21 de octubre de 2026

3333/0274- LOS OLORES CANTAN...


Cada cosa tiene su aroma particular. La mañana en el campo huele a naturaleza joven y fresca, mientras que los viejos, por mucho que nos duchemos todos los días, olemos a viejos. ¿Qué vamos a hacer?. Así es la vida que nace y la muerte que se acerca. Es imposible que nada de eso pueda cambiarse, puesto que lo nuevo y lo viejo jamás pueden oler igual, por mucho perfume que nos pongamos antes de salir de casa. Vosotros diréis, ¿Por qué cada cosa huele de distinta manera?. Bien, los que saben nos cuentan que las moléculas odoríferas vibran como las cuerdas de una guitarra y de esa vibración depende su fragancia. Solo cuatro de esas moléculas bastan para formar los más de 10.000 olores que capta nuestra nariz. El perfume de algunas flores es maravilloso, pero también lo es el sentido del olfato que nos permite captarlo.


Lamentablemente no todo huele de la misma manera y no sabemos el por qué. lo que sí sabemos es que unos olores nos encantan y otros nos repelen. Especialmente en verano, cuando te topas con una persona que no es muy aficionada a ducharse, ese olor a sudor y suciedad en general te repele y, si puedes, buscas alejarte lo más posible del lugar. Claro que, a veces, la cosa no es fácil. Por ejemplo cuando te subes a un repleto autobús camino de tu trabajo y, para más inri, alguno de esos usuarios enemigos de la ducha se coge a la barra o asa del techo para asegurarse. Y no solo de una posible caída por frenazo imprevisto, sino también para que todos "disfruten" de sus íntimas fragancias. ¡Puagg, que asco!. Y quieras o no tú aguanta, en la confianza de que tu parada no esté muy lejos.


Ya que cada molécula tiene una forma distinta, se cree que depende de su forma que tú puedas oler una cosa u otra al encajar en los receptores internos de nuestra nariz, como una llave encaja en la cerradura. Ciertamente es una teoría de una lógica aplastante ya que, incluso en la industria del perfume, han conseguido miles y miles de pefumes diferentes con unas bases tan limitadas. Y es que la mezcla de unas moléculas a otras hacen variar el resultado como si de algo nuevo se tratara, cuando en realidad las diferencias son minúsculas. A pesar del tiempo de investigación llevada a cabo sobre el tema, la industria del perfume y la cosmética todavía están probando cientos de compuestos, cada vez que buscan crear un nuevo perfume. Al fin y al cabo la clave para ello solo está en la vibración de las moléculas que haya en su composición.


Según los científicos la fragancia del mejor perfume y el olor más nauseabundo tienen un mismo fundamento ya que el 95% del olor depende de las vibraciones moleculares y el 5% de la forma que éstas tengan. Esto nos dice que, al igual que sucede con la vista y el oído, el olfato está también basado en las diferentes vibraciones que capta nuestro cuerpo. Aclarado este asunto la industria de perfumes lo tiene más fácil a la hora de crear nuevas esencias y por lo tanto incluso abaratar sus productos en caso de gran competencia, ya que la creación se está acelerando considerablemente. Hasta hace poco el mayor coste de un perfume estaba en el tiempo que costaba su creación, pero en adelante la identificación de las moléculas será un juego de niños. Aunque pueda sorprendernos está idea no es nueva pues ya fue lanzada 70 años atrás.


El científico británico F. Dison ya dijo entonces que las frecuencias que emiten los aromas están dentro del espectro de los rayos infrarrojos. Las mariposas macho son atraídas por la luz, porque su emisión infrarroja es igual que la de las mariposas hembra, teoría que coincide con la gama de aromas. Por otro lado fueron descubiertas proteínas en la mucosa olfativa humana que enlazan estas moléculas con los receptores nerviosos. Hay que decir, en resumen, que la percepción de los distintos aromas dependen de las proteínas receptoras que los captan. Estas proteínas se encuentran en las células nerviosas de la cavidad nasal y es cuando ellas entran en contacto con las moléculas odoríferas, el momento en que nuestro cerebro percibe ese aroma. Gracias a esas proteínas podemos distinguir hasta 10.000 olores diferentes. ¡Que cosas...!

Rafael Fabregat Condill

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