
Silvino Zafón, "El Niño de la Estrella" nació un 12 de Septiembre de 1.908 en el poblado de La Estrella, término municipal del muy noble pueblo de Mosqueruela (Teruel).
Esa importante aldea turolense, situada entre Vilafranca del Cid y Vistabella del Maestrazgo, a 15 Km de Mosqueruela (por pista de tierra), solo tiene en este momento dos habitantes (Juan-Martín y Sinforosa), dos ancianos que custodian el lugar y que, con una amabilidad y paciencia sin límites, acompañan a cuantos están interesados mostrándoles el Santuario y hospederías a la vez que les cuentan su historia y alguna leyenda, no todas porque las que son contrarias a la Iglesia no puede contarlas quien vive de forma gratuita en susn propiedades. Casa Vieja u Hospital de Peregrinos del s.XVII, junto a la iglesia y Casa Nueva o Noble del s.XVIII con portada de sillería y escudo que alberga a los romeros en fiestas.

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Silvino con sus padres, en una de sus visitas. |
Pobres de solemnidad, los padres de Silvino decidieron probar fortuna en otras latitudes motivo por el cual en 1.920 se trasladaron a Barcelona.
Con apenas doce años de edad, Silvino aprendió el oficio de panadero en la ciudad condal y se impregnó rápidamente de la afición taurina, aprendiendo a usar capa y muleta. En el año 1.928 debutó como novillero en la Plaza de Toros de Vinaroz, con el nombre artístico de Silvino Rodríguez. Después de algunos años toreando en las ferias de pueblos y ciudades, debutó en la Plaza de las Ventas de Madrid el día 28 de Junio de 1.930, alternando con Eliseo Capilla, en un ascenso imparable que le llevó por las más importantes plazas españolas. A petición de todos los vecinos de Vilafranca del Cid, el año 1.933 inauguró la plaza de toros de esta población vecina de su aldea natal, en un acto muy emotivo para él y para toda su familia.
Ya en plena Guerra Civil, tomó la alternativa en Barcelona, el día 16 de Mayo de 1.937 de manos de Pedro Basauri con toros de Pellón. Solo toreó dos corridas más, ambas en Barcelona, incorporándose de inmediato a la 96 Brigada Mixta y entrando en combate en el frente de Teruel bajo las órdenes del bando republicano.
Acabada la guerra, en represalia a su conocida ideología y fuerte implicación republicana, las nuevas autoridades no le reconocieron la alternativa tomada en 1.937 y tuvo que volver al escalafón de novilleros, reapareciendo en la Plaza de las Arenas de Barcelona el 8 de Junio de 1.939, pero ya marginado por público y empresarios que le reconocían como consumado enemigo del Régimen. Con posteridad a la Guerra Civíl, la aldea de La estrella y todo el barranco en general fue territorio "maqui" y lugar de paso de éstos hacia Valencia. En 1.945 Silvino fué detenido, acusado de pertenecer a los maquis de Teruel y Zaragoza, saliendo en libertad en 1.947 lo que aprovechó de inmediato para torear una última corrida en Linares.
Presionado por los servicios secretos españoles, decidió emigrar a Francia donde siguió vinculado al mundo taurino. Murió por accidente de moto el 14 de Marzo de 1.963 en Orange, a los 54 años de edad.

Esta es (muy resumida) la historia de un gran torero, que pudo ser larga y gloriosa y no lo fue por las cosas de la política y del momento que le tocó vivir. Los pormenores de su vida artística, están recogidos más ampliamente en la Enciclopedia taurina "Los Toros", una iniciativa de José Ortega y Gasset, sugerida por la editorial Espasa-Calpe y encargada a José María Cossío que ha sido considerada la obra más importante realizada sobre esta actividad.
Eran tantas las leyendas sobre el poblado de la Estrella, que en todo el Maestrazgo se tenía por un pueblo maldito. Construído el santuario por los templarios, se dice que la hospedería anexa fue lugar de acogida de amantes de los nobles de la Corte y de hijos ilegítimos, conociéndose entre los lugareños como "La paridera del rey". Dice la leyenda que una de esas mujeres dio a luz un niño que le fue inmediatamente arrebatado. Acudió ésta a la virgen a quien pidió la desgracia de quien le quitó a su hijo, pero la Virgen no le escuchó. Desesperada subió a lo alto de la montaña y, a cambio de su alma, pactó con el diablo la destrucción del poblado que se llevó a cabo al siguiente día por medio de una fuerte tormenta.
Esta leyenda hace referencia a la gran riada del 9 de Octubre de 1.883 que en solo una hora (7 a 8 de la tarde) destruyó una gran parte de las sencillas viviendas y en la que hubo 22 muertos y 5 desaparecidos. De las 45 casas, 16 desaparecieron completamente y la mitad de las restantes quedaron en ruínas. Apartado de cualquier carretera y como único camino el que accede al poblado, un silencio sepulcral invade el lugar, solo roto por el corretear del río Montlleó en caso de lluvia reciente. Todos cuantos conocen el paraje lo califican de extraño y endiabladamente desolado. Llamado por las gentes de Mosqueruela "La Villeta" es un lugar misterioso donde en la noche de San Lorenzo los meteoritos caen en cantidad espectacular, muchos de ellos sobre la propia ermita.

estas pasadas décadas de explosión constructiva se ha arreglado alguna casa y se ha evitado que caigan otras evitando su total desaparición. Aunque solo sea algún esporádico fin de semana, especialmente en época veraniega, la aldea de La Estrella vuelve a revivir parte de aquellos tiempos de antaño y su plaza, frente a la gloriosa Ermita, es cita obligada de caminantes y curiosos así como de alguno de los descendientes de aquellos que nacieron y murieron aquí.
El "Niño de la Estrella" ya no volverá y tampoco los protagonistas de tan interesantes leyendas, pero su recuerdo permanecerá vivo y presente en esta aldea que no morirá nunca, gracias a su ilustre moradora la Virgen de la Estrella que cada año recibe a sus hijos, los vecinos de Mosqueruela que, en romería, la visitan cada año el último domingo del mes de Mayo.
Tras una comida temprana, la Romería sale desde Mosqueruela a las 14,00h para llegar a La Estrella hacia las 20,00h. Siguiendo la tradición se obsequia a todos los presentes con una cena de "olla de judías con morro", buen pan y mejor vino. Después baile hasta altas horas de la madrugada y descanso en el albergue, un descanso en el que solo los viejos caen, puesto que la fiesta se convierte en interminable.
Y es que allí, el lunes, la fiesta sigue...
RAFAEL FABREGAT
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