7 de octubre de 2026

3333/0261- LA OSCURIDAD UNIVERSAL.


En el cielo hay mucha luz, mucho fuego, pero el Universo es negro y oscuro. La luz solo se hace presente cuando ésta choca contra una materia receptiva, si no la hay la luz pasa de largo sin poder verla. El 90% del cosmos está formado por elementos impercentibles. Se trata de la materia oscura, una materia invisible e indetectable contra la que luchan los científicos de todo el mundo. La nada no existe y es por ello que donde no vemos nada, llámese como se llame, algo hay. Todos los cuerpos celestes visibles, e incluso los que por su lejanía no vemos, apenas suman el 10% de la masa total. El resto es lo que llamamos la materia oscura, difícil de detectar puesto que no emite o refleja luz visible. Es una materia itinerante que influye sobre los objetos visibles y se expande o contrae según la presión circundante de aquellos.


Los científicos son muy sabios, pero solo saben que (apenas) saben nada. Parece una contradicción, pero no lo es. El Universo es algo tan grandioso que, por mucho que sepan, nunca sabrán nada. Ahora quieren saber cuanta materia hay en el cosmos, al considerar que conocer esta premisa les podrá decir cual será su destino. Si hay poca materia, el universo seguirá expandiéndose para siempre, ya que no encontrará objetos que frenen dicha expansión. Por el contrario, si la cantidad de materia es suficiente, no solo se ralentizará, sino que incluso se contraiga hasta que la totalidad termine colapsando. Por Dios, que lástima de tiempo y dinero, empleado en un túnel sin salida. El hombre jamás podrá llegar al final de las cosas, en materia cosmográfica. ¡Somos demasiado pequeños para aspirar a tanto!.


No se trata de desprecio hacia esos curiosos investigadores, sino que hablar del Universo me parece tan grandioso que considero que nunca llegaremos a conocer ni siquiera la millonésima parte de una totalidad a la que nadie conseguirá llegar nunca. ¿Qué interés puede tener hurgar en una patata si en el campo hay miles de toneladas de ellas?. Dejémoslas que cada una recorra su camino natural y dediquémonos a cuidar nuestro planeta que es nuestra casa de acogida y en la que encontramos la vida, la comida y los placeres añadidos que nos ofrece. Más vandría estudiar la forma de concebir personas que solo prodigaran amor hacia los demás y evitara la entrada de tantos elementos que solo buscan su beneficio personal, sin importarles la vida y las vicisitudes de los demás. ¿Por qué no convertir nuestro planeta en el Paraíso Terrenal que nos relata la Biblia?. Solo nosotros estamos impidiendo su implantación.
 
Rafael Fabregat Condill

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