23 de enero de 2013

0906- EL TEMPLO DE DEBOT.

Templo de Debod, en Madrid.
No, no hay que viajar a Egipto para ver esta maravilla faraónica de 2.200 años de antigüedad, pues es en Madrid donde se encuentra y no por motivos de expolio, como tantos hay repartidos en los museos de medio mundo, sino por agradecimiento del gobierno egipcio a nuestro país. En 1.956 el gobierno de Egipto tuvo la idea de construir la nueva y gigantesca Presa de Assuán, llamada la "presa alta" puesto que ya en 1899-1902 se había construido una por los británicos que había resultado insuficiente para dominar las crecidas del Nilo. Dos veces se aumentó su altura pero, aún así, en 1.946 el gran río estuvo a punto de desbordarla y arrastrar la gran obra al mar, hecho que provocó el traslado de 90.000 personas. Se consideró con buen criterio que no era cuestión de hacer una tercera ampliación, sino de construir una segunda presa a unos 8 Km. aguas arriba. El proyecto era ambicioso puesto que, además de garantizar el control total del Nilo, permitiría la producción de electricidad a gran escala. 


Presa de Asuán.
Doce generadores de 175 megavatios cada uno producirían anualmente 10.000 GWh, la mitad del consumo eléctrico de todo el país. De acuerdo con el proyecto, la pared de la Presa de Asuán sería de 3.600 m. de larga y de una anchura de 980 m. en la base y 40 m. en la cúspide, a 111 m. de altura. Su capacidad de 43 millones de m3., con lo que el peligro de inundaciones o de sequía quedarían resueltos para siempre. En principio los Estados Unidos, Gran Bretaña y el Banco Mundial ofertaron un préstamo de 286 millones de dólares para financiar la construcción de la presa pero, al estar el mundo en plena "Guerra fría", cuando el presidente Nasser aceptó también la ayuda que le ofertaba la Unión Soviética los primeros retiraron su ayuda. La consecuencia política de esta decisión fue que el gobierno egipcio nacionalizó el Canal de Suez que, desde el siglo XIX, estaba bajo protección y control británicos. 


Instalaciones de producción eléctrica.
Rápidamente los ingleses idearon una forma de recuperarlo... Se trataba de que Israel llevara a cabo la invasión ficticia del canal y Gran Bretaña y Francia intervendrían en el papel de protectores, ganándose nuevamente su control. Sin embargo el presidente norteamericano Eisenhower no estuvo de acuerdo con llevar a cabo la arriesgada patraña y les ordenó evacuar el territorio. A consecuencia de esta decisión Francia se alejaría de ingleses y americanos y estrechó lazos con Alemania y resto de Europa. La gran presa de Asuán era la solución a los problemas del Nilo y a la falta de electricidad en muchos de los núcleos rurales de Egipto, pero las consecuencias ecológicas serían importantes y también incalculables las riquezas monumentales que quedarían sepultadas bajo las aguas de tan impresionante embalse. Sus detractores dicen que las turbinas jamás llegaron a producir electricidad y que las consecuencias ecológicas han sido gigantescas puesto que quedó destruido el ecosistema milenario al constituir una barrera infranqueable para animales y peces. Sin contar la gran cantidad de restos faraónicos que, por considerarse de importancia menor, no llegaron a salvarse. 


Templo de Abu Simbel.
La construcción de la Presa de Asuán evita las inundaciones anuales del Nilo, pero la milenaria colaboración entre los campesinos de sus riberas ha finalizado, motivo por el cual consideran la obra como de consecuencias nefastas para la sociedad egipcia. El Nilo actual ya no es el río milenario que ha llenado miles de páginas de libros históricos y geográficos, sino un canal de agua muerta, de agua estancada sujeta al riguroso control del gobierno. Sin contar que los ricos sedimentos ya no llegan a los campos de los agricultores, que se ven obligados a usar fertilizantes que debilitan la tierra.


Pero vayamos al meollo de esta entrada... La obra faraónica del presidente Gamal Abdel Naser comenzó en 1.960, pero prontamente se dieron cuenta de que un capítulo importante había quedado en el tintero. Decenas de monumentos faraónicos quedarían bajo las aguas, catorce de ellos de importancia y valor incalculables. ¿Qué hacer?. Ya en la construcción de la primera presa, el Templo de Debod había quedado durante meses bajo las aguas. Se perdieron sus policromías y gran parte de sus relieves pero el Servicio de Antigüedades y el ingeniero Al Barsanti dirigieron la recuperación de gran parte de sus piedras. Se perdió para siempre el vestíbulo, el tercer pilono y parte de la capilla sur pero, al menos, la mayor parte del monumento estaba a salvo. 


En 1968 la UNESCO denunció que la presa amenazaba innumerables monumentos de la zona. El presidente Naser convino con esta institución mundial la necesidad de salvar los monumentos que quedarían bajo las aguas del lago de no tomarse las medidas pertinentes y decidió recabar la ayuda internacional ofreciendo algunos monumentos a cambio de su colaboración en la salvación del patrimonio.   

El estudio conjunto decidió el traslado ineludible de catorce monumentos, que serían desmontados y montados nuevamente en lugar seguro y más próximo posible a su lugar original. España constituyó un comité de "salvamento de los tesoros de Nubia" que trabajó durante siete campañas e hizo también una generosa aportación económica al proyecto. 

A cambio de esta ayuda el gobierno egipcio regaló a otros tantos países cinco monumentos seleccionados a tal fin, siendo el Templo de Debod el que se le otorgó a nuestro país. El Templo de Debod fue construido por el faraón Ptolomeo IV Filopátor y decorado posteriormente por el rey nubio Adjalamani de Meroe, entre el 200 y el 180 a.C.  El templo está dedicado a Amón y a Isis. Su emplazamiento original estaba junto a la localidad que lleva su nombre (Debod) a las orillas del Nilo, próximo a la primera catarata y al sur de la isla de Filé donde estaba el santuario de la diosa Isis, del que el templo de Amón formaba parte. Con el cierre del santuario de Isis en Filé, el Templo de Debod fue abandonado. Finalmente, en el siglo VI d.C. el emperador romano Justiniano decretaría el cierre de todos los templos paganos. El de Filé, a la diosa Isis, fue ocupado por cristianos que lo consagraron a San Esteban.

Desmontado el Templo de Debod en 1.961, fue llevado a la isla Elefantina. Allí permanecieron sus bloques de piedra hasta el 6 de Junio de1.970 cuando, entregado el templo a España, fueron llevados en cajas hasta Alejandría para embarcarlas al buque Benisa que los transportaría hasta la ciudad de Valencia, donde llegaron el 18 de ese mes y año. Una flota de camiones los transportaría después hasta Madrid. El trabajo de arqueólogos y construtores no fue fácil, puesto que el Servicio de Antigüedades egipcio solo entregó un plano, un croquis del alzado del monumento y algunas fotografías. 


Mas de un centenar de bloques habían perdido su numeración. Finalmente se decidió realizar una anastilosis, lo cual permitió el levantamiento de la fachada hipóstila, perdida desde el siglo XIX, y el cerramiento del mammisi por su lado este. Con el fin de aislar del suelo el templo original, se construyó una base de piedra y sobre ésta se procedió a montar el templo en su totalidad, sustituyendo los bloques que faltaron con piedra de diferente color para destacar claramente los elementos nuevos de los antiguos. Como recuerdo del río que lo vio nacer, se instaló un estanque a lo largo de los pilonos de acceso al templo. 


La inauguración oficial de su reubicación en Madrid tuvo lugar el 18 de Julio de 1.972. Desde su apertura al público su conservación ha estado siempre rodeada de polémica. En primer lugar porque inicialmente el edificio fue usado para diferentes actividades lúdicas, pero también porque el vandalismo ha dejado profundas huellas denotándose la falta de vigilancia y cuidados que una obra de esta importancia requiere. Congresos de Egiptología celebrados en la capital de España han denunciado reiteradamente su degradación, con el desmentido sistemático de las autoridades tutelares y actuaciones de transgresión flagrante, como la de techar su azotea para albergar maquetas; la instalación de un ventanal de cristal sujeto a las piedras areniscas mediante silicona o cubrir el techo del primer piso con megalitos de papel maché. La declaración de Bien de Interés Cultural de 17 de Abril de 2.008 por parte de la Dirección General del Patrimonio Artístico de la Comunidad de Madrid, alienta esperanzas de que el monumento pueda conservarse para la posteridad pero, más de cuatro, nos preguntamos: ¿Era necesaria esta declaración de la Dirección General para que las autoridades madrileñas se dieran cuenta de la importancia de tan extraordinario monumento y de su nefasta gestión patrimonial?.

RAFAEL FABREGAT
El último Condill, español.

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