10 de mayo de 2010

0075- LA MANZANA DE ISAAC NEWTON.

Naturalmente su descubrimiento llevaba aparejado algún fundamento más ya que, catalogar como de importancia excepcional a la que se llamó Ley de Newton sonaba entonces un poco a risa. Sin embargo, en principio, no había gran cosa más que añadir al hecho acontecido.
El hombre acostado sobre la británica yerba, a la sombra de un manzano y panza arriba como correspondía a un inventor y gran artista de su tiempo, vió por primera vez lo que millones de seres ya habían visto miles de años atrás... ¡una manzana madura que caía del árbol! La diferencia estuvo en que sus antepasados se la comieron sin más, mientras que a él le dió por preguntarse el por qué de su caída.
- Si la luna no cae, ¿Por qué caen las manzanas...? -se dijo.
Repito que, visto así, la cosa parece de risa pero nadie entonces supo responder a esta simple pregunta. Bueno lo de simple nos parece ahora cuando, gracias a Newton, todos conocemos la Ley de la Gravedad y sus consecuencias pero, como he dicho antes, nadie entonces supo responder a su pregunta, es más, anteriormente ni siquiera se la había planteado nadie.

Naturalmente poco sentido tiene seguir hablando de Newton y de la Ley de la Gravedad. Es un tema demasiado conocido. Sin embargo si que puedo hacerlo de otra "gravedad", la de la vida. Una variante que muchos ignoran porque esquivan las obligaciones para con sus mayores.
Para el conocimiento de esta "Ley" hay que reunir dos requisitos: Ser viejo y haber cuidado a muchos viejos. Es en ese contexto cuando se sabe lo que es la vida y lo poco que vale. Es triste, para la gente de bien, ver que buena parte de la gente no muere porque su vida haya llegado al final...(?)
La gente se muere de cansancio. Les faltan las ganas de vivir porque se dan cuenta de que ya no son necesarios, ni útiles, ni queridos. Se mueren por falta de amor, en una sociedad materialista que les da la espalda cuando su presencia es de todo punto prescindible. Esta realidad suele vislumbrarse alrededor de la jubilación pero, sin embargo, a esa edad nadie quiere todavía morirse. La razón es simple, son aún autosuficientes.
La persona mientras puede valerse por si misma, quiere vivir. Es consciente de que nadie ya le tiene en cuenta, pero mientras es capaz de autogestionarse la existencia no tiene el más mínimo interés de abandonar lo único que tiene, la vida.
Sin embargo el reloj sigue avanzando y el tiempo transcurre a otro ritmo. Aunque nadie sabe donde está la meta, ya no se mira lo que falta, sino lo que queda. Hay pocas ilusiones y las que hay, por una u otra causa, son arrebatadas. Unas veces por falta de salud, otras porque la falta de cariño hacia ellos se hace patente.

Nuestra generación, oído esto a muchas de las personas con las que me relaciono, no ha tenido suerte. Hemos pillado el cambio de roles generacionales. Criados de nuestros padres y de nuestros hijos.
En nuestra época no se nos estaba permitido a los jóvenes conversar con los mayores y mucho menos opinar. Había un respeto y nuestros padres, por el solo hecho de serlo, tenían siempre la razón o había que dársela.
Hoy, cuando nos encontramos a las puertas de ese trágico umbral, en el que la juventud se ha alejado de nuestras vidas, tampoco podemos opinar porque los hijos nos lo impiden. Más que nunca, el viejo estorba.
Yo también fui joven un día no tan lejano pero entonces, como he dicho anteriormente, las cosas funcionaban de otra manera. Resulta chocante que sea justamente el progreso el que traiga este sinsentido. Es el progreso el que aparta de la sociedad al trasto viejo que para nada sirve.
El viejo, hasta ahora confiado, habrá de fortalecerse para defender ¡nada menos que su vida! ya que está visto que de la sociedad poco puede esperar.

RAFAEL FABREGAT

7 de mayo de 2010

0074- DECLIVE Y RESURGIR DE CABANES.

Arco romano de Cabanes. (Siglo I d.C.)
Aunque algunos jóvenes sonrían ante tal afirmación, el pueblo de Cabanes tuvo mayor esplendor cuanto más retrocedamos en el tiempo. Naturalmente ignoro los pormenores de lo que pudiera ocurrir por estos lares varios siglos atrás, puesto que hay muy pocas cosas escritas pero, si nos atenemos a las leyendas y a lo transmitido verbalmente desde tiempos inmemoriales, nuestro pueblo siempre fue uno de los más importantes de nuestra comarca y esa importancia la hemos conocido todos quienes tenemos algún interés por su historia y hurgamos permanentemente en todo aquello que esté relacionado con nuestro querido pueblo. Situado a escasa distancia de la confluencia de la Vía Augusta con el camino que unía la costa con el interior (Camí de la Fusta) Cabanes fué aldea romana, se dice que la legendaria Ildum, cuando en toda esta comarca apenas había cuatro chozas diseminadas por todo el territorio.

Ruinas del Castillo de Abalat.
A la llegada de los musulmanes en el siglo VIII, viendo sus posibilidades, éstos la convirtieron en importante núcleo de población y centro comercial de todo aquello que los nativos producían en la comarca; todo ello en un momento en que pueblos como Torreblanca y Benlloch apenas existían como simples aldeas en posesión de los Castillos de Albalat y de Miravet, mientras Vall d'Alba lo era del de Vilafamés y la Pobla Tornesa del castillo de Montornés. En el siglo XIII, a la llegada de los pobladores cristianos catalanes que trajo consigo el Obispo de Tortosa Poncio Torrellas, tras la derrota de los musulmanes por Jaime I el Conquistador y toma de posesión del Castillo de Miravet, la mayor parte de las viviendas aún eran bastante rudimentarias motivo por el cual se dice que pusieron al pueblo el nombre de Cabanes (Cabañes, en catalán).

Ruinas del Castillo de Miravet.
Sin embargo en ese momento de la historia, cuando los musulmanes fueron expulsados a la llegada de Jaime I el Conquistador, Cabanes ya contaba con algunos edificios de importancia y, a su alrededor, al menos dos hornos y casi doscientos fuegos. El ascenso fue rápido e imparable a partir de ese momento, al tiempo que Miravet y Albalat fueron en declive hasta su anexión a Cabanes y desaparición final, como mucho antes lo fue el Castillo de Sufera, anexionado a Miravet. Pero, una vez más, los tiempos cambian...
A finales de la década de 1.960 llegó el turismo y los pueblos del interior quedaron anclados en el pasado, mientras los de la costa aumentaban a velocidades de vértigo. Los turistas de entonces, con recursos también muy limitados, solo estaban interesados en el gratuíto "sol y playa" así como en los bajos precios que España tenía con respecto a su lugar de procedencia.

Ayuntamiento de Cabanes.
Pueblos como Oropesa, que apenas llegaban entonces a los 1.000 habitantes, unas décadas después han sobrepasado los 11.000.
El turismo empezó a cambiarlo todo y negros nubarrones asomaban por el horizonte amenazando la estabilidad de los pueblos interiores de un país hasta entonces anclado en costumbres y formas de vida tradicionales. Algunos, los más pequeños, quedaron abandonados mientras los pueblos costeros empezaban a ampliar su población de forma desorbitada. Pueblos como Cabanes, con una cierta importancia agrícola y relativamente cercanos a la costa no temían al peligro del abandono, pero sí a la merma de sus posibilidades como pueblo al ver bajar el número de vecinos de forma alarmante. De los casi cuatro mil habitantes (3.957) que Cabanes tenía en 1.910 se pasó a los tres mil (3.050) en el año 1.970.

A pesar de disponer de una agricultura floreciente, envidiada por todos los pueblos de la comarca, con una producción superior a los 10 millones de Kg. de uva, otros tantos de naranja y al menos uno de almendras, entre otros muchos cultivos, la población mermó en sesenta años en más de 1.500 habitantes, más del 40%. Los vecinos y autoridades se lamentaban de que cientos de familias cerraran las puertas de sus casas y marcharan a Barcelona, Castellón o pueblos costeros en menosprecio de su pueblo. El 80% de los vecinos de Miravet y otras masías entonces habitadas, marcharon a pueblos vecinos como Benicasím, Oropesa y Torreblanca, cuando no a Castellón y lo mismo ocurría con los jóvenes de La Ribera que también abandonaron las diferentes zonas que les vieron nacer.

Barrios como La Estación llegaron a tener tres tiendas y dos bares mientras que hoy, sin contar a los marroquíes llegados en los últimos años, quedan menos de veinte vecinos. El emblemático edificio ferroviario en estado totalmente ruinoso, por culpa de la desidia de las autoridades de turno. El núcleo de la Venta San Antonio será probablemente el único que ha visto mantener o aumentar el número de vecinos.
El declive de Cabanes no finalizó y en el año 2.000 llegó a su cota más baja, quedando la población en 2.359 vecinos, una cifra inferior a la que tenía el año 1.857 que ya entonces contaba con 2.477 habitantes.
Ya en el siglo XXI y en el triste momento de crisis generalizada, que nos invadió en el año 2.010, nada hay garantizado a pesar contar con el Aeropuerto de Castellón a seis kilómetros ya acabado y en funcionamiento.

Como todos sabemos el Proyecto de Marina D'Or Golf y "Mundo Ilusión" quedó borrado del mapa con la crisis, pero Cabanes está donde estaba, a veinte minutos en coche de la costa, una costa a la que llega nuestro término municipal. Todos los pueblos costeros se enriquecieron con la llegada del turismo, excepto Cabanes. Nosotros perdimos el tren sesenta años atrás y mucho me temo que ya no lograremos recuperar el tiempo perdido. Ellos son quienes han de pelear, contra todo y contra todos, para poder atrapar aquel tren que generaciones anteriores dejaron escapar por la falta de interés de quienes entonces gobernaban. Terratenientes necesitados de mano de obra barata, a quienes el progreso no interesaba.

De todas formas el tesón siempre tiene su premio y las muchas familias que apostaron por seguir luchando en su pueblo, poco o nada tienen que envidiar a aquellos aventureros que optaron por probar fortuna en zonas más alejadas. La mayor parte de ellos, no hicieron otra cosa que ganarse la vida sin más. Algo que también hicieron los que aquí se quedaron. Me decía un amigo, que bien me quiere, que a los que son como yo él les llama "helicópteros", gente que sube muy lentamente pero que sube al fin y al cabo y de forma permanente.
- Yo -decía él- soy un "cohete", que sube rápidamente y baja a la misma velocidad. 
Desde mi punto de vista, el resurgimiento de Cabanes que señalo en el título de esta entrada, todavía no se ha producido.

Que un número indeterminado de familias haya vendido unas fincas a Construcciones-2000 y haya sacado unos buenos dineros que les ha permitido arreglar sus casas, comprarse un buen coche y disponer de unos ahorros en el Banco, no tiene nada que ver con el verdadero "despegue" que Cabanes tiene que realizar en un futuro no tan lejano. El "resurgir" de nuestro pueblo lamentablemente se verá retrasado por las circunstancias actuales de crisis generalizada y global, pero llegará algún día porque el pueblo, su ubicación y su entorno unidos a una juventud preparada y capaz, tienen todas las posibilidades para que así seqa. El Aeropuerto de Castellón, la Autovía CV-10 y un pueblo como Cabanes, con un término municipal privilegiado que, como decía su entonces Alcalde, "ho tè tot", no puede quedar relegado indefinidamente a la mediocridad.

Cabanes no ha sido un pueblo con suerte, pues han sido sus propios vecinos quienes han puesto zancadillas para frenarlo. Mala gente que ha progresado justamente gracias a sus malas artes. Como ya se sabe, en política, cuanto peor mejor. Todos esperamos que más pronto o más tarde lleguen jóvenes que tengan proyectos y los saquen adelante, situando el nombre de Cabanes a las más altas cotas, de las que no debió bajar jamás. Sin embargo que nadie se engañe, nada de esto se consigue sin esfuerzo y es mucho el trabajo a realizar. Hay que demostrar a quienes apostaron por marchar a otras latitudes que, con trabajo, también aquí se puede triunfar. Una vez más debo repetir aquello de que en ninguna parte "atan los perros con longanizas" y que para ganarse la vida trabajando son necesarias pocas aventuras. Trabajo hay en cualquier parte, lo verdaderamente difícil es ganar dinero honradamente y sin trabajar.
Eso sí es un arte... ¡que pocos saben hacer!.

RAFAEL FABREGAT

4 de mayo de 2010

0073- EL DESPEGUE DEL PUEBLO DE CABANES.

El pueblo de Cabanes, como todo el medio rural y fundamentalmente en las zonas consideradas republicanas, sufrió las miserias de la posguerra y tardó casi 20 años en despegar de la más extrema pobreza.
No sería hasta finalizada la década de los 50 cuando empieza la instalación del alcantarillado y cuando comienzan a asfaltarse las primeras calles, hasta entonces todas de tierra.
Sin alcantarillado ni agua corriente, la higiene es mínima y hasta el agua sucia de lavar los cacharros se lanza directamente a la calle. Los pueblos están invadidos por auténticas bandadas de moscas y gorriones que se encargan de eliminar de las calles los restos de comida; escasos granos de arroz o los cuatro fideos que han quedado en el agua de lavar los platos y las cacerolas.
La ropa se lava en los lavaderos municipales y las necesidades fisiológicas se hacen en patios y corrales, así como en las afueras del pueblo o en los bancales de labor. El agua para las necesidades más elementales de la casa tiene que acarrearse obligatoriamente en cántaros que se traen de la fuente con pequeños carritos de mano, que suelen tener capacidad para dos cántaros de unos 20 litros cada uno.

Al igual que los lavaderos municipales, también la fuente es lugar de encuentro y tertulia de las mujeres que deben realizar un par de viajes cada día para aportar a la casa el líquido elemento con lo cual la cola es, durante todo el día, permanente. Sin embargo, próximos ya a 1.960 desde el Ayuntamiento se cita a los vecinos de la calle San Vicente para proponerles el arreglo de su calle. La propuesta es pionera y para los vecinos un reto al que difícilmente pueden negarse. Se acuerda una pequeña ayuda económica municipal para la adquisición de la tubería general que evacuará las aguas residuales, pero los trabajos del cavado de zanjas, conexión particular y nivelación del terreno será a cargo de los vecinos, así como el hormigonado posterior.

La calle San Vicente es pues la primera de Cabanes que ve desaparecer la tierra y el fango, que son sustituidos por bonitas aceras de pavimento prensado y calle de hormigón. Sin embargo el mayor adelanto es el de poder evacuar todas las aguas sucias de la casa, pero para eso aún faltaba darle salida...
Viendo la respuesta positiva del vecindario de la calle San Vicente, el Ayuntamiento necesita que otras calles se adhieran a este proyecto a fin de canalizar todo el alcantarillado hasta las afueras de la población.
Se llama a los vecinos de la Plaza del Generalísimo, Delegado Valera y Calvario en una segunda citación y en una tercera a los de Ramón y Cajal, Plaza de la Farola y Calvo Sotelo (ahora Teatre). Dotadas estas calles del correspondiente alcantarillado y convenientemente asfaltadas, el primer ramal desembocará directamente en el "Ravatxol" que ya lleva las aguas sobrantes de los lavaderos municipales y el segundo se instalará paralelo a la Carretera de Zaragoza, para desembocar posteriormente al mismo río, detrás de la fábrica de ladrillos de "Fernando el Churro".

Ante la escasa circulación de agua de los alcantarillados su caudal es mínimo y altamente concentrado por lo que, al unirse al agua sobrante de los lavaderos municipales, forma grandes charcas putrefactas que hacen el aire irrespirable en las cercanías del "Ravatxol", provocando las quejas de los vecinos cercanos a la riera.
Poco tiempo después llegaría el agua potable a la población y el aumento de caudal de aguas residuales "barría" las inmundicias rebajando considerablemente el olor que ya solo molestaba en los meses más calurosos. Unos años después se construyó también la depuradora que, alejada de la población, trataba las aguas residuales y las devolvía al "Ravatxol" en condiciones aceptables. El Ayuntamiento corrigió las canalizaciones extramuros del alcantarillado, llevando hasta dicha depuradora los ramales principales. Tanto el que baja por la calle Teatro como el que lo hace junto al "ravatxol", se unieron a medio camino en la Carretera Zaragoza desembocando en la depuradora. 

La llegada del agua a los domicilios lo cambió todo. En pocos años todas las calles del pueblo fueron levantadas e instalados los oportunos desagües.
Las últimas calles en instalar el alcantarillado se unieron a las canalizaciones principales, dando salida a sus aguas residuales al conectarse unas a otras.
Todas las diferentes calles se vieron finalizadas con el hormigonado posterior de las mismas que, continuando la costumbre inicial, realizaban los propios vecinos en colaboración con el Ayuntamiento y alguna ayuda provincial. Todos los que contamos 60 años o más, hemos visto arreglar nuestra calle y muchos de nosotros hemos trabajado en ello. La gente tomó muy a bien la medida y colaboró en cuanto se les propuso, aportando sus propias herramientas y convirtiendo el trabajo en casi una fiesta. La evolución fué rápida y constante. Unos años después también fue sustituido el alumbrado público, hasta entonces simples bombillas de 40 W colgadas del cordón eléctrico en lo que era un simple farol, cada cincuenta metros o más, que no permitía apenas la visibilidad de las piedras y de los baches, siempre presentes en las anteriores calles de tierra.

El encendido de estas nuevas farolas fue algo espectacular y la frase comentada por todos era siempre la misma...
- És increible, amb aquesta il·luminació no es fà mai de nit...!
Los niños, especialmente en verano, jugábamos en la calle hasta altas horas de la noche sin ninguna gana de acostarnos. En pocos años el pueblo eliminó su esperpéntica imagen de suciedad y abandono por la de un pueblo acorde con los nuevos tiempos. Como se había hecho siempre las mujeres barrían y pasaban la regadera por las calles con un gusto exquisito, pero entonces con mayor motivo por lo agradable del resultado final, dándose cita todas las mañanas para esta labor que embellecía más si cabe al nuevo pueblo. Desaparecieron los malos olores de las casas y de las calles y un nuevo oficio se demandó con rapidez inusitada. Los fontaneros no daban abasto. Todas las casas precisaban ahora de duchas, lavabos y saneamiento, hasta ahora inexistentes.

Se renovaron cocinas y se remozaron unas casas que apenas se habían modificado desde su construcción. Empezaba una nueva época, el despertar de la nueva España era ya inexorable.
Quedaban pendientes las libertades que todos susurraban en el interior de sus casas, junto al fuego del hogar, pero nunca en la calle. Sin embargo ni el bien ni el mal dura para siempre y quince años después, con la muerte del dictador, llegaría también la Democracia tan esperada.
Una nueva forma de dictadura, cuya única diferencia es que el pueblo puede sustituir al dictador cada cuatro años.
Algunos quedaron defraudados, ¿qué esperaban?. Al pobre, como al rico, nadie le regala nada. ¡Hay que ganárselo a pulso!.

RAFAEL FABREGAT

3 de mayo de 2010

0072- CONSIDERACION Y TRABAJO DE LA MUJER EN LA POSGUERRA.

Como era de esperar, terminada la Guerra Civil española (1936-39) la mujer, pilar importante en la contienda por su entrega en hospitales y trabajos de retaguardia, no recibió el pago por los sacrificios realizados. Aquello era machismo y no lo de ahora...
El reconocimiento de la capacidad femenina a todos los niveles, cosa más propia de las izquierdas, ha sido una reivindicación constante que solo alcanzó algunas metas en la época anterior al Alzamiento Nacional.
La segunda República reconoció el esfuerzo y los derechos de la mujer y ésta progresó hasta cotas solo comparables a las que actualmente disfruta, ya dentro del siglo XXI. Los logros obtenidos por la mujer en la época de la República no habían sido otra cosa que recuperar las libertades perdidas, o nunca disfrutadas anteriormente.

Fua entonces cuando pidieron (y obtuvieron) el simple reconocimiento de su libertad y su igualdad respecto al varón, muy especialmente la jurídica. Algo aparentemente simple, pero nunca reconocido. Sin embargo, aquellos derechos que costaron siglos conseguir, fueron eliminados nuevamente con la llegada del franquismo.
La mujer fue confinada nuevamente a los cuidados del hogar y la procreación. Los hijos y el marido eran, a ojos del gobierno de Franco, el único destino que la mujer tenía dentro del sistema establecido.
Tanto era así que, con la victoria de Franco sobre los republicanos, la mujer volvió a los tiempos de antaño. Por mucho que duela decirlo, nadie sufrió derrota mayor que la mujer.

Desde el primer momento, Franco dejo las cosas claras al respecto...
- La mujer será la que cuide del hogar, guiando a los hijos por el camino y las enseñanzas de la Patria, cuidando al marido para que siempre encuentre en casa cuanto precise y que no tenga que buscar distracción en bares y tabernas en los ratos de asueto...
La sentencia era clara, confinamiento en el hogar y acatamiento a lo que dictara el marido. Sus derechos de igualdad quedaban nuevamente recortados y solo bajo la obediencia y sumisión al marido podía acceder a aquello que antes tenía por derecho y libertad. La independencia económica había desaparecido y también la sexual.

El 9 de Marzo de 1.939, como protección a la familia, se decretó el llamado "Fuero del Trabajo", una serie de normas que impedían la emancipación de la mujer.
El Estado prohibió el trabajo nocturno de las mujeres, reguló el de asistenta de hogar e impidió su acceso a fábricas y talleres.
Al mismo tiempo le impidió también el acceso a trabajos lucrativos y prestigiosos, por lo que fue excluida de un sinfín de titulaciones, a excepción de la de Magisterio.

Otra cosa prohibida por la legislación, era el abandono del hogar sin permiso paterno salvo que hubieren cumplido los veinticinco años o que fuera para casarse.
También fue derogado el matrimonio civil y el divorcio, entre otras leyes vigentes en la II República.
Ante la falta de mano de obra, el Estado premiaba la natalidad con 30 Ptas. mensuales a partir del segundo hijo y 15 Ptas. más por cada hijo, hasta los doce.
Las familias que superaban los doce hijos cobraban 50 Ptas. mensuales por cada uno de los hijos que excedieran de doce.
El subsidio se abonaba al padre de familia y quedaba anulado en caso de trabajo de la mujer.
La Ley de 4 de Enero de 1.941 castigaba la divulgación pública (libros, revistas, etc.) de medios o procedimientos para evitar la procreación, así como cualquier tipo de publicidad sobre anticonceptivos y el día 1 de Noviembre del mismo año, derogaba todas y cada una de las Leyes aprobadas tras el Alzamiento Nacional, que no hubieran emanado de las autoridades militares bajo el mando de Franco.


No es hasta el 15 de Marzo de 1.951 cuando se legisla sobre derechos políticos, profesionales y laborales de la mujer.
A esta ley siguen otras que van incorporando progresivamente a la mujer al trabajo remunerado y es el 20 de Agosto de 1.970 cuando una nueva Ley da derecho a la mujer a las carreras judiciales.
Conchita del Carmen Venero fue la primera mujer jueza, nombrada en 1.971, como miembro del Tribunal Tutelar de Menores.


La Ley del 3 de Marzo de 1.956 permitió por vez primera votar a las mujeres en referéndum sobre la Ley de Sucesión, pero la misma ley excluía de la sucesión a las mujeres. Hasta el año 1.976 se mantuvo la exigencia de autorización marital para el ejercicio de los derechos laborales de la mujer, así como en los actos jurídicos o económicos.
El Catedrático de Higiene D. Rafael Foros dijo que "la mujer debe cuidar la belleza y la sanidad del cuerpo, ya que la de la inteligencia es un tanto difícil de encontrar...! También dijo que "es un ser incapaz de sacrificarse por amor, lo que la hace especialmente apta para la crianza y educación de los hijos y para el gobierno y arreglo del hogar..."

Se estableció pues el patriarcado. La mujer estaba supeditada al varón y los hijos a los padres. El matrimonio no tenía otra función para la mujer que la de ser madre y con respecto al marido la de hacerle la vida agradable, cuidar de la casa, engendrar hijos y darle placer.
Según Gregorio Marañón "el matrimonio no se hizo para la satisfacción de los cónyuges, sino para criar hijos". Si esto es así, ¿como definiría este personaje a los matrimonios sin hijos?.


La mujer dependía siempre del varón, primero del padre y después del marido, una propiedad que se adquiría por contrato.
Desde muy joven se la enseñaba a agradar, no a ser alguien en la vida. Su papel era pues sexual y procreador.
Su formación no era importante y se la impulsaba a buscar marido como seguro de vida.
La carrera de la mujer era casarse.
En muchos casos la diferencia de edad con el marido era abismal.
Ella ofrecía la juventud, la belleza y la virginidad, mientras que el hombre aportaba la seguridad económica de la familia.
Ante la falta de amor, el sexo se reducía a la aportación de tres o cuatro hijos al matrimonio, tras lo cual la mujer se ponía el corsé y apenas le importaba que el marido tuviera alguna amante siempre que no faltara nada en casa.
Una vida de resignación y falta total de aspiraciones personales.


Su vestuario no podía ser provocativo, brazos y piernas bien tapados, para no provocar malos pensamientos. Se daban pues instrucciones precisas sobre escotes o largo de las faldas.
La Iglesia consideraba pecaminoso el goce de la mujer, tolerando el sexo dirigido solo a la procreación.
Sin embargo no aplicaba la misma vara de medir para el marido, señalando pecado para la mujer que negara al esposo el débito conyugal.
A las solteras la Iglesia les pedía castidad y a las casadas fidelidad y estar siempre atenta a las necesidades del marido.

Se impusieron los bañadores con faldita, el albornoz playero y el doble turno en las piscinas.
Aún tras el matrimonio no podían pernoctar en los hoteles si no llevaban el Certificado de Matrimonio ya que las parejas no eran aceptadas.
Las relaciones sexuales no debían llevarse a cabo en determinadas festividades litúrgicas o durante la Cuaresma. A la mujer solo se la consideraba honesta cuando su marido la poseía a oscuras, sin despojarla del camisón y con un crucifijo presidiendo el lecho conyugal.
Con tales ataduras no podía haber medias tintas. La mujer era santa o era puta. Semejantes tropelías gusta poco recordarlas pero, al mismo tiempo y aunque no se lo parezca, es bueno que la juventud actual tenga conciencia del excepcional momento de libertades en el que les ha tocado vivir. Desgraciadamente... ¡no siempre ha sido así!.

RAFAEL FABREGAT

30 de abril de 2010

0071- LOS MEDIOS AGRÍCOLAS DE ANTES.

Hasta bien avanzada la década de 1.960 las herramientas agrícolas eran, al menos en nuestra comarca, muy rudimentarias. Tanto es así, que todavía yo he visto labrar los campos con arado de madera. ¡El antiguo "forcat" del que sobresalían dos pequeñas aletas metálicas u "orelleres"!
Naturalmente lo he visto muy de pasada, puesto que ya había entonces de los de hierro pero en las casas pobres, que eran prácticamente todas, todavía disponían de esa herramienta ya obsoleta.
Lo que si tenían todos era el famoso "forcat" de hierro, cuya "rella" había que forjar y endurecer en cada dos días de trabajo (según el tipo de tierra) por lo que el labrador tenía dos o tres rejas y al menos una de ellas estaba siempre en la herrería "per a llucià" (para arreglar). Se disponía también de la "giratoria", del "vernet" y especialmente de un buen surtido de azadas para todos los usos. La lligona, escarpellera, aixà plana, cavasoques, etc. etc. así como las pequeñas de "birbà".

El primer trabajo del agricultor, cada mañana, era darle al "matxo" un poco de comida que el animal devoraba aprovechando el tiempo que el dueño empleaba en preparar todo lo necesario. El "forcat" y les barres, atados al "varal" del carro, en la caja una "sarieta" repleta de paja, alfalfa y algarrobas para el animal; azadas, "corbella", el "saquet de la berena", el "canteret del aigua" y el tabaco.
Algunos, muy pocos, también cogían algo de dinero, no se sabía para qué. Mi padre siempre ha llevado un pequeño monedero, también cuando iba a trabajar al campo. (?) Mi madrastra, siempre le decía...
- No m'explique per a que agafes diners per anar al camp.
- Per si em surt una polla! -respondía mi padre riéndose.
- Està bé, està bé... fes lo que vulgues -refunfuñaba mi madrastra.
Lo más importante para él era el tabaco.
Si se hubiera dejado el arado, mi padre habría empleado la jornada en cavar los árboles o arreglar una pared caída. Pero si alguna vez se ha dejado el tabaco, mi padre siempre ha vuelto al pueblo a cogerlo, natualmente a pie.

En cuanto a los caminos de entonces... ¡Uf!
Con todos los carros con ruedas de hierro los caminos estaban destrozados. Profundas rodadas insalvables que obligaban a ir exactamente por el mismo sitio que los demás, sea cual fuere el gusto de cada cual. 
Cuando llegabas a tu finca, el animal sacaba fuerzas de flaqueza para conseguir sacar el carro de las profundas rodadas generales a fin de dirigirlo hacia el "entrador" de la finca en cuestión.
Sin embargo el duro trabajo diario al que se sometía a estos animales, hacía que estuvieran en todo momento fuertes y sanos, siempre naturalmente que no les faltara alimento en consonancia al esfuerzo que se les exigía. Tras el viaje, desenganche del carro y colocación de las barras y arado.

No había descanso. El almuerzo del labrador solía hacerse durante el camino de acceso a la finca y por lo tanto, para el animal no había un solo minuto de relax.
Llegar y enganchar "colleró, barres i forcat" era inmediato.
Los esforzados animales, especialmente en el verano, exudaban una espuma blanca que ponía de manifiesto el duro esfuerzo a que se les sometía. De vez en cuando el agricultor, al finalizar el surco que le dejaba en las inmediaciones del carro, paraba al animal y buscaba "el canteret del aigua". El "matxo" mordisqueba alguna yerba del bancal vecino o del "ribas" que pudiera haber a la punta del bancal a trabajar. Un minuto de relax, con suerte cinco, en caso de que el labrador encendiera un cigarrillo. Hasta diez si el cigarrillo había que liarlo, como era lo habitual. Buscar la petaca y el librito de papel, liar el cigarrillo, el mechero "de calbot" que no hace buena chispa...
El animal, rebuzna aliviado, esperando que la situación dure el máximo tiempo posible.

Sin embargo no, no era así. Encendido el cigarrillo el labrador vuelve a la carga; para fumar no es necesario parar el trabajo. Una mano le es más que suficiente para sujetar el arado y el trabajo continúa.
Al media mañana sí que solían hacerse una pequeña parada.
Todos agricultores, los campos estaban llenos de gente. Si no tenías al vecino de tu finca, sería el de más allá, a escasos cien metros. Era costumbre entonces lo que se llamaba "fer un cigarro" que consistía en una parada de quince minutos. El duro trabajo lo exigía. Teniendo tantos vecinos cerca, trabajando como tú, lo normal era que uno u otro se acercaran entre ellos para hacer juntos la ceremonia del "cigarret". Amena charla sobre el tiempo o la política, sentados en la pared más próxima y breve descanso (ahora sí) para el animal. Quedaban para comer juntos bajo el árbol que hubiera más frondoso, fuera de uno o de otro e incluso de alguna finca vecina. 

Si no había vecino cercano con quien charlar, era frecuente una pequeña "cabezada" tras la comida que solía durar cerca de la media hora. El labrador desenganchaba al animal del arado y le acercaba a la "sarieta" donde le esperaba el sabroso pienso. Durante esa hora larga de descanso el mulo comía tranquilamente y se aliviaba del duro trabajo. Pasado ese tiempo, más de lo mismo hasta finalizar la jornada. No habiendo otros adelantos, era normal en prácticamente todas las casas tener al menos un mulo o un burro y en algunas ambas cosas. Si se dedicaban también al acarreo de "malea", era bastante habitual tener un burro de apoyo para las cuestas. Los hornos de las fábricas de cerámica funcionaban entonces con la quema de maleza que se pagaba a un tanto por cada unidad o "gavell" que venía a ser el montón que un hombre podía abarcar entre los brazos, convenientemente atado con un cordel al efecto.

Eran muchos los hombres que se dedicaban a "tallar malea" y otros muchos también los que se ganaban la vida acarreándola hasta las fábricas de Onda con los carros, siempre provistos de un par de animales. Normalmente iba el "matxo" enganchado al carro y un burro en punta. A la vuelta el burro, ya no necesario, iba atado en la parte trasera del carro. El viaje ocupaba un día largo, por lo que era obligado madrugar y la vuelta solía ser bastante tarde.
Ante la falta de rentabilidad suficiente de los campos de labor eran muchos, repito, quienes se dedicaban a este trabajo. Después ya se llevaba con camiones, pero el "tallador" y los carros para dejar la maleza a porte de camión, seguían siendo necesarios. Los carros con ruedas de hierro, muchos de ellos ya viejos y destartalados, quedaron relegados a su utilidad como "cadafal". Los más nuevos incorporaron las nuevas ruedas de goma, pero todo tendría una vida ya relativamente corta. 

Pronto llegaron los nuevos tractores, primero escasos y dedicados al trabajo por horas. Después los particulares que, poco a poco, fueron jubilando a los viejos mulos muchos de los cuales quedaron encerrados en los corrales, ante la falta de coraje de sus dueños para venderlos para carne. Una decisión nada fácil, si tenemos en cuenta lo mucho que habían luchado juntos hombre y animal...
Los tiempos cambian y ya en auge la época del motor, tras el aprovechamiento de la zona de rodadura para la fabricación de alpargatas, el resto de las viejas ruedas sustituyeron a "la malea" como combustible cerámico. Sin embargo el aprovechamiento de los neumáticos en ese menester fué corto. Las fábricas instalaron el fuel como combustible y las ruedas quedaron sin aprovechamiento ninguno, puesto que también las alpargatas con suela de goma eran bastas y dejaron de venderse. Todo quedó obsoleto un tiempo después con la llegada del gas natural.


También el histórico "cadafal", confeccionado con carro de ruedas de hierro, "cabirones" y alguna vieja puerta como soporte de las numerosas familias, quedó obsoleto. Nuevas barreras metálicas les sustituyeron con ventaja y todo ello pasó a la historia de este y de todos los pueblos de la comarca.
Aquellos esforzados agricultores se jubilaron ya, algunos ya descansan en paz. Los duros animales de labor, han sido sustituidos por tractores que llenan las casas a pesar de la escasa o nula rentabilidad de la agricultura. También algunos nostálgicos los han cambiado por caballos de paseo, con el consiguiente gasto y nula rentabilidad. Como tantas veces se ha dicho... ¡Nada muere, solo se transforma!.

RAFAEL FABREGAT

29 de abril de 2010

0070- EL PASO INEXORABLE DEL TIEMPO.

Siempre lo he oído decir a mis mayores, pero nunca se hace caso de esas "tonterías" hasta que le afectan a uno.
- Me passen els dies volant -dicen constantemente los viejos.
- Ja van les bobades -refunfuñan los jóvenes.
Pero... ¡hay!. El tiempo pasa para todos y apenas sin darte cuenta te conviertes en uno de los que repiten la susodicha frase. Porque... ¡hay que ver, si tienes salud, lo rápido que pasa!.
Yo, apenas unos años atrás, sufría pensando que sería de mí cuando dejara de trabajar. Me imaginaba aburrido y con un reloj que no avanzaría apenas, convirtiendo los días en algo tedioso e interminable.
Pues no, amigos, no. Afortunadamente estaba equivocado...

Te levantas a tu aire, cuando te da la gana. Te vas a dar una vuelta, viendo como trabajan los demás y después al bar a almorzar, disfrutando de la charla siempre amena de unos y otros. 
Ellos tragando la comida sin apenas masticar y tú relajado, sin prisas. La cervecita fresca, el bocadillo de calamares calientes, las brillantes olivas y un buen café dan para casi una hora. Cuando trabajaba tampoco fichaba, pero era diferente... Más quebraderos de cabeza, aunque también la flexibilidad del horario que es lo que a mí me ha gustado siempre. Los autónomos como yo no usamos reloj, se trata simplemente de hacer el trabajo que tengas que hacer. Al decir esto me refiero a mi periodo laboral que, actualmente está ya finalizado.

Ahora queda vivir un poco, mientras la salud lo permita. Llevar o recoger a mis nietos del colegio, hacer alguna escapada a la casita de La Ribera, llevar a la mujer a la compra, una vuelta por el campo para recoger unas setas... En fin, lo que la época y el cuerpo te pidan en cada momento.
Mi pasión, desconocida hasta ahora, es la escritura. Me relaja, me permite expresarme con la facilidad que no tengo verbalmente. No sé si interesará a muchos la lectura de mis relatos trasnochados, pero eso a mí no me importa. Yo escribo para mí y para los míos, nada más. Si alguien, por un casual, me lee y se burla de mis escritos y de mi persona, me importa un pimiento. Los más de setenta años que tengo cumplidos me dan la suficiente tranquilidad de expresarme libremente sin que me afecte lo que otros puedan pensar.

Salvo que el tema sea extenso y requiera tiempo y espacio, normalmente son entradas cortas, de uno o dos folios, acompañados de imágenes lo más acordes posible al tema tratado que, en la mayor parte de las ocasiones es sobre mi pueblo y sus gentes, entre las que me cuento. 
También de mis hijas y nietos, así como algún tema de actualidad o de la Historia de nuestra zona.
Esa es mi vida actual. Me río ya de otros tiempos y de otras personas que hubieran deseado verme fracasar. Me río de esos enemigos enconados que, sin motivo aparente, todos tenemos. Personas despreciables, envenenadas por la envidia y cuya vida no les ha llenado como ellos esperaban. No puede dar satisfacción el dañar a los demás, aunque eso te sirva para escalar un peldaño más del muro al que quieres subirte. 

A final de cuentas la vida es corta pero suficientemente larga para poner a cada cual en el sitio que le corresponde.
- "Por sus hechos les conoceréis" -dijo Jesucristo.
Yo, ya paso de muchas cosas, especialmente de este tipo de gente. 
Después del linchamiento del que fuí objeto en mi juventud y de toda una vida dedicada exclusivamente al trabajo y a la familia, ya todo me resbala. Pero, aviso a navegantes, lo que ocurrió entonces hoy no se repitiría. A alguien se le caería la lengua en el suelo ¡y algo más!.
Habré tenido fallos, como todo el mundo. Pero he ido siempre con buena fé, haciendo lo que creía correcto y sin perjudicar conscientemente a nadie. A pesar de ello, me ha ocurrido de todo. 
No quiero más problemas y las escasas fuerzas que me quedan son para dedicarlas a los míos y a los que me quieren, no para discutir por nada ni con nadie.
El que me quiera, tiene que hacerlo tal y como soy. El teatro de la vida ha finalizado para mí. 
Antes de cerrarse definitivamente el telón quiero agradecer el amor que algunas personas me han dado. Espero gozar de la salud suficiente para poder agradecérselo.
Ahora, tal como dicen las estrellas de la Revista... 
Gracias. ¡Gracias por venir!.

RAFAEL FABREGAT