31 de marzo de 2012

0643- MANIFESTACIONES Y ANARQUISMO, NO DEBEN UNIRSE.

Todos, o casi todos, tenemos claro que la gente que hace huelga y se manifiesta en la calle, poco o nada tiene que ver con las facciones antisistema que lo destrozan todo a su paso. Sin embargo también tenemos claro -los convocantes de las manifestaciones también- que estos elementos están esperando como agua de Mayo cualquier excusa para aparecer camuflados entre la multitud y realizar sus fechorías. Esta clase de gente no tienen objetivos reivindicativos de ningún tipo y probablemente tampoco políticos de orden menor. Sus objetivos van más allá que hacer daño por el solo placer de hacerlo. El trabajo como forma de vida y de progreso no lo aceptan y tal como su nombre (anti-sistema) indica son enemigos del orden establecido.

Según las últimas informaciones al respecto, han sido medio millón de euros los daños al Ayuntamiento de Barcelona. Seguramente esta cifra se doblará -como mínimo- en los causados a establecimientos particulares... ¡y no pasa nada!. Los que tengan el negocio asegurado sufrirán los inconvenientes e incomodidades, además de la pérdida de actividad y consiguiente negocio y los que no lo tengan perderán lo mismo y -además- tendrán que hacer frente al pago de los daños, puesto que tendrán que restituir de su propio bolsillo las cristaleras rotas, el mobiliario quemado y el saqueo sufrido. Para colmo de despropósito legislativo a los fascistas, aunque les detengan, en unas horas a la calle otra vez.

No solo hay que modificar los temas laborales, sin duda necesarios, sino que muy urgente también es que se cambien las leyes para que todos estos elementos no se salgan de "rositas" y si es que son económicamente insolventes, que paguen con cárcel sus desmanes. Somos muchos los amantes de la libertad, pero no del libertinaje.
¡El que rompe paga! -decían antes. Una frase que dejó de estar vigente al acceder a la Democracia y que, para esta gente, no tenía que haber cambiado. Ahora, como entonces, el que rompe debería pagar. Si tiene dinero con dinero pero, si no lo tiene, con cárcel proporcional al daño causado. Por culpa de cuatro hijos de papá, a cuyas fechorías el adjetivo de gamberros les queda demasiado corto, peligra esta libertad que tantos siglos ha costado ganar a todos los españoles.

Si ellos no tienen miramiento alguno hacia los demás, ni valoran la libertad que actualmente se puede disfrutar que tampoco la justicia tenga lástima alguna de ellos y que paguen el daño que hacen al pueblo y a la democracia.
El 95% de los españoles que actualmente habitamos este país no habíamos nacido al finalizar la guerra civil espeñola y por lo tanto no llegamos a conocer guerra alguna en nuestro territorio y esperamos no tener que conocerla. La mayoría de la gente quiere vivir en paz y si esta gente son contrarios a ella, que el gobierno cambie las leyes y los jueces las apliquen para que la única guerra sea contra ellos.
La vida ya es bastante dura como para aguantar a semejantes descerebrados. Ellos no miran por nadie y no hay razón alguna para que nadie mire por ellos.

Quien más y quién menos no cree que detrás de esta violencia haya reivindicación alguna y ni siquiera el propio anti-sistema del que tanto se habla. Aquí hay -tiene que haber- algo más. Esta gente que, de forma tan desaforada, aprovecha cualquier circunstancia para salir a la calle a realizar semejantes atrocidades, ha de tener por fuerza más serios objetivos. Esto es vandalismo puro y duro y tras él objetivos que sin duda van más allá de lo estrictamente vandálico. Mucho nos tememos más de cuatro que tras estos atropellos se escondan otros intereses más duros que rocen la inestabilidad nacional. Y eso serían palabras mayores. La gente normal no suele ir más allá, ni aún cuando las cosas no salgan a su gusto. La mayoría creemos que la tranquilidad es lo más valioso, especialmente los viejos. Para quienes pensamos de esa forma lo primero es la salud, después la paz y después el trabajo. Teniendo esas tres cosas, las que faltan llegan por sí solas...

EL ÚLTIMO CONDILL

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