1 de abril de 2013

0967- LOS BANCOS SON CULPABLES.

¡Y tanto que son los culpables de todo!. Pero no por lo que la gente se piensa, ni por el motivo por el cual son acusados... Es natural que el bien adquirido o aquellos bienes que avalan el préstamo concedido, respondan en caso de impago. Eso amigos no es ninguna novedad. Siempre fue así y el que hable de letra pequeña, asegurando que eso no lo sabía, miente como un bellaco. Yo lo siento en el alma por aquellas personas que, por coyunturas de la economía y del mundo en general, se vean en la calle por no poder afrontar las deudas en las que se metieron con tanta alegría, pero eso es así desde que el mundo es mundo. Y no lo dice un ignorante de estas cosas, sino alguien que ya se casó endeudado hasta las cejas y así continúa cuarenta años después, con el agravante de que aquel préstamo inicial no hizo otra cosa más que aumentar un año tras otro. La única diferencia es que, a trancas y barrancas, unos cumplimos y otros no. Porque un servidor es de los que empezaron del cero más absoluto...


Un servidor y su santa esposa trabajábamos sábados, domingos y festivos y desde nuestro lugar de trabajo oíamos a nuestros vecinos, que estaban en el campo de fútbol, celebrar los goles del equipo local. ¡Goooooooolllll!. Y nosotros seguíamos trabajando, como si nada. Algunos de aquellos han perdido casas y fincas, mientras otros las han aumentado. Ojo, que yo no digo que lo que hiciéramos nosotros estuviera mejor o peor de lo que hacían los demás. No. Los tiros no van por ahí. Lo que yo digo es que cada cual es libre para hacer lo que le venga en gana, pero después tiene que apechugar con las consecuencias de sus actos y con el resultado de los mismos. Es fácil y muy bonito ir a pedir dinero al Banco y que te lo dejen, pero devolverlo no lo es tanto. Comprarse una casa no es una prioridad, especialmente si no tienes el dinero ni seguridad para devolverlo. Cuando yo me casé me puse a vivir en una casa de alquiler que no tenía agua ni luz. Por ser imprescindible la luz me la instalé yo, que no tengo ni puñetera idea de como se conmuta un interruptor. 


El agua... ¡a la fuente!. Detrás de un viaje otro más, con el carro y los cántaros correspondientes. Y la ducha, de pié dentro de un barreño de plástico, mientras mi mujer me echaba agua con una regadera. ¿Desgraciados?. Quizás si, pero puedo asegurar que jamás nos sentimos desgraciados por ello. Ni sacamos pancarta alguna a la calle ni fuimos a llorar a ninguna puerta. Por primera vez, a los catorce meses de casados, pudimos comprar una caja de gaseosas para mezclar con el vino que nos daban nuestros padres. La gaseosa, que se vendía en cajas de seis botellas de un litro, daba un toque algo más agradable a aquel vino peleón, no muy fino para tomar solo. Y no pasaba nada... Mientras todo eso ocurría, cuando la pareja de recién casados reunía el dinero suficiente para adquirir un viaje de ladrillos, los compraba e iba subiendo las paredes de lo que en un futuro lejano sería su nueva casa. Y así, un año tras otro hasta completarla. ¿Quieren ustedes que nosotros tengamos lástima a quienes, con un miserable sueldo que nadie te puede garantizar, pidieron 300.000 € para adquirir piso o un chalet en las afueras?. 


Yo lo siento mucho, pero no podemos tener lástima alguna. No podemos tenerla porque, siendo nuestra meta más modesta, sufrimos lo indecible para llevarla a la práctica. Los fines de semana en la nieve o en la playa, son para quienes tienen dinero para hacerlo y las vacaciones a países exóticos con mariscadas incluidas, pagadas a plazos o teniendo una hipoteca pendiente, son para quienes después cumplan a rajatabla los plazos. Para quienes no los cumplan un servidor, sintiéndolo mucho, no puede tenerles lástima alguna. Porque esos "caramelos" nos gustan a todos y esta crisis, señores, los cumplidores que no la merecemos también la sufrimos. 
- ¿Que nosotros no tenemos derecho a comer una mariscada? -dicen algunos. 
Pues hombre, si tienes dinero para pagarla sí, pero hacer eso con dinero prestado... ¿Qué quieres que te diga?. Imprescindible no es... De todas formas lo anterior no es, ni mucho menos, para disculpar a los Bancos que sin duda alguna son los verdaderos y únicos culpables, pero lo son por haber dejado el dinero a gente sin solvencia alguna.


Caja Rural N.S. del Buensuceso.
Cuando yo pedí un préstamo, tuve que justificar con pelos y señales para qué quería el dinero y tuve que demostrar el objetivo y la posterior colocación de aquel importe que se me concedía, avalando con propiedades mías o ajenas, cuatro veces el importe de lo que el Banco me prestaba. Mientras aplicaron esas máximas, los Bancos no fracasaron jamás. Porque el Banco, señores, no quiere casas embargadas. Ese no es su negocio. El interés de las entidades bancarias estriba en recuperar el dinero prestado y los intereses pactados, en el plazo convenido. Los Bancos están para eso y están por la sencilla razón de que el dinero que hay en su caja fuerte no es suyo. ¡A ver si nos enteramos!. El dinero que hay dentro del Banco es de aquellos que lo depositan allí, a plazo fijo o mediante una miserable cartilla de ahorros que no hay forma de que aumente la cifra de su saldo. Los Bancos, que se entere de una vez todo el mundo, son los auténticos y verdaderos culpables de lo que está pasando. De eso no hay ninguna dura. Pero no por embargar las casas de aquellos que no están cumpliendo sus compromisos, sino por haber prestado cantidades ingentes de dinero a quienes ellos mismos sabían que no podrían devolverlo. 


Y si el propio cliente no se veía con coraje para devolverlo en el plazo pedido... ¡le daban 10 años más!. Las exigencias que antes se pedían a la hora de conceder un préstamo se habían suavizado hasta tal punto que cualquier persona, con una miserable nómina, podía acceder a cualquier cifra que pidiera. Es más. El propio Banco te ampliaba aquella cifra que tu pedías avergonzado, por ser el primero que la veía desorbitada, para que pudieras  amueblar perfectamente aquella vivienda y para que cambiaras también el coche. ¡Así, con alegría!. El por qué había tanto dinero disponible en las entidades bancarias, es otro tema más peliagudo que daría para diez entradas más al Blog, pero allí estaba y había que colocarlo. Si el tomador del préstamo cumplía o no cumplía los plazos, ya se vería más adelante. Por lo tanto, repito con toda contundencia que los Bancos son los verdaderos culpables de lo que está sucediendo. Y no aquí, en este país de pandereta, sino en todo el mundo. Porque la ambición había llegado a límites tan insospechados que en el abismo de la crisis cayeron todos. Los de aquí y los de allá. Los que estaban arriba y los que estaban abajo. Los miserables, por miserables y los pudientes por ambiciosos. Por cierto... que el mayor batacazo no fue para aquellos que ahora están viéndose en la calle, cosa medianamente normal y comprensible. El mayor batacazo se lo llevaron los grandes, los más ambiciosos. 


Los que nos construimos una casa o una nave industrial para poner en marcha un negocio, pagada o no, no caímos de gran altura. El golpe fuerte ¡y que se jodan! se lo dieron aquellos  que, para hacerse inmensamente ricos, construyeron centenares de naves o de viviendas que, vendidas o no, jamás han cobrado y si han conseguido hacerlo ha sido a menos de la mitad del precio que inicialmente pedían. Esos son los que sufrieron el batacazo mayor, pero lo tienen bien empleado, como bien empleado lo tienen los bancos que se han arruinado al atender préstamos a gente sin garantías, a los que ampliaban el plazo de amortización tantos años como fueran suficientes para poder optar a ellos. ¿Cuando se ha visto que se hipotecara la vida de hijos y nietos, mediante préstamos a 40 o 50 años?. Cualquier muchacho de 18 años, con el Permiso de Conducir recién estrenado y un primer trabajo con nómina de 3 o 6 meses, que nadie sabía si se renovaría, se compraba un BMW para ir al curro o una moto de 20.000 euros. Y ahora quieren que los que circulábamos con un R-4F de segunda mano les tengamos lástima... ¿A quien y por qué?.

RAFAEL FABREGAT

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