13 de diciembre de 2011

0560- PARIS, LA CIUDAD DE LA LUZ.

Aunque se desconoce su emplazamiento exacto, parece ser que la ciudad de París fue creada por el pueblo galo de los parisios, hacia el año 250 a.C. De hecho el nombre deriva del latín "Civitas Parisiorum" (Ciudad de los Parisi) y existen indicios de que ese emplazamiento podría ser con toda probabilidad y por razones estratégicas lo que es hoy la ile de la Cité (Isla de la Ciudad) asentamiento protegido por ambos brazos del río Sena. Tras la conquista de la ciudad por los romanos en el año 52 a.C. éstos la llamaron Lutetia Parisii, reconstruyéndola en su totalidad a la orilla izquierda del río Sécuana (Sena).

Es en el siglo IV cuando el nombre de País prevalece sobre el de Lutetia, siendo Clodoveo I rey de los francos quién la convertiría en capital del reino, en el año 508 tras la derrota infringida a los romanos. La foto, en la Catedral de Saint Denys, es la escultura bautismal del rey Clodoveo en su conversión al cristianismo.
Destruida la ribera izquierda de la ciudad por los normandos (885) se protege la parte derecha del río, que se mantiene intacta, con la construcción de gruesas murallas. La solución se completaría posteriormente con el mandato de otros gobernantes que protegen completamente la ciudad.

Sin embargo los tiempos cambian y Luis XIV (1638-1715) considera innecesaria dicha protección, ordenando derribar parcialmente las murallas y abriendo los primeros grandes bulevares. En el siglo XVIII se inician los primeros movimientos de la llamada Revolución francesa que derivan en la toma de la Bastilla, la abolición de la monarquía y el golpe de estado de Napoleón Bonaparte diez años después. Para bien o para mal, Napoleón ordenó demoler gran parte de la ciudad medieval al objeto de convertir a París en la ciudad más moderna de mundo en su época.

En 1.889 y conmemorando el centenario de la Revolución francesa, tuvo lugar la Exposición Universal que dio lugar a la construcción de la Torre Eiffel que, aunque estaba previsto desmontarla al finalizar la exposición, allí sigue ya convertida en el emblema de París y de Francia. En el año 1.900 otra exposición promovió la construcción de otros monumentos notables como el Grand Palais, el Puente de Alejandro III, la Estación hoy Museo Orsay, etc. Sin embargo la oscuridad llegaría en 1.940 con la invasión alemana. El ejército nazi (tropas del Wehrmacht) ocuparon París. Liberada por los aliados cuatro años después, las parisinas sospechosas de colaborar con los alemanes fueron humilladas y rasuradas sus cabezas para escarnio de sus compatriotas.

En su calidad de capital del país, la ciudad congrega al gobierno central, con su presidencia en el Palacio del Elíseo, la administración de la república y las principales embajadas extranjeras.
París es también la capital de la Región parisina o Isla de Francia, que consta de ocho departamentos por lo que es al mismo tiempo un Departamento y una Comuna. París está situada al norte del país, a ambas orillas del río Sena y en una zona relativamente plana, ocupando un área que supera los 105 Km2. Aunque la ciudad en sí solo tiene 2,5 millones de habitantes, su metrópolis es de aproximadamente 14 millones, cifra que la convierte en la tercera ciudad más grande de Europa. Ya en el año 59 a.C. París contaba con 25.000 habitantes, alcanzándose los 80.000 en el año 150 de nuestra Era. La demografía más baja que se conoce fue de 20.000 habitantes, que había hacia el año 1.000 tras las invasiones vikingas.

Sus monumentos ilustres y puntos de interés se cuentan por centenares, encabezados por la Catedral de Notre-Dame, el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos, Montmartre... Solo sus emblemáticos museos sobrepasan la cuarentena, entre los que destaca el Louvre, pero seguidos por otros muchos que no desmerecen en absoluto en su interés. También son muchos y muy interesantes los parques y jardines ubicados en la Ciudad de la luz, siendo uno de los más famosos el Bosque de Boulogne y el de Vincenne.

Por su calidad de vida y riqueza monumental, París es considerada por muchos la capital mundial por excelencia y con seguridad uno de los principales destinos turísticos. La renta de su área metropolitana es la quinta más elevada del mundo, detrás de Tokio, Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Supone el 30% PIB del país, cuando su población solo alcanza el 20%. El presupuesto del Ayuntamiento se aproxima a los 8.000 millones de euros anuales, que se gastan mayoritariamente en los 50.000 empleados que dependen del mismo, así como de los intereses de la deuda que arrastra (cerca de 30.000 millones de euros) y cuyos gastos suponen un 15% del presupuesto.

El patrimonio arquitectónico solo tiene parangón con el de Roma y prueba de ello son las decenas de millones de turistas que visitan París anualmente. La capital francesa es algo más que un especial conglomerado de monumentos, arte e historia. El ambiente parisino enamora al visitante que, sea cual sea su poder adquisitivo, siempre encuentra un idílico lugar donde justificar sobradamente su visita. París es centro mundial de la moda, de la alta joyería, de los mágicos perfumes y del negocio a todos los niveles. La cantidad de parques es tan inmensa y variada que, aún teniendo un clima de transición, el verde es constante a lo largo del año. Entre su rica arquitectura, 20.000 hectáreas de naturaleza brindan a sus habitantes y al curioso visitante el placer del verde permanente, de la frondosidad perpétua.

Al acabar la jornada París muestra su cara más amable. Se encienden las luces de neón de sus cafés, de sus teatros y de sus cabarets. Siempre cabe también la posibilidad de una cena-crucero por el Sena que nos muestre esa ciudad diferente y carismática que es el París nocturno.

La noche abre un nuevo abanico de posibilidades, atrevidas, diferentes. Comienza un nuevo espectáculo, una nueva forma de descubrir los entresijos de la Ciudad de la Luz. Se abre el telón del Lido, el Moulin Rouge, el Folies Bergére, y es entonces cuando comienza la aventura parisina...

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