26 de enero de 2011

0252- FIESTA DE LA VENDIMIA. (CABANES)

Debo empezar diciendo que Cabanes nunca celebró fiesta alguna por este concepto. Sin embargo, por muchos esfuerzos que conllevara, la llegada de la vendimia era una fiesta para todos pues suponía la recogida del fruto tan largamente esperado. Un fruto, el único, que también llegó a las casas de los pobres y que suponía por tanto la fiesta generalizada que el título recoge.
Como ya he comentado en otras entradas, en la primera década posterior a la Guerra Civil española, aparte algunos campos en altura que contenían algunos árboles de olivos y algarrobos aislados y nunca plantados en hileras homogéneas, inicialmente la práctica totalidad de los campos de cultivo en llano, normalmente emplazados en las proximidades de la población, eran todos destinados a la siembra de cereal. Otra cosa eran los ubicados en la parte costera (Ribera) que por clima y posibilidad de regadío se dedicaban a diferentes tipos de huerta, almendros y los primeros huertos de naranjos.

La nula rentabilidad del cereal hizo abandonar la siembra y convertir el llano cabanense en viñas de pie híbrido americano, resistentes a la filoxera. Aunque esta plaga tuvo su máxima incidencia mundial a mediados del siglo XIX, en España y concretamente en la región valenciana no llegó hasta principios del siglo XX (1.906). Momentáneamente la solución fue dedicar los campos a la siembra de cereal que en la meseta, con importantes latifundios, tenía buena rentabilidad.
Sin embargo en nuestra zona, donde la tierra está repartida en pequeñas parcelas (minifundios) la siembra y recolección de la mies, en un trabajo totalmente manual, apenas permitía obtener un escaso jornal insuficiente para alimentar a la familia. Había que hacer algo que pusiera rápida solución al problema y ésta fue la plantación de pie híbrido americano sin injertar. Ya probadas había algunas variedades, principalmente "Señorito y Edo", que tenían buena producción y calidad aceptable. Este tipo de viña no solo era resistente a la filoxera, si no que también lo era a las enfermedades propias de la vid, lo que hacía innecesarios tratamientos de fumigación.

El cambio fue rápido y la década de 1.950, que se inició con un porcentaje altísimo de siembra de cereal, acabó prácticamente siendo viña en su totalidad. Solo cuatro campos aislados, por diferentes intereses personales, siguieron sembrándose. Acabaron las grandes concentraciones de garbas de trigo y cebada, en los campos donde se emplazaban las máquinas que separaban el grano de la paja, de la misma forma que unos años antes habían acabado los trabajos en las eras particulares. Los campos de viña, ya con 6/8 años de vida, empezaban a dar las primeras cosechas abundantes. Con una media de 1.000 kilos por hanegada y a un precio que en el comercio solía estar sobre las 2/3 pesetas por kilo, la gente sonreía con placer. Obtener cosecha equivalente a 10.000 pesetas por cada jornal de tierra de secano, era algo inimaginable apenas unos años atrás. La gente lo plantó todo y prontamente la entrada de dinero se notó en la población, especialmente en la mejora de las casas y compra de los primeros tractores. Sin embargo alguien pensó que aquello podía superarse y algunos socios de la Cooperativa Agrícola de Cabanes propusieron a la Junta Rectora que estudiara la posibilidad de construir una Bodega que comercializara sus cosechas.

Aunque los diferentes comercios seguían teniendo algunos clientes habituales, hacia 1.960 la construcción de la Bodega de Cabanes era una realidad. Finalizada ésta y elaborada y comercializada la primera cosecha, pronto llegaron los primeros resultados alentadores. La Bodega-Cooperativa liquidó a los socios entre 1 y 2 Ptas./Kg. por encima del precio que habían pagado ese año los comerciantes. La noticia corrió rápidamente y nuevos socios entraron en la Sociedad hasta ocupar casi el 90% de la producción local. Ante la falta de clientes, los comerciantes particulares cerraron sus puestos de compra y solo la Bodega de Pastor, que aumentó precios pagando según graduación, siguió en la palestra. Siendo yo mismo el encargado de la báscula de campaña, puedo asegurar que a mediados de la década de los 70, la Bodega-Cooperativa llegó a entrar casi 7 millones de kilos en una sola temporada lo que, para un precio medio de 5/6 Ptas./kg. que se pagaban entonces, suponía una entrada de 40 millones de pesetas para un pueblo de 2.000 habitantes. Una verdadera fortuna en aquellos tiempos.
Ciertamente era todo un récord y una fuente de ingresos, nunca alcanzada y nunca mejor distribuida, puesto que el cultivo era generalizado.

Pero ¡ay!... La alegría de los pobres, dicen que dura poco. Al menos aquí y en este caso, así fue. Las nuevas plantaciones mundiales de viñedo, ya protegidas de la filoxera, empezaron a producir masivamente y no solo los precios bajaron si no que Europa pidió a España la eliminación de las viñas híbridas. En los primeros años de la década de los 80 y oportunamente subvencionado su arranque (60 ptas./cepa) las viñas de Cabanes y pueblos de la comarca, donde también se había extendido el cultivo, desaparecieron para siempre.

Lloviendo algo más que ahora, la mayor parte optó por probar el cultivo de frutales en secano, que también dio buena rentabilidad durante un par de décadas. La cosa no pasó de ahí... Los precios de la fruta bajaron, en la misma proporción que las plagas y el precio de los pesticidas subieron. El boom de la construcción y la demanda de personal hizo que poco a poco el campo fuera abandonado y hoy, cuando la obra está paralizada, el precio de los productos agrícolas es tan escaso que no invita a nuevas plantaciones. Nadie sabe cual es el futuro, pero todos sabemos que aquella época de esplendor, que supuso la llegada de la viña a Cabanes, difícilmente volverá. Mucho tendrían que cambiar las políticas actuales.
Lo que un día fue motivo de orgullo y forma de vida, hoy no puede explotarse por falta de rentabilidad. Es la consecuencia de nefastas políticas que protegen los intereses de unos sectores, en detrimento de otros.

Actualmente, tan solo los grandes latifundios pueden ser rentables. Por lo tanto, sin una correcta reparcelación, difícilmente se podrá sacar del abandono la agricultura de nuestra zona, extremadamente minifundista. Miles de fincas abandonadas se convierten en peligroso polvorín cada verano. Sin embargo nuestro tiempo ha pasado ya. Tendrá que ser la juventud, presente o futura, la que tome las riendas y devuelva a los pueblos y a las tierras el protagonismo que antaño tuvieron. Pero eso no será mientras las políticas actuales se mantengan. Son los gobiernos los que hacen que determinado sector de la sociedad prospere, o se hunda en el fango. Justamente esos políticos, que nosotros sentamos en el sillón, son los que hacen que la tierra (o cualquier otro negocio) sea rentable o se abandone. Ellos manejan los hilos y ellos son los que hacen que la riqueza (o la pobreza) llegue a nuestros hogares. Nosotros, pobres infelices, no somos nada... ¡simples marionetas que manejan a su antojo!.

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