11 de agosto de 2011

0450- EL TRIUNFO DE LA SINRAZÓN.

Hay un refrán valenciano cuya veracidad se demuestra cada día. "De fer be, mal te ve". 

El esfuerzo común por llevar el bienestar a todos los rincones y diferentes estratos de la población, se paga ahora cuando la profunda crisis mundial que padecemos impide continuar regalando las ayudas que hasta hace poco tiempo eran posibles. ¿Qué solucionamos pues regalando tales ayudas?. Pues nada. Acostumbrar a la gente a percibir un dinero sin trabajar. Es escaso sí, pero llueve del cielo como el "maná del desierto del Sinaí". ¿Quien se cansa de eso y quien busca un trabajo legal que acabe con esa bicoca?. Solo un 10% preferían encontrar trabajo, aún a costa de perder tan dulce ayuda. El 30% no lo buscaban ni lo aceptaban cuando salía, el 60% lo cogían siempre que fuera ilegal y complemento de la ayuda recibida. Con esa actitud, solo podemos caminar hacia el desastre general. Sin embargo, pobres remedios, pobres desfalcos. Aunque todo ayuda, no está ahí el motivo de la ruina de esta nación ni la de ninguna otra. La ruina está al perder los gobernantes el timón del poder mundial, en detrimento de la barbarie económica. Quienes gobiernan actualmente el mundo apenas son pintores de brocha gorda, los cotizados cuadros al óleo de fino trazo no son ellos quienes los ejecutan. 

La época de los gobernantes ha pasado a la historia y en este momento se ven incapaces incluso de castigar a los malhechores. Ya no se presenta uno a las urnas por mandar, puesto que poco o nada mandan, sino simplemente por figurar y arreglar económicamente su casa. Quien manda actualmente es quien no quiere obedecer. Los gamberros son los que mandan; ellos gobiernan las calles, no solo para imponer su presencia, sino para desvalijar comercios y quemar coches y establecimientos; no siempre por necesidad y ante la pasividad de una policía que se ve incapaz de dominar las hordas de malhechores. Eso sin contar que muchas veces no tienen órdenes de hacerlo. ¿Para qué tienen que arriesgar su integridad física si, de cogerlos, saldrán del juzgado dos horas antes que quien les detiene?. 

Esta gentuza que hoy domina las calles, se instaló en esta actividad al ver que el dinero llovido del cielo empezaba a escasear. Son tunantes, holgazanes que ignoran como se gana el dinero y que quieren seguir ignorando esa forma de ganarse la vida. Ajenos a las enseñanzas de unos padres, demasiado ocupados en sus negocios unos y acostumbrados a malvivir a base de ayudas otros, prefieren el saqueo callejero a ver la forma de ganarse la vida dignamente. No han heredado de sus padres la enseñanza del trabajo como ejemplo de vida y creen que salir a la calle puede ser una forma de mantener ese estatus sin trabajo, a costa de los demás. Todos sabemos, ellos también, que esa actitud no es ni puede ser la solución.

Pero el gobierno carece de dinero para dar pero tiene la opción de endeudarse. Claro que, agotada su capacidad de endeudamiento y sin casi poder pagar siquiera los intereses, se verá obligado algún día a cerrar el grifo del maná celestial. Ni siquiera son los gobiernos quienes actualmente gobiernan. Existen actualmente dos barbaries, dos triunfos de la sinrazón, que gobiernan en este momento al mundo. Las agencias que, siendo juez y parte, controlan el valor del capital en bolsa y el anarquismo callejero. Los primeros no solo controlan el dinero de todos, sino que son ellos también quienes deciden si nuestro dinero es o puede ser papel mojado. Que una familia se vea sin recursos es un completo desastre pero también lo es que, quien los tiene, vea como otros deciden su valor. Solo el oro se salva y lo hace porque quienes manejan el cotarro han decidido acapararlo. 

Si en lugar de tenerlo ellos lo tuviéramos los demás, ellos mismos decidirían que tal metal carece de todo valor. Somos pues simples marionetas cuyos hilos manejan entre cuatro. ¿Qué razón hay para que todos hayamos podido vivir de nuestro trabajo y que, de golpe, nadie sea necesario?. Todos pensábamos que las aguas irían volviendo poco a poco a su cauce pero, viendo el rumbo de las cosas, mucho nos tememos que la solución no pueda darse más que a través de un desastre mundial. Así sucedió a primeros del siglo XX y en la mitad del mismo. Cuando la cantidad de listos supera el número admisible, parece ser que la única solución es acabar con ellos. La humanidad no puede en modo alguno vivir en bienestar general. Cuando éste se produce los caminos que conducen al mismo se resquebrajan. ¿Por qué?. La respuesta es muy sencilla: alguien tiene que trabajar. Unos (pocos) ponen el capital y otros (muchos) la mano de obra. Eso tan simple y que parece que hayamos olvidado, ha sido siempre así y así tendrá que seguir siendo. A las buenas o a las malas. El anarquismo no ha sido nunca la solución, porque de eso no se come. Alguien tendrá que seguir sembrando patatas...

RAFAEL FABREGAT

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