21 de agosto de 2012

0773- MERCADO DE MAEKLONG.

Esta mañana la he tenido muy ocupada. Veinte vueltas a la piscinita familiar, almuerzo en el "Bar del Poble" (en Oropesa) para recuperar con creces las calorías perdidas en el ejercicio matinal y trabajo posterior de taxista pues mi mujer quería comprarse unas "chanclas" y otras minucias en Salera, así como posterior entrada al centro de Castellón para hacerse con un pollo (pollito) a l'ast para comer. ¡A este paso, no creo yo que adelgacemos nunca...! En fin, vayamos al grano. El tema no tiene ningún interés especial pero es una cosa curiosa, imposible de ver en otro lugar del mundo que no sea en Maeklong, provincia tailandesa de Samut Songkhram, a 60 Km. de Bangkok.


La cosa no tendría nada de particular, si no fuera por su especiales características. Se trata de un mercado asiático, uno más, atiborrado de puestos de frutas y verduras locales y de todo aquello que la imaginación asiática pueda llegar a improvisar, que es mucho, muy colorido y de una fragancia insuperable. Mil aromas se entremezclan creando fragancias nunca imaginadas por la cultura occidental. La gente se cruzan entre sí una y mil veces buscando aquel producto de mejor calidad o de más bajo precio. El inapelable regateo y al final, si hay suerte, la venta con la que ganar unos baht para mantener a una abundante catarfa de hijos que esperan en la barraca con la madre. La cosa no es nada fácil. Importantes mayoristas dominan el mercado y ofrecen cualquier mercancia a cambio de escasos Satang (céntimos de Baht).


Pero la curiosidad de esta breve entrada no está en el comercio de este mercado especial, sino en la peligrosidad del mismo. Semanalmente alguien resulta herido gravemente o muerto sin más. El por qué queda perfectamente explicado con una breve mirada a las fotos. Vendiéndose una buena parte de la mercancía a los viajeros del tren que pasaba por las inmediaciones de este mercado, los vendedores fueron estrechando la calle con sus puestos hasta obstaculizar completamente los carriles. Las mercaderías llegan hasta la propia vía, si bien es cierto que el tren no pasa rápido. Son 30 Km./hora, que no es poco, lo que constituye un peligro real y más de cuatro veces gente, toldos y mercancías son literalmente atropelladas por éste. Porque, al igual que sucede en todas partes, hasta que no te pasa por encima, el tren no para jamás.

Esa es la singularidad que convierte al mercado de Maeklong en uno de los mercados más peligrosos del mundo. El tren no es que pase cada diez minutos, pero si lo hace 8 veces al día y lleva una cifra considerable de vagones, con lo que el peligro está bien presente. Quizás en ese escaso tráfico es donde se agrava el peligro. (Como pasa tan pocas veces...) ¡Pero pasa!. Absorbida la calle por clientes y vendedores, la vía del tren es el único paso del personal con lo que, ante los constantes silbidos de la locomotora, los vendedores tienen que abandonar el regateo y vender por debajo de lo previsto o perder la venta, antes de que el tren se les eche encima. En dicho mercado no hay ni más ni menos que en cualquier otro y es que, aunque parezca increíble, es justamente este peligrosidad ferroviaria la que le ha dado fama y atractivo a este mercado tailandés.
Es que la gente... ¡somos la leche!.
¿A que os ha sabido a poco?. ¡Ay, ay!. Mañana, mañana será otro día...

EL ÚLTIMO CONDILL


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