1 de diciembre de 2009

0021- LOS INICIOS DEL MOTOR

Corrillos de jóvenes y adultos, comentaban las novedades del pueblo en la "Plaça de la Font" después del trabajo, como era costumbre en "los 60". Naturalmente las conversaciones eran diferentes según la edad. Los más jóvenes hablaban de chicas, o de motos que era entonces la novedad.
- En el Taller de Adolfito traerán una "Montesa Impala de 125" -decía uno.
- Pues en el de Vicent el Llebro una "Bultaco Tralla de 150" -respondía otro.
- Pues mi padre tiene una "Guzzi" que va como un rayo -decía yo.
Carcajada general de los presentes ante tamaño trasto de 65 cc, con cambio de marchas en el depósito y una velocidad máxima de 50 Km./h.
Aunque el 90% no tenía ni siquiera bicicleta, el motor era todo un acontecimiento para la época. La gente se arremolinaba en las inmediaciones de los diferentes Talleres esperando ver la "joya" que había llegado unos días o unas horas antes. Hoy puedes comprarte un coche "Mercedes" y nadie te lo mirará, pero en los cincuenta y en los sesenta...

Mientras tanto en la tertuluia de los mayores el tema, siempre girando alrededor de la agricultura, era más serio.
- El Roig paga los guisantes a 3 ptas./kilo. -comentaba uno.
- Pero ¡qué dices! -respondía otro. Le acabo de llevar dos sacos a Gafes y me ha dicho que a 2,75 y porque eran de primera calidad.
- Ya te han tomado el pelo. -decía un tercero.
- Cada uno paga lo que le da la gana, eso no puede ser. -se lamentaba otro.
Otros días era otra cosa, pero los corrillos no faltaban al mismo tiempo que "la petaca" pasaba de mano en mano. Dinero había poco pero los hombres, aunque estaba terminantemente prohibido por las autoridades competentes, sembraban dos docenas de plantas de tabaco en fincas apartadas del camino principal y pasaban el año liando su propio tabaco "churro" de olor insoportable. La cuestión era fumar, sin gastar o gastando solamente lo que valía el librito de papel. Y la tertulia seguía...
- Ayer vendí las almendras "als Juliets" a 15 pts./kg. -comenta uno.
- Si son buenas "Sanantoni" las paga a 17 Ptas/kg. -dice otro para fastidiar.
- Tendríamos que hacer una cooperativa -dice el listo de la tertulia.
Y, así todos los días.

La jornada, al ser para todo el mundo agrícola finalizaba con el sol, pero a pesar de que el dinero estaba todavía escaso las cosas iban mejorando. Incluso los más pobres tenían dos o tres viñas, algunas hanegadas de almendros y olivos, a la vez que sembraban algún campo de trigo o guisantes. El trigo se segaba manualmente, atándolo en garbas de unos 20/25 kg. que se llevaban posteriormente a un campo yermo que tenían los hermanos "Vicentico y Paco els de Pura" junto a la carretera de Zaragoza, al lado mismo del campo de fútbol. Cada recolector tenía su propia pila de garbas que "trillaba" siguiendo el turno de entrada de material.
Una máquina trilladora, movida con la polea de un tractor, se instalaba en el centro de dicho campo, con tres o cuatro empleados que se encargaban de "alimentar" a la máquina y de recoger los diferentes productos que ésta seleccionaba: trigo, paja y "pallús" (cascarillas y paja pequeña). El propietario recogía el trigo en sacos de su propiedad, la paja en "pacas" de unos 40/50 kg. que hacía la propia máquina y el "pallús" a granel, colocando unas lonas en el carro y convirtiendo a éste en una caja hermética, al menos en lados y fondo.

Como se ha dicho anteriormente, la mayor parte de los jóvenes tenían por costumbre arreglarse un poco y salir a dar una vuelta por la Plaza al finalizar la jornada. Tal como se hace hoy, en esas salidas se contactaba con los amigos, te ponías al corriente de las novedades e intentabas ver a la chica que hacía aumentar los latidos de tu corazón. Si además podías hablar un ratito con ella, mejor todavía.
La cita era siempre en la "Plaça de la Font" puesto que las chicas, también con interés de ver a los chicos, solían brindar a sus madres la posibilidad de llevar un par de cántaros de agua a la casa, cosa que las madres agradecían notablemente, al no haber agua corriente. El punto más habitual para citarse los chicos era el "Raconet del Frare" aunque cualquier otro punto de la plaza era igualmente válido.
A tal efecto, los dos talleres de la localidad (El Llebro y Adolfito) estaban situados, más o menos en ella y al atardecer era lugar de cita para los jóvenes y algún curioso de más edad, interesado en las novedades que las motos representaban.

Tener moto, en aquellos tiempos, no era cualquier cosa. Y si, además, era una Montesa o una Bultaco ya era un superlujo, solo al alcance de los más pudientes o de los más caprichosos que, no teniendo dinero suficiente, se veían obligados a cortar decenas de carros de maleza para poder reunir el dinero suficiente. La gente mayor tenía una Movilette, una Guzzi o una DKW pero esa línea gustaba poco a los jóvenes.
Las cosechas, siempre escasas por la falta de abonos, eran necesarias para mantener la economía familiar por lo que, este tipo de caprichos solo eran posibles realizando trabajos fuera del hogar que, en esas fechas, solo era posible traducir en el indicado trabajo de cortar maleza, con la que alimentar los hornos de cerámica que en aquellos tiempos funcionaban con este combustible. La mayor parte de tocadiscos (pick-ups) y de motos, se compraron a través de ese duro trabajo.

Pero el esfuerzo quedaba prontamente compensado...
La espléndida motocicleta bajaba del furgón y la juventud rodeaba la máquina y al afortunado comprador, preguntando especialmente la velocidad que alcanzaba.
- 90 kilómetros por hora -decía Adolfito orgulloso de la Montesa Impala.
- Calla, calla, ¡no digas barbaridades! -le increpaba alguno de los presentes.
- ¿Barbaridades?... ¡Y la Sport llega a los 100! -sentenciaba Adolfito.
- No puede ser. ¡A esa velocidad la carretera parecería una cinta y te saldrías a las curvas! -respondía el "enterao" de siempre.

Uno de los presentes, con ganas de meter cizaña, anunciaba que, en breve, "el Llebro" traería una "Tralla" (Bultaco) que alcanzaba los 120 Km. por hora.
Adolfito luchaba por sus intereses respondiendo...
- Sí, sí... pero el motor de la Montesa gasta menos gasolina y es más resistente.
- ¡Donde vas a parar! -le apoyaba algún amigo, o cliente que ya tenía una. Los jóvenes estábamos extasiados contemplando las motos y pendientes de la conversación de los mayores.

Pero, a pesar de ello, nuestro interés se desvanecía cuando pasaba una pandilla de chicas y parte de los allí reunidos nos marchábamos con ellas intentando, por una parte ligar y por otra apartar un sueño, económicamente imposible. ¡Nada menos que 22.500 Ptas, valía una moto de esa cilindrada! (135 euros) ¿Quién los tenía?
Lo mejor de todo esto es que "el personal" pasaba un par de horas agradables tras el trabajo diario y todo ello sin gastar una sola peseta que, por otra parte, no teníamos.

La "tía Nieves" (Bar de Xulla) echaba dos trocitos más de sepia sobre la plancha (los anteriores ya se habían quemado) con el fin de que sus efluvios siguieran dispersándose por la plaza, invitando al transeúnte a que entrara en su local, pero el dinero seguía escaso y ¡en día laboral...! Nuevamente los trocitos de sepia se quemaban, sin que nadie los demandase.
Toni la perra, situado justo enfrente del taller de Adolfito, llamaba la atención de los viandantes de una forma menos sabrosa pero igualmente efectiva. Instalado en su Bar un excelente tocadiscos que se había comprado en la tienda "JOVINO" de Castellón y con el volumen más alto que bajo, El Titi, Lola Flores, Juanito Valderrama, Antonio Amaya y muchos otros cantantes punteros del momento desgranaban sus melodías incitando a entrar y a tomar una cerveza en local tan pintoresco.
También el Bar de Roc tuvo que espabilarse y, asociándose con Laureano "el Cinero", instaló unos futbolines para llamar la atención de la juventud, que le entregaba su escaso dinero a cambio de unas partidas.
Cada uno, a su manera, iba capeando el "temporal" de la escasez.
Lo importante es que entonces éramos jóvenes.
Juventud, divino tesoro.

EL ÚLTIMO CONDILL



No hay comentarios:

Publicar un comentario