13 de julio de 2012

0736- LA ARAÑA COME POLLOS.

El canibalismo del mundo animal no es nada nuevo. Lo practicaron desde siempre los humanos y lo siguen practicando en muchos casos los animales. La paradoja está en las circunstancias, en la antropofagia conyugal donde el macho se come a la hembra, o viceversa y más aún en los tamaños, que muchas veces roza lo inexplicable.
Los indios Caribes ya fueron famosos por sus prácticas de canibalismo que, en su caso, solo practicaban con sus enemigos. Matar al enemigo no era suficiente puesto que, creyendo en la vida después de la muerte, el muerto podía regresar para vengarse del mal recibido. Pero, ¡hay quien piensa en todo! y se les ocurrió un día que comiéndoselos la reencarnación ya no sería posible y el peligro de revancha quedaba eliminado. Y, de paso, llenaban el estómago que siempre venía bien. Los Caribes serían sin duda unos salvajes, pero tontos no estaban... De todas formas el canibalismo fue una práctica bastante común en épocas primitivas y en todos los continentes de nuestro planeta.

De hecho se dice que todavía existen hoy algunos episodios de canibalismo en áreas remotas de Nueva Guinea, en los que algunos autóctonos deben colaborar para no seguir el mismo camino. En la Amazonia el canibalismo existió hasta hace bien poco, pero no solo por el motivo mágico de evitar la resurrección del enemigo, sino incluso también por propia reverencia a sus familiares. En algunos casos al difunto se lo comían sus propios familiares como signo de reverencia, de fusión entre ellos, una forma de hacerle renacer entre los suyos. El cuerpo del fallecido pasaba a integrarse en aquellos que lo engullían y por lo tanto seguía viviendo entre aquellos que más le apreciaban. El pueblo Azteca, identificaba de entre los miembros de su sociedad a aquellos más agraciados, a los que calificaba como protegidos de los dioses y a quienes agasajaban dándoles una vida plácida para, posteriormente, sacrificarlos y comérselos en un ceremonial que no tenía otra pretensión que la de recibir la gracia divina que se suponía unida a aquellos cuerpos.

Pues bien. Aunque nada tiene que ver una cosa con la otra, se dice que en las cuencas de la Amazonia, se han descubierto una arañas que se lo comen todo. Tanto es así que los indígenas de la zona las llaman "come-pollos". Hasta ahora la araña más grande que se conocía era la llamada Tarántula come-pájaros (que seguramente es la misma a la que se refiere esta entrada) con un cuerpo que alcanza los 9 cm. y patas de 28 cm. en total. Esta araña es completamente inofensiva y se alimenta de insectos y algunas veces de polluelos recién nacidos que roba en los nidos de los pájaros, motivo por el cual se le dio en nombre de come-pollos. El artrópodo más grande que se conoce es el cangrejo araña japonés cuyo cuerpo mide 60 cm. de diámetro y sus patas extendidas llegan hasta los 4 metros de largo, con un peso total de 20 kilos. Sin embargo hay otro más pesado aún. La langosta americana puede medir (desde la cola al final de sus antenas) 1,18 metros y de la que se han encontrado ejemplares de hasta ¡22 kilos!. (Quien las pillara) 

El récord absoluto de los artrópodos lo tiene un ciempiés prehistórico, de 300 millones de años, de 45 cm. de ancho por 2,50 metros de largo. En fin, cosas de la naturaleza. La araña come-pollos (repito) es un animal dócil y fácil de cuidar y son muchos quienes las tienen en su casa como animal doméstico de compañía. Es un tipo de tarántula bastante común, aunque tímida y difícil de encontrar a campo abierto. Es originaria de Chile, desde donde se exporta como mascota puesto que jamás muerde y tampoco produce malos olores. Se venden en pequeñas cajitas pero, una vez en casa, hay que ponerlas en un terrario solas ya que son territoriales y si hubieran varias se comerían entre sí. Comen una vez por semana, pero siempre animales vivos que pueden ser insectos o crías de animales mayores como ratas, etc.
Volviendo a los humanos y ya para finalizar, cabe decir que ese canibalismo, que hoy vemos horroroso, nos recuerda que antes de ser homo-sapiens fuimos simples monos que de alguna forma tenían que alimentarse y, como en la guerra, matar para no morir es lícito, natural y una forma de perpetuar la especie.

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