31 de enero de 2012

0599- INCÓGNITAS DEL DOLMEN DE MONTELIRIO.

Un túnel de entrada con los cadáveres de tres guardianes y dos altares; en el primero ciento trece puntas de flecha y una alabarda, todo de sílex; en el segundo, más próximo a las cámaras funerarias, varias figuritas de cerdos y bellotas de marfil, además de un vaso y diez platos apilados. En la cámara pequeña, el reyezuelo y restos de su ajuar funerario. En la cámara grande diecinueve mujeres, cuatro mil cuentas de collar, dos peines de marfil decorados con motivos zoomórficos, punzones de hueso para sujetar el peinado y algunas piezas de ámbar. Todo el interior del dólmen está decorado en color ocre. Destacar el suntuoso atuendo de los ajuares de las mujeres allí enterradas, que indica su alto nivel en la sociedad en que vivieron.
Javier Verdugo, director de las excavaciones arqueológicas, no sale de su asombro por lo misterioso y macabro de la realidad que tiene ante sus ojos y que data hacia el 2.800 a.C.

El megalitismo es un fenómeno cultural prehistórico, consistente en la construcción de "dólmenes", tumbas en las que enterrar a sus muertos. Tiene su periodo más extenso en el sudoeste de la península Ibérica, abarcando desde el 4.800 a.C. al 1.600 a.C. y comprendiendo por tanto el periodo neolítico y el calcolítico, siendo los construidos con cámara y corredor, a base de grandes piedras, los que pertenecen a la tradición constructiva más antigua de occidente. El dólmen es la tumba del grupo familiar y por lo común, allí van enterrándose de forma sucesiva a los familiares, previa limpieza de los huesos de anteriores difuntos, que posteriormente se depositarán a los pies del último que ocupa la estancia. Sin embargo el Dólmen de Montelirio es algo más que eso, mucho más.

Procedente del continente africano, esta cultura cruza el estrecho de Gibraltar y se instala en la tierra de los Íberos hacia el 4.800 a.C. Poco a poco penetran en el continente europeo, llegando a Bretaña y Francia hacia el año 3.800 a.C. aunque nuevas oleadas procedentes de Iberia les llevarán posteriormente a buena parte de Europa central, hacia el 2.400 a.C. Los descendientes de aquellos que quedaron en nuestra península serán pues el pueblo tartesso-argárico del vaso campaniforme, al que los griegos otorgaron el título de "primer pueblo civilizado de occidente". Antiguos pobladores de la península Ibérica -muy anteriores a los celtas- ya con lengua y escritura propia y primeros rasgos de refinamiento, que han llegado a nuestro conocimiento a través de la cerámica y algunos tesoros encontrados en tierras de la actual Andalucía.

Entre los años 3000-2500 a.C. el actual Aljarafe sevillano estaba habitado por estos pueblos primitivos del periodo calcolítico. La tumba que denominamos "Dólmen de Montelirio" está situada en el término municipal del pueblo de Castilleja de Guzmán, provincia de Sevilla y perteneció con seguridad a un personaje importante de aquellos tiempos y a su séquito femenino.
Se trata de un dólmen de doble cámara y corredor, situado en el punto más alto de una comarca del Aljarafe, siendo sin duda el más grande de Europa. La tumba domina el río Guadalquivir y es por lo tanto un enclave estratégico, lleno de simbolismo y espiritualidad.
La superficie excavada tiene más de 200 m2. dentro de los cuales hay una cámara pequeña y otra grande, ambas circulares, a las que se accede a través de un corredor cubierto, de 32 metros de largo.

En la cámara pequeña (2,70 m. de diámetro) está enterrado el reyezuelo o jefe principal, de unos 40 años, mientras que en la grande (4,75 metros de diámetro) están los cadáveres de 19 mujeres de entre 20 a 30 años. Al inicio del corredor hay enterrados tres hombres que se suponen guardianes de la tumba.
Los expertos deducen que las mujeres del poderoso acompañaban al difunto en su viaje al más allá y que lo hacían por voluntad propia (!) al igual que sus más fieles guardias o servidores, de lo cual debemos tener nuestras naturales dudas. Este hecho de enterrarse con sus mujeres no se conocía en la cultura megalítica occidental, aunque hay indicios con la tumba de Ur, en Mesopotamia.

Según opinión del arqueólogo y director de la excavación Javier Verdugo, el hombre fue enterrado con sus esposas y guardia personal sin que se vislumbre violencia alguna en los restos allí depositados. Ese es justamente el mayor de los misterios. La exploración de los cadáveres no determina violencia alguna que nos permita pensar que hubo asesinato previo de los acompañantes, por lo que se deduce que el viaje al más allá con su señor fue voluntario o que, siguiendo las órdenes del mismo, fueron drogados hasta alcanzar el sueño mortal que permitiera su compañía en ese trance. Muertos o dormidos allí quedaron para la eternidad sin que hicieran, o pudieran hacer, nada para evitarlo...

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