8 de enero de 2013

0893- LA MASACRE DEL REINO ZULÚ.

Shaka zulu, forjador del imperio zulú.
Aunque nos movamos en el siglo XXI de nuestra era, el antiguo pueblo Zulú sigue siendo una etnia importante de más de 10 millones de indivíduos. Descendientes de las tribus ngunis provienen de la región de los grandes lagos, desde donde emigraron hacia el sur africano allá por el siglo VII a.C. Se dice que una familia zulú, llamados los amazulú o "descendientes del cielo", escaparon de ciertas influencias negativas desde su lugar de origen y se establecieron en la zona kuazulú que, más o menos, ocupan actualmente. Los zulús se dividen en diferentes clanes gobernados por un jefe que, a su vez, responde ante la autoridad de su rey. Uno de los monarcas más emblemáticos de la historia del pueblo Zulú fue Shaka Zulu, apodado "el Napoleón Negro", por sus dotes de estratega y por su crueldad con el enemigo. Reinó 12 años (1816-1828) pero convirtió una tribu de 1.500 seguidores de su padre, en la nación más poderosa de África. A su muerte gobernaba un pueblo de casi medio millón de habitantes, defendido por un ejército de 100.000 soldados.


Cetswayo KaMpande
En la segunda mitad del siglo XIX las potencias europeas echaron el ojo al continente africano y salieron en busca de su conquista y reparto. Uno de los países más implacables y sanguinarios fueron los ingleses que, como balsa de aceite, se extendieron a lo largo y ancho del continente. En 1.879 ya eran muchos los pueblos masacrados sin piedad. Uno de los últimos reinos indígenas que mantenía su independencia era el pueblo zulú que, guiado por el rey Shaka, había progresado notablemente en las últimas décadas. En el momento de la llegada de los ingleses reinaba Cetshwayo KaMpande, que estaba en el poder desde 1.873 y que había revitalizado el poder de su ejército con la introducción de las armas de fuego. Sin embargo las armas adquiridas eran escasas y anticuadas, por lo que estaban en inferioridad de condiciones respecto al poder del ejército británico.


Provincia sudafricana de Kwazulunatal.
El territorio del antiguo reino Zulú está incluido  actualmente en Sudáfrica dentro de la provincia de Kwazulunatal. Sus antiguas fronteras también lindaban al sur y al oeste con el territorio sudafricano, su frontera natural al sur era el río Tugela, teniendo al este el océano Índico. Se estima que el reino Zulú tenía alrededor de 25.000 Km2. de superficie. Era una sociedad eminentemente guerrera, organizada en regimientos con una media de 1.500 hombres cada uno. El alto comisionado de Inglaterra en Sudáfrica Henry Bartle, buscando hacer méritos ante sus superiores, hacía tiempo que pretendía integrar a la colonia sudafricana el territorio zulú por lo que empezó una campaña de hostigamiento provocando la guerra con este pueblo. ¿Quienes eran los salvajes?.


Henri Bartle
Los zulúes, viendo la superioridad del enemigo, hacían caso omiso a sus provocaciones y Bartle hubo de recurrir a métodos más directos.
El comisionado inglés, de acuerdo con el general al mando de las fuerzas británicas en Sudáfrica Lord Chelmsford, exigió al rey zulú (Cetswayo) que desarmara a sus guerreros y disolviera el ejército, sabiendo que el monarca no cedería a sus pretensiones.
Por supuesto el rey zulú no aceptó desarmar a sus guerreros y los ambiciosos británicos aprovecharon su negativa para declarar la guerra a los zulúes, una guerra que era como matar moscas a cañonazos pero que, aún así, les costó a los británicos miles de vidas. 


Danza del pueblo zulú.
Informada la Corona británica de las pretensiones de su general, respondieron que conflictos con Afganistán le impedían mandarle refuerzos, sugiriéndole que se llegase a una solución pacífica y negociada con los zulúes. A pesar de saber que no tendrá ayuda, el general británico inicia las hostilidades. No teniendo en la colonia suficientes efectivos Chelsmsford procede al reclutamiento de blancos y negros sudafricanos. No hubo declaración de oficial de guerra. El 11 de Enero de 1.879 el ejército británico (17.000 hombres) cruzó la frontera natural del río Tugela invadiendo el territorio zulú en dirección a Ulundi, su capital. Esperando el ataque Cetswayo había reunido a 22.000 guerreros que, viéndose atacados, estaban dispuestos a dar su vida.


Carga zulú contra los invasores británicos.
El avance de los ingleses no fue un camino de rosas pues, aunque disponían de cañones y fusiles de última generación, el ejército zulú, con algunos viejos fusiles y básicamente equipados con escudos y lanzas lucharon hasta la muerte. El fuego británico destrozaba a los zulúes sin piedad pero finalmente, debido a un mal funcionamiento en el aprovisionamiento de cartuchos en el bando británico, los zulúes pudieron pudieron presentar cara al enemigo, lanzándose al ataque. Las disciplinadas formaciones británicas rompieron su cohesión y la batalla se convirtió en un cuerpo a cuerpo que los británicos no pudieron soportar, acabando la contienda con un triunfo zulú. Solo unos 400 soldados pudieron escapar con vida huyendo campo a través. Jamás los ejércitos ingleses habían sufrido una derrota de tal envergadura. Informado de la derrota Lord Chelmsford acudió a la mañana siguiente al lugar de la batalla. 


Batalla de Isanlwana.
Demasiado tarde. Los zulúes habían desaparecido llevándose a sus muertos, mientras la multitud de cadáveres ingleses estaban destripados como era costumbre de los guerreros zulúes. A pesar de haber perdido la batalla por falta de munición, cabe señalar que los británicos dispararon en esta batalla 70.000 cartuchos, por lo que las bajas entre los zulús también fueron importantes. De hecho, no muy lejos del lugar de los hechos, se encontró un depósito o fosa común con más de 1.000 zulúes muertos, amén de otros muchos heridos que murieron en los días siguientes. Se calcula que las bajas del ejército zulú fue de unos 2.000 hombres. Ese mismo día los británicos, con el coronel Pearson al mando de 4.500 soldados, luchó contra los zulúes en otro punto y con derrota de las tropas locales que se retiraron hacia el norte.  


Batalla de Ilundi y masacre de los zulúes.
No es objeto de esta entrada enumerar las mucha batallas habidas entre los diferentes ejércitos británicos y el pueblo zulú. Aunque los nativos ganaron la Batalla de Isanlwana y muchas otras, el rey Cetswayo sabía que en una guerra larga, su pueblo no tenía ninguna posibilidad. Hombres a pecho descubierto contra la caballería británica, armada con modernos fusiles, ametralladoras y cañones. Un verdadero suicidio. En solo 3 días y aún ganando las batallas, el rey zulú había perdido 4.000 hombres jóvenes que significaban una gran desgracia para su pueblo. Inició una serie de negociaciones que pusieran fin al conflicto pero Lord Chelmford rechazó las negociaciones y quedó a la espera de refuerzos que tardaron varios meses en llegar. 


Goldwill Zwelithini, actual rey zulú.
Finalmente los refuerzos británicos llegaron y batalla tras batalla se impusieron al pueblo zulú que solo contaba con su orgullo, la razón de defender su territorio y la valentía de sus guerreros. El rey zulú comprendió que toda esperanza se había perdido y solo cabía aguantar hasta el amargo final. A principios de Junio de 1.879 se libró la que sería batalla final, la de Ulundi. Los guerreros africanos sabían que si perdían la guerra contra los británicos su pueblo jamás volvería a ser lo que fue hasta entonces, como así sucedió. Los guerreros zulúes se defendieron con uñas y dientes hasta la última gota de su sangre, pero finalmente fueron derrotados y dispersados los supervivientes que nunca más se reagruparon. A principios del mes de Agosto el rey zulú Cetswayo fue capturado y la guerra acabó para siempre. La derrota no acabó con el pueblo zulú ni con su orgullo, que sabían haber defendido hasta la extenuación. Esta vez el pequeño David no pudo imponerse al gigante Goliat pero, como se ha dicho al comienzo, su valiente y orgullosa raza aún perdura. Sin embargo fue el eterno final de su estamento militar y de su ejército. Desgraciadamente, eso si que fue inevitable...

RAFAEL FABREGAT
(El último Condill, español)






No hay comentarios:

Publicar un comentario