadores musulmanes la llamaron Waxsima y de su paso por estas tierras queda todavía en el cerro la atalaya árabe. Alternando el dominio de la comarca entre moros y cristianos, acabó finalmente en poder de estos últimos tras la Batalla de Catalañazor y muerte posterior de su caudillo Almanzor. En la década de 1.230 el prelado oxomense Juan Domínguez ordena la demolición de la catedral románica, por considerarla obsoleta en tamaño y calidad (?) e inicia su reconstrucción al novedoso estilo gótico que termina el obispo Bermúdez en 1.36l.


Otro prelado de Burgo de Osma, de aficiones constructivas, fue Pedro de Montoya que en 1.456, calculando que el castillo no era suficiente para la defensa de la ciudad, mandó construir la muralla que hoy puede todavía contemplarse y que daba doble cobijo a sus 600 vecinos.

RAFAEL FABREGAT


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