23 de noviembre de 2009

0015- EL FUTURO, NO EXISTE.

Es probable que el título sea demasiado rotundo, habida cuenta que la teoría de la relatividad, aunque desconcertante, es un hecho probado y por lo tanto, el factor tiempo, la línea difuminada que un avión deja en el cielo. Aún así, el futuro está por venir y si ya tenemos dudas sobre si existe o no lo que vemos cada día, con mayor razón podemos tenerlas sobre aquello que nos dicen que vendrá, pero que todavía está en el aire. Toda una vida tratándonos como si de rebaño de ovejas se tratara, empiezo ya a pensar si es que realmente lo somos. Lo cierto es que solo nos quieren el día en que vamos a votarles y sabiéndolo, cada cuatro años repetimos la operación olvidándonos de todo. ¿Tan tontos estamos, o es que tenemos miedo a que otros nos traten aún peor?

No existen y eso lo tenemos claro, las diferentes expectativas con las que nos bombardean cada día los políticos, a través de los medios de comunicación. Mentiras y medias verdades son casi siempre el contenido de sus discursos, que no pretenden otra cosa más que defender el puesto, quien lo tiene, o conseguirlo el aspirante.
Podemos creer sin miedo a equivocarnos que puede haber visos de realidad en un veinte por ciento (por decir una cifra) de aquello que nos cuentan y aún ese pequeño porcentaje puede estar sujeto a cambios impredecibles por el mismo personaje que nos informa. Total, ¿que somos nosotros para ellos?
Para el político y tanto más cuanto más alto está situado, somos cifras que forman parte de un todo que es lo que él personalmente dirige hacia donde, según su criterio, convenga en cada momento. Somos... ¿un rebaño al que dirigir hacia donde convenga en cada momento?

Lo mismo ocurre en otras muchas cuestiones mucho más técnicas y acordes al título de esta entrada. Tanto desde el punto de vista medioambiental, como en el económico... ¿Cual es el futuro de la Humanidad? ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿Es necesaria esta brutal lucha de intereses para asegurarnos el pan de cada día?. Para el pan no, pero para los Rolex, los áticos, los yates...
Quienes dirigen el mundo solo ven el presente y el consiguiente beneficio que, de forma inmediata, les puede reportar una u otra decisión. Las consecuencias negativas que ésta pueda acarrear lo serán en un futuro más o menos lejano pero, por descontado, cuando ellos ya no estén en el poder y para nada les afecte. Su casa está segura y su despensa repleta... ¡el que venga detrás que cierre la puerta!.

Ya sé que los poderosos, para serlo, necesitan imperiosamente que otros estén por debajo de su nivel; es más, que directa o indirectamente trabajen para ellos aumentando si cabe la diferencia de clases pero... para lograr ese fin, ¿es absolutamente necesario que miles de personas mueran cada día de hambre? Aunque estoy convencido que la solución será lenta y que la humanidad habrá de esperar todavía muchos años para vislumbrar el bienestar general, espero que en un futuro se encuentren vías intermedias que permitan, al menos, que haya pan para todos. Sin duda ello evitaría muchas de las guerras, hasta ahora presentes en todas las épocas de la humanidad. La ambición de unos y la necesidad de salir del profundo abismo de muchos otros, son la brasa que alimenta este fuego, hasta ahora considerado eterno y que podríamos llamar el infierno terrenal.

Desgraciadamente es imposible, sin duda, que el bienestar (en mayúsculas) lo sea para todos. No hay rebaños de pastores; alguien tiene que ser oveja y, además, serlo en cantidad suficiente para que el pastor sienta la satisfacción de dirigir el rebaño. Hasta ahí estamos todos de acuerdo, pero las ovejas pedimos, incluso exigimos, que sea una realidad la premisa de que los pastores sientan la obligación, que va en su propio beneficio, de ser buenos en su trabajo. Tienen que dirigir el rebaño ¡sí! pero no hacia los más escarpados abismos, si no hacia donde estén los mejores pastos. Es fundamental para los propios intereses del pastor, que las ovejas engorden y le procuren no sólo gran cantidad de la mejor leche, si no también, los sanos y fuertes corderitos que serán ovejas en un futuro cercano. ¿Es tan ciega la ambición que les impide ver que el futuro (su futuro) está justamente en el presente?

EL ÚLTIMO CONDILL

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