
Los ricos eran otra cosa: Cientos de sacos de almendras, "tropecientas" arrobas de naranjas, miles de kilos de uva, no sé cuantos sacos de trigo, aceite en cantidad, así como vino y varios cerdos que se alimentaban de diferentes hortalizas y legumbres de cosecha propia y todo un zoológico de gallinas, pollos, patos, conejos, etc.

De esa necesidad, nacieron los que hacían alpargatas, capazos de palma, cañizos y escobas, entre otros. Y todavía había niveles más bajos ya que, cuando no lo hacían los propios artesanos antes descritos, estaban los que cortaban la palma, el esparto o el cáñamo, las cañas y el junco o la paja de centeno, abasteciendo a los anteriores de materias primas.
Varios escalones por encima, estaban los profesionales y artesanos de élite, llamados por el populacho "gossos de poble": el metge (médico), el practicant (ATS), "els chupatintes" (funcionarios), la gente de oficio (ferrers, fusters, corretgers,...) así como los detallistas de diferentes ramos, (panaders, tenders, carnissers, etc.)

Aunque por lo general las relaciones entre vecinos eran excelentes, supongo que debemos entender que los "de a pié y los de a caballo" se miraran con un poco de recelo. Aunque todos humildes, eran escalones diferentes. Y lo más chocante es que hoy, cuando la agricultura minifundista ya no tiene peso ninguno, al antiguo rico se le respeta como tal; de la misma forma que al antiguo maestro o al "practicante" se le trata todavía de Don y a cualquier joven que va por la calle, con una carrera universitaria de primer orden (ingenieros, abogados, etc.) no se les da tratamiento respetuoso alguno. ¿Lógica?... ¡ninguna!
Pero, bueno... volviendo al hilo de la cuestión, decir solamente que la diferencia, entre "ricos" y pobres era más una categoría social que una realidad, ya que algunos "ricos" tenían que pedir un préstamo para "llegar" a la cosecha y los pobres, como iban a ganarse el jornal cada día, no lo necesitaban ¿quién era pues, el rico...?

Madrugar, madrugaban pero..., tras lavarse la cara, se plantaban en la puerta de su casa increpándose unos a otros, iniciando la primera tertulia del día. Que si el tiempo, que si el gobierno, etc., etc.
Supongo que todos se lavarían la cara, pero ¡afeitarse!... una vez por semana por lo que, de la cama al quicio de la puerta eran cinco minutos escasos. Recuerdo (esto es verídico) que algunos barberos (ahora llamados peluqueros) luchando por captar algo más de trabajo y por consiguiente de beneficios, disimuladamente, para no enfadar a los clientes, aconsejaban a éstos que... ¡para ir perfectamente presentables, deberían afeitarse dos veces por semana!
Resumiendo..., ¡una felicidad!

Como todos sabemos, la gente joven no tiene ningún interés por la agricultura y los mayores ya no están en activo, o también han perdido su interés debido a la escasa rentabilidad. Si los productos agrícolas se pagaran razonablemente, la crisis que actualmente estamos atravesando, hubiera podido ser la solución para muchos y una posible continuidad para este oficio, del que todos comemos. Las fincas que todavía se trabajan se hubieran mejorado y aquellas que fueron abandonadas hubieran recuperado su antiguo esplendor, pero si quien las trabaja no consigue ni tan siquiera un módico jornal, las posibilidades son nulas.

Con estas políticas tan nefastas, me pregunto de qué hemos de vivir en España y qué comeremos cuando todos se espabilen y abandonen la tierra...
EL ÚLTIMO CONDILL
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