7 de noviembre de 2025

3266- EN EGIPTO DAN GATO POR LIEBRE.

A la izquierda la momia del gato y a la derecha el resultado digital.
Los pillos no son algo actual. Timos los ha habido siempre, desde el comienzo de los tiempos. ¡Y si cuela, cuela!. Un equipo de investifadores ha llevado a cabo la tomodensitometría de una momia de gato egipcia, muy popular en los primeros tiempos de la arqueología de tumbas egipcias, y se ha encontrado en su interior los restos de tres animales distintos y un ovillo de hilo en lugar de la cabeza. ¿Sorprendente? ¡Pues claro!. La momia del citado gato, que no lo era, estaba expuesta en el Museo de Bellas Artes de Rennes, un museo francés de prestigio internacional que alberga, entre miles de cosas, la valiosísima colección particular egipcia del Marqués de Robian, lograda a lo largo del siglo XVIII por este famoso historiador y coleccionista.

Museo de Bellas Artes de Rennes.
Esta momia, que se suponía gatuna, forma parte de una extensa colección egiptológica que posee el museo y cuyo origen ha de buscarse en el apartado de curiosidades del siglo XVIII. La supuesta momia  formaba parte del Museo del Louvre que la cedió al de Rennes en 1923 al objeto de facilitar a los vistantes de este nuevo museo una imagen didáctica de la civilización faraónica. "Pues nada, muchas gracias por su colaboración". Ni que decir tiene que el susodicho gato ha sido pieza fundamental del Museo de Rennes en todos estos años y más que lo seguirá siendo si quieren reconocer, que sí quieren, la burla de la que fueron objeto, ambos museos a lo largo de más de dos siglos.


El hallazgo siembra dudas sobre multitud de momias de animales, que se suponen de las dinastías egipcias y que, en este caso, nos muestra el famoso timo de "dar gato por liebre". Es conocida desde siempre la afición de Egipto por los gatos, como animales de compañía y el hecho de encontrarlos momificados junto a sus dueños, se han dado por auténticos hasta ahora. Seguramente así será en la mayor parte de los casos, pero en la actualidad hay adelantos técnicos para analizarlos, sin distorsionar la momificación de la que fueron objeto. Ya que se trata de una tomodensitometría no invasiva de radiación ionizante, serán muchos los que querrán saber si lo que tienen en sus vitrinas son animales auténticos o sobras de antiguo carnicero faraónico.

Supuesta momia de gato, encontrado en una tumba egipcia.
Y hete ahí la sorpresa de los investigadores al encontrar que en lugar de un gato tenían a tres animales distintos y sin cabeza... La sorpresa, como no puede ser de otra forma, fué mayúscula, aunque la sorpresa mayor fue encontrarse con que, en lugar del cráneo del gato, tenían un ovillo de lino. (!) ¿Qué hacer?. Pues bién la dirección del Museo de Rennes, en lugar de retirar el objeto al lugar más profundo de sus sótanos, optó por mostrar a todos los visitantes las imágenes que permiten visualizar el interior de la momia, a fin de comprender cómo los métodos actuales permiten identificar un plagio, en lugar del animal representado. Al supuesto gato se le denomina "Basted" por ser el nombre de la Diosa gata egipcia.

Rafael F. Condill

6 de noviembre de 2025

3265- ATENCIÓN A PELUQUEROS Y MODISTAS.

 
A principios del siglo XX el pelo corto se impuso como bandera de las mujeres que querían emnaciparse. Ya que siguen saliendo cada dos por tres en manifestaciones de todo tipo, parecen indicar que todavía no están suficientemente emancipadas. ¿Por qué no seguir otra vez el camino del cambio de peinado a lo chico o a la garçonne?. A los hombres nos da lo mismo, pues de todas las maneras nos gustan. Esta moda de los nuevos peinados, importada de Francia, no llegó sola ya que también afectó a la vestimenta y a la actitud de las mujeres. La faldas subieron hasta alturas inimaginables y los corsés desaparecieron, dando paso a los sujetadores. 
¡Qué comodidad! -dijeron las mujeres, y que tanto agradecimos los varones.


Comenzaba "la belle époque". En españa corrían tiempos de restauración, pero no solo en el plano político, sino en el de las libertades para la mujer. Las modas cruzaron fronteras y aquí se podía ser y vestir como en París o Londres. La I Guerra Mundial fué el detonante principal de este profundo cambio. Las largas faldas perdieron su vuelo y las mangas su abullonado. Se impuso la naturalidad, que era sinónimo de comodidad y frescura. Acabó la era Victoriana y nacieron las caídas rectas y suaves. Nació también el traje sastre, chaqueta y falda que fué acortándose con el paso de los años. Debajo una camisa, más o menos escotada y todo ello dando un aspecto más varoníl y mayor facilidad de movimientos. También los sombreros pasaron de grandes a pequeños y cómodos.


En la foto anterior tenemos a Coco Chanel, la reina de la moda tras la Gran Guerra y la de mayor influencia en el vestir del siglo XX. Todo cambió y lo hizo para el mayor bienestar de las mujeres. Lo más llamativo quizás fuera el nuevo corte de pelo ya que hasta entonces las mujeres lo llevaban largo hasta el final de sus días. La propia Biblia nos decía que "lo más honroso para la mujer es dejarse crecer el cabello". ¡Cosas de San pablo, que no tenía nada mejor que hacer!. Habían de pasar casi 2.000 años para que semejante sandez dejase de tener validez. Hasta entonces llevarlo corto era señal de pobreza, puesto que las mujeres se lo cortaban para venderlo. En las últimas dos décadas del siglo XIX todavía se criticaba en la mujer el pelo corto.


Un diario estadounidense censuraba la nueva moda de pelo corto diciendo que "es increible el ver que tantas mujeres están dispuestas a sacrificar su tesoro de brillantes melenas por esta moda pasajera". Pues amigo, a la vista está que de pasajera nada de nada, pues estamos en pleno siglo XXI y seguimos viendo mujeres que con su pelo corto no hacen otra cosa que parecer más juveniles y guapas. Tanto a la hora de trabajar, como a la de salir de fiesta, la mujer gana en imagen con un corte de pelo más bien corto, o recogido. Gana en imagen, en comodidad y en higiene. Famosos peluqueros parisienses apostaron por el pelo corto o la media melena y a partir de entonces hasta las niñas se lo cortan tras la Primera Comunión. El pelo corto no es una moda, sino un estilo de vida.

5 de noviembre de 2025

3264- TENER HIJOS EN EL EGIPTO ANTIGUO.


Casadas desde la primera menstruación, el papel de la mujer egipcia era el de generar descendencia que, aún con 8 o 10 hijos vivos resultaba insuficiente. Tal era la necesidad de hombres para las guerras contínuas y los obligados trabajos para la nobleza. No había misión más importante para ellas. Con este destino ineludible, se hacía necesario recurrir a las divinidades para suplicar un buen embarazo y mejor parto. Enseñadas desde pequeñas, asumían el destino de esposa y madre, a imagen de la diosa Isis. A tal fin invocaban el favor de Hathor, Mut, Tueris e incluso al divinizado Imhotep. Todo era poco para encadenar un embarazo tras otro, como único fin en la vida. Como única predicción disponible, se preparaba un bebedizo de leche suya con la yerba bebedu-ka que ingerida o por vía vaginal se le daba a la futura madre. Si vomitaba era señal de parto sin complicaciones; si tenía ventosidades habría problemas.


Otros remedios para vaticinar el embarazo y parto posterior, era ponerle a la embarazada un ajo en la vagina por la noche y observar si a la mañana siguiente tenía mal aliento. Más complicado era conseguir excrementos de hipopótamo, ponérselos en la vagina y esperar que los expulsara a través de la orina. En ambos casos, si la prueba resultaba positiva, quería decir que el ambarazo se llevaría a cabo sin complicación alguna. (¡Ay Señor...!) A falta de hospitales, el parto tenía lugar en la casa. En terraza o jardín, si era gente principal. Mientras otras mujeres invocaban a los dioses, con rezos y fórmulas para ahuyentar las fuerzas hostiles, la parturienta se acuclillaba sobre cuatro ladrillos de adobe, para facilitar el trabajo de la comadrona.


Los egipcios pensaban que durante el año habían días propicios y días nefastos para traer hijos al mundo. Si el día era nefasto se creía que seguramente tendría una muerte en circunstancia terribles, como ser embestido por un toro o un cocodrilo. Los hijos que nacían en esos días malditos se protegían toda la vida de esa maldición mediante amuletos y plegarias a fin de conjurar el vaticinio. Al igual que ahora, tras el parto se cortaba el cordón umbilical, pero no con un cuchillo cualquiera, sino con un cuchillo mágico de sílex que tras finalizar la operación se enterraba. Cuenta el papiro Westcar que después se lavaba al recien nacido sobre los mismos ladrillos donde le había parido su madre, pero cubiertos de una estera.


El papiro Ebers nos cuenta que debía extraerse la placenta. Para hacerlo debían espolvorearse los ladrillos cubiertos con la estera, con serrín de pino. Se guardaba un trozo de la placenta porque, para asegurar la protección y longevidad del bebé. Durante tres días había que darle a beber un trozo de la placenta, triturada y mezclada con leche materna. "Si vomita morirá, si traga vivirá". El resto de la placenta se enterraba bajo el suelo de la casa para asegurar futuros nacimientos. Tras el parto, a la madre se le daba durante catorce días "el pan del nacimiento", elaborado con miel y otros nutrientes, a fin de que se recuperara y para evitar embarazos demasiado seguidos, amamantaba al niño durante tres años. Para la protección del niño se le daba un nombre, para que los dioses lo pudieran identificar.

4 de noviembre de 2025

3263- ROBAR CADÁVERES UN GRAN NEGOCIO.


Si estudias cualquier carrera relacionada con la medicina, puedes encontrarte con un cadáver sacado de su tumba. Al menos, así sucedía en el pasado. ¿Por qué no ahora?. En el campo de la medicina, la disección de cuerpos humanos es algo imprescindible a la hora de entender cualquier tema relacionado con el funcionamiento de cualquier órgano de nuestro cuerpo. Así pués cualquier día, más pronto que tarde, el profesor os tendrá preparada a la entrada del aula de anatomía uno de esos fiambres que, robados o cedidos por sus familiares, constituyen la base de vuestro estudio. La cosa se complica cuando el profesor, armado de un bisturí, abrirá el citado cuerpo por el lugar correspondiente a la lección que corresponda. Si alguno de desmaya, no pasa nada. Los profesores ya están acostumbrados a que eso ocurra. Lo que no es normal es que haya un perro para comer las sobras...


Antiguamente estas cosas no sucedían porque los médicos sabían muy poco de medicina, pero a partir del siglo XVIII y especialmente en el XIX, la disección de cuerpos se hizo imprescindible en medicina, como única manera de entender el funcionamiento del cuerpo humano. Más aún para los cirujanos que necesitaban practicar en cadáveres la forma de realizar su trabajo con la precisión necesaria, antes de hacerlo con personas vivas. A partir de ese momento los cadáveres se convirtieron en un producto valioso, ya que su acceso no era en absoluto fácil. Generalmente los familiares del difunto son reacios a que se practique, incluso una obligada autopsia y menos aún que el cadáver de ese amado familiar sirva para "trocearlo" aunque sea para beneficio de la ciencia médica.


En esa primera época, solo los ejecutados en el patíbulo podían ser diseccionados en las salas de anatomía, incluso en contra de la voluntad de sus familiares ya que era una especie de escarnio que se le infligía al criminal, pero el número de cadáveres logrados por dicho procedimiento distaba mucho de ser suficiente y así fue como surgió el negocio de los 
resurreccionistas. Al igual que Pilatos, los profesores se lavaban las manos por la falta de cadáveres y eran los propios estudiantes los encargados de buscar los cadáveres. Se impuso una cierta vigilancia por su parte para lograr cadáveres relativamente "frescos", o sea, recién enterrados, pero se corría el peligro de que les descubrieran, por las represalias de los familiares y pérdida de su reputación entre vecinos.


Se impuso la solución de encontrar quien se encargara de facilitar los cadáveres de forma discreta y mediante la oportuna retribución, ya que la demanda de cuerpos no paró de aumentar. La forma de operar se reguló rápidamente. La temporada para ello, se estableció de Octubre a Mayo a fin de evitar el calor que aceleraba la descomposición. Al empezar la temporada el "facilitador" visitaba a sus clientes (universidades) para negociar el número de cuerpos que necesitaban para todo el curso. Era un gran negocio ya que en Inglaterra el precio de un adulto era de 4 Libras cuando el salario mensual no alcanzaba las 3 Libras. En la fecha acordada uno de la banda vigilaba el cementerio y marcaba los entierros más recientes. Por la noche desenterraban el cadáver, lo desnudaban y hacían la entrega.


Previamente le sacaban los dientes que se vendían por separado. Como se ha dicho anteriormente, con un solo cadáver sacaban más dinero del que ganaban en un mes de duro trabajo. El riesgo era escaso ya que el nicho o la fosa se arreglaba para que no se notara la extracción del muerto. La Justicia nunca vió a estos ladrones de cadáveres como una amenaza hasta mediados del siglo XIX cuando un escándalo obligo al Parlamento a tomar cartas en el asunto. Ante lo desagradable del trabajo de desenterrar muertos, un par de forajidos decidió asesinar vagabundos o gentes marginales y vender unos cuerpos que nadie notaría a faltar. Más frescos imposible. Los llevaban a su casa ofreciéndole comida y cobijo y allí los asfixiaban y vendían sus cadáveres.


En diez meses asesinaron a 16 personas, hasta que una inquilina de la finca descubrió su última fechoría y avisó a la policía. Hubieran podido negarlo pero uno de ellos confesó a cambio de inmunidad, mientras el otro fue ejecutado por la justicia. El caso causó conmoción pero también generó imitadores. Otros proveedores de fallecidos empezaron a asesinar gente para venderla. Para acabar con estas prácticas el Parlamento puso en marcha la Ley de Anatomía de 1832. Esta ley permitió a las escuelas de medicina que obtuvieran los cuerpos de la morgues y hospitales benéficos, siempre que no fueran reclamados por sus familiares en un plazo de 48 horas, desde su fallecimiento. De esta forma el negocio de la venta de cadáveres terminó, pues ya no tenía razón de ser.

3 de noviembre de 2025

3262- JAPÓN ESTÁ EN ESPAÑA, O CASI.

Date Masamune, Señor de la isla Kyushu. (1567-1636)
Es bastante frecuente oir a unos y otros expresando sus ansias de ir a Japón. ¿Será posible?.¿Que piensan encontrar allí, que no esté en españa?. Y más teniendo en cuenta que una buena parte de Japón se encuentra aquí, a tiro de piedra. ¿Que no?. Leed lo que sigue y lo comprobaréis...
A partir de 1.540 monjes franciscanos establecieron misiones en Japón y para sufragar sus gastos se dedicaron también al tráfico comercial con los señores feudales de la isla de Kyushu, al suroeste del país. A principios del siglo XVII, uno de estos señores, Date Masamune, mostró interés en llevar a cabo esta actividad con los españoles y ofreció a los monjes sufragar los gastos del siguiente viaje a fin de pedirle permiso a Felipe III para establecer relaciones comerciales con España y en su nombre mandó al samurai Hasekura Tsunenaga.


En octubre de 1.613 partió de Japón un grupo de franciscanos con Fray Luís Sotelo al frente y una delegación de 140 japoneses con Hasekura al mando, todos a bordo de la nave San Juan Bautista. El viaje se dirigió hacia el Este, haciendo escala en Acapulco. Dirigiéndose hacía la ciudad de México se enteraron que el gobierno japonés había lanzado una feroz persecución contra los monjes y el cristianismo en general. Para demostrar su buena fé, los japoneses embarcados se convirtieron al cristianismo, pero la misión del viaje estaba fracasada. De todas formas, Fray Luís Sotelo insistió en que la expedición japonesa continuara con 30 de ellos y Hasekura al mando de sus hombres. Cruzado el Atlántico los viajeros llegaron a Sevilla y la embajada japonesa marchó hacia Madrid en varios coches de caballos, acompañándoles Fray Luís.


El viaje a Madrid resultó infructuoso puesto que allí ya tenían noticia de lo sucedido en Japón y el Consejo de Indias recomendó al rey no aceptar relación alguna con los recién llegados. Siemre acompañados de Fray Luís siguieron viaje hasta Roma para pedir el amparo del Papa pero éste tampoco les dió mejor atención. A su regreso a España el rey ordenó que se dirigiesen a Sevilla y desde allí embarcasen hasta Japón pero el monje fingiéndose enfermo pasó más de un año sin que embarcasen. Finalmente en 1.617 embarcaron hacia Japón y arribaron a Filipinas, donde continuaron viaje sin el monje, que llegaría meses más tarde con un barco chino. La represión contra los cristianos continuaba y Fray Luís fue detenido y quemado vivo en 1.624. El resto de españoles que habitaban Japón fueron expulsados.


Este episodio no había caído en el olvido y a finales del siglo XIX, abiertas nuevamente las fronteras, un grupo de japoneses se interesaron por conocer el periplo de sus antecesores, pues resultó que seguían en España. No todos volvieron a Japón en 1.617. Un grupo de japoneses se escondieron en el pueblo de Coria del Río, muy cerca de Sevilla, ante el temor de que si regresaban fueran castigados por su fracaso. Todos ellos, como un solo hombre, se inscribieron en el registro civil y la iglesia de Santa María de la Estrella como cristianos, por su nombre de pila y con un apellido apellido común: "Japón". Después de más de tres siglos, en el registro bautismal de esta iglesia andaluza se cuentan más de 650 personas apellidadas así y aunque ya muy cruzados con los autóctonos, sus rasgos japoneses todavía siguen reflejándose en sus caras.

2 de noviembre de 2025

3261- LAS FARMACIAS DEL PASADO.


Ir ahora a la farmacia es fácil y práctico. Muestras la tarjeta sanitaria y ya está, pero en el medievo las cosas no eran tan fáciles. ¡Y eso que los "boticarios" eran tan sabios o más que los médicos de entonces...! Pero, claro, la industria farmacéutica, como ahora los herbolarios, se limitaba a facilitar plantas o ungüentos para aliviar los problemas cotidianos, pero poco más. Naturalmente quienes tenían un problema acudían mayormente al "boticario" que era el que les proveía de "remedios" para todo, que en la mayor parte de los casos poco o nada les solucionaba. Los más expertos solían ser los monjes de cualquier congregación, con antiguos libros y extensos huertos donde cultivaban multitud de plantas medicinales. Los médicos todo lo solucionaban sacando sangre con sanguijuelas.


Alivios los había para todos los gustos y problemas, pero curar, curar... En fin, cansada como estaba toda la gente de trabajos duros y a destajo, el principal remedio era el descanso, de la misma manera que, estando todos más hambrientos que hartos, otro de los remedios infalibles era un buen caldo, a poder ser de gallina vieja. En resumidas cuentas: la base fundamental de las curaciones eran descanso y buen alimento, por ser de lo que carecían todos en general. Nada que ver con los medicamentos actuales que alivian y curan, todo lo curable aunque, lamentablemente, todavía hay muchas cosas que no tienen solución. Como se ha dicho anteriormente, se trataba de pócimas, ungüentos, vahos, empastos y toda clase de inventos hechos casi siempre con hierbas y sus derivados. 


También el polvo de piedras de diferentes tipos, raices, flores y un larguísimo etcétera que incluía cualquier tipo de vegetal, mineral y hasta sustancias animales o humanas. En muchas ocasiones estos preparados no estaban normalmente hechos, sino que se hacían según el problema presentado por el enfermo. Eficaz o no, todo mal tenía en la botica su remedio o alivio correspondiente. Las boticas tuvieron su origen en abadías, conventos y monasterios puesto que allí se acogía a gente pobre, muchas veces enferma y en esas instituciones no faltaban antiguos manuscritos de farmacopea y también gran variedad de plantas medicinales que cultivaban en sus propios huertos. Así nacieron las primeras farmacias de antaño.


En 1.221 los dominicos de un convento situado junto a la basílica de Santa María Novella de Florencia construyeron en su interior una botica de remedios medicinales que, reconvertída en el siglo XVII, es la herboristeía más antigua del mundo. El auge de estos lugares impulsó la creación de boticas urbanas en todas las grandes ciudades. El rey de Sicilia, Federico II, en 1.231 estableció que los médicos no podían preparar medicamentos, sino solamente recetarlos; de la misma manera que los farmacéuticos tampoco podían recetar remedios, sino solamente prepararlos. En 1.281 se denunciaba a cualquier boticario que visitara a un enfermo y mucho más si dispensaba algún medicamento sin receta médica. A partir de ese momento, para evitar fraudes, un maestre médico visitaba dos veces al año cada botica.


A pesar de la vigilancia, los fraudes seguían existiendo ya que hubo denuncias al respecto de remedios para enfermedades del coracón, que se suponian procedentes de unos huesecillos situados en la vena aorta de los ciervos, y la denuncia era que los hacían con corazones de caballo ya que vendían diez veces más cantidad que ciervos había en toda Francia. Dado que en esas primeras farmacias la mayoría de los remedios eran procedentes del reino vegetal, en ellas se vendían también toda clase de hierbas a granel para que el cliente se preparara sus propias infusiones a voluntad. Así empezó todo. Las farmaceúticas multimillonarias llegaron después, fabricando los medicamentos a velocidades meteóricas y con ganancias que superan con creces las de cualquier otra actividad industrial.