4 de marzo de 2013

0941- EL MUNDO DE LA SEDA.

Escuela nacional franquista.
En las escuelas de Enseñanza Primaria de la época de Franco era común cantar el "Cara al sol", brazos en alto, acto previo al acceso de los niños en las aulas. Tras el himno e izado de la bandera, la primera misión era dar de comer a los gusanos de seda, como forma de enseñar al alumnado la cría y reproducción de los gusanos de seda. En una de aquellas habitaciones no utilizadas como aula, los maestros 
ponían cañizos apilados y separados unos de otros con cuatro latas vacías de conserva y criaban unos cientos de gusanos para que toda la población escolar viera con detalle el funcionamiento de lo que bien podían ser las granjas de este lepidóptero originario del norte de Asia. 


Gusanos de seda.
Como recurso educativo, la dirección del colegio adquiría un cierto número de capullos de seda que, en las semanas siguientes, daban paso a la salida de las mariposas y a la puesta de unos minúsculos huevecillos de los que, con la llegada de la primavera, nacían los pequeños gusanillos a los que se alimentaba con hojas tiernas del árbol de la morera, variedad relativamente abundante en la España de aquellos tiempos. Finalmente todo el alumnado acababa teniendo en su casa media docena de aquellos animalitos metidos dentro de una caja de zapatos.


Ruta de la Seda.

Los gusanos, ávidos comedores de aquellas hojas, engordaban rápidamente para después formar nuevamente el capullo inicial y encerrarse dentro, a fin de convertirse en mariposa y dar paso a una nueva generación de gusanos. 


Imperio Partho.
La leyenda nos dice que en el año 3400 a.C. la emperatriz china Xi Ling-Shi tomaba el té bajo una morera cuando, de improviso, un capullo vino a caer en su taza. Aunque en principio la taza fue abandonada sobre la mesa, unos minutos después la princesa cogió curiosa aquel pequeño ovillo viendo que se trataba de un hilo fuerte y brillante que se podía tejer. Tardaría muchos en demostrarse su utilidad y siglos en ser conocida esta tela excepcional puesto que la ínfima producción solo estaba destinada a la familia imperial china. No sería hasta el siglo I d.C. cuando, aunque todavía muy limitada, una producción relativamente mayor permitió regalos e intercambios entre mandatarios de otros países. De todas formas la producción era todavía muy limitada y alto secreto nacional. La extraordinaria tela se conocía en todo el mundo civilizado, pero nadie sabía cual es la materia prima empleada. 


Pieza de tela de seda.
Ninguna imagen puede reflejar el extraordinario tacto de la seda. La reputación de aquel tejido tan especial llega a conocimiento de los romanos, que la ven por vez primera tras la derrota infringida al Imperio Parto. Aunque en cantidad muy limitada, los Partos tenían establecidos intercambios comerciales con Oriente y ya disfrutaban del suave tacto de aquella tela desconocida en occidente. En el siglo IV d.C. y por primera vez en la historia, alguien saca de China a escondidas algunos capullos de seda y unas décadas después aparecen en Asia Central granjas de esta especie de gusano y los primeros talleres artesanales para la fabricación de tejido. Un siglo después (V d.C.) la seda llega a Europa. Contrariamente a lo que los chinos pensaban, el conocimiento europeo de la seda no perjudicó su demanda sino que, más bien al contrario, ésta se multiplicó mil veces dando paso al mayor protagonismo de la ruta entre oriente y occidente. En los primeros siglos de nuestra Era la seda era tan apreciada que los chinos la usaron como intercambio de caballos, metales preciosos y objetos de lujo de los países con los que comerciaban. 


Vestido medieval de lino.
Acostumbrados a vestir con bastas telas de lino o algodón y conocedores de este descubrimiento sin precedentes, las familias reales europeas y las de ricos comerciantes pagaban auténticas fortunas por una pieza de aquella tela de tan delicados y brillantes colores, intensificándose un comercio que viajaba a través de miles de kilómetros por desiertos y caminos intransitables. Sin embargo la cría del gusano de seda no se llegaría a Europa hasta el siglo VI cuando dos monjes enviados por el emperador Justiniano consiguen sacar de China, ocultos en una caña de bambú, huevos de gusanos de seda y semillas de morera, único alimento que come esta especie de lepidópteros. Aún así la producción de gusanos en Europa a gran escala tardaría en cuajar y los primeros talleres de seda y telas de este material no se instalarían en Venecia (Italia) hasta principios del siglo XII, parecida fecha en la que Marco Polo viajaría a China (1271) en compañía de su padre y de su tío, socios mercaderes venecianos que serían los primeros europeos en viajar a este país por "la Ruta de la Seda". La ruta no era un camino lineal, sino una serie de etapas entre distintas poblaciones y reinos, cuyo final eran las tierras del maestro Confucio. Se dice que la familia Polo fue la que trajo a Europa el invento chino de la pólvora. La primera vez que dicho invento fue utilizado en el continente europeo, fue en la Batalla de Niebla (Huelva, 1262). 


Capullos y gusanos de seda.
La seda es pues una fibra natural de tipo proteínico. El capullo, formado por un gusano adulto llegado a su fase máxima, se encierra sobre sí mismo para dar paso a su metamorfosis. Convertido en mariposa hace su puesta de huevos y se inicia nuevamente el ciclo. Es pues ese capullo el que, escaldado y deshilado, produce una fibra de casi 1 Km. de largo. La producción industrial de seda es pues la cría masiva de gusanos y el uso de los capullos formados por éstos antes de realizar su metamorfosis, ya que la salida de la mariposa significa la perforación y consiguiente corte de las fibras que constituyen el capullo. 


Deshilvanado de capullos.
Cosechados todos los capullos que se quieren aprovechar para la producción de seda y previamente escaldados, se busca el inicio de la fibra de cada uno de ellos y se atan a una rueca o devanadora donde van hilvanándose de forma industrial. Ese es el modo más rudimentario de producir la seda aunque, claro está, aquello ha pasado a la historia y en la actualidad la fibra se produce de forma totalmente mecanizada. De todas formas la perfección de la industria sintética textil  y los bajos precios a los que se consiguen estos materiales, ha relegado a la seda a bajos niveles de uso, impensables poco años atrás. La modernización industrial acaba con todos los productos artesanales, algunos de ellos totalmente irrepetibles, pero así es la vida y el mundo moderno que nos ha tocado vivir.


Ya en la Odisea de Homero (s.VIII a.C.) se dice que Odiseo vestía una camisa "brillante como la piel de una cebolla seca". Lógicamente los historiadores atribuyen esta definición a lo que podría ser una camisa de seda, aunque no hay noticias de que esta prenda hubiera podido llegar a sus manos en esa época tan remota. La introducción de este vaporoso material en la Península Ibérica no llegó hasta la invasión islámica, a finales del siglo VIII. 

RAFAEL FABREGAT
El último Condill, español.

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