28 de junio de 2010

0104- LA VIAGRA DE DON FERNANDO.

La Lytta vesicatoria es un insecto coleóptero descubierto y clasificado en 1.758 con el nombre científico de Linnaeus. Se trata de una especie de escarabajo de color verde esmeralda metalizado, empleado hasta el siglo XX como cicatrizador de ulceraciones y para otras muchas dolencias. España era el hábitat europeo por excelencia de este pequeño escarabajo, por lo que era conocido como "la Mosca de España". La concentración principal se daba en olivos, álamos y sauces y se denominaba Cantárida al producto resultante de la desecación y molido de dicho insecto, altamente tóxico.
Sus efectos medicinales eran conocidos en Europa desde la antigüedad. El extracto de Cantárida se presentaba en polvo, ungüento y emplasto. Tomado oralmente en mínimas dosis, producía algunas molestias urinarias acompañadas de priapismo. Este efecto secundario, consistente en la erección espontánea del pene, convirtió a la Cantárida en un afrodisiaco altamente empleado hasta el siglo XVII, bajando después su uso debido al alto número de envenenamientos, con resultado de muerte en muchos casos.

A partir del siglo XVIII se puso nuevamente de moda al ser comercializado por Francia en forma de pastillas (caramelos Richelieu) y con la dosis ya más ajustada.
De todas formas su principio activo era tan potente que, incluso con esta presentación, a mayor dosis se empleaba como abortivo e incluso como infalible veneno. A pesar del importante peligro que representaba su uso, siguió empleándose hasta el siglo XX.
El que pasaría a la historia como Fernando II el Católico, rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Conde de Barcelona, nació en la villa de Sos, provincia de Huesca, el día 10 de Mayo de 1.452 y fué coronado en 1.479 en la ciudad de Calatayud.

Con apenas 16 años tuvo amores con Luisa Estrada de los que nacería un hijo, Alfonso de Aragón, que posteriormente fué Arzobispo de Zaragoza.
En Octubre de 1.469 y en la ciudad de Valladolid se casó Fernando, ya rey de Aragón, con Isabel I de Castilla.
A la muerte de Enrique IV el Impotente, hermanastro de Isabel y rey de Castilla, se inició una guerra civil entre los partidarios de Isabel I y los de Juana la Beltraneja, sucesora de Enrique, que las malas lenguas decían que era hija del noble Beltrán de la Cueva puesto que Enrique IV no llegó a consumar su matrimonio.

Fernando II, luchó activamente en esta guerra consiguiendo para su esposa Isabel I la corona de Castilla, al tiempo que la nobleza castellana lo nombraba corregente con los mismos derechos.
En la Concordia de Calatayud (1.481) Fernando fué nombrado rey de Castilla (Fernando V) reinando en ambas coronas, sin embargo Isabel no pudo hacer lo mismo en Aragón puesto que la Ley Sálica se lo impedía y quedó solamente como reina consorte.

El 19 de Diciembre de 1.496, mediante la bula Si convenit el papa Alejandro VI otorgó a ambos cónyuges el título de "Reyes Católicos", en agradecimiento a su labor evangelizadora en las Américas, así como por la expulsión peninsular de los moriscos y la liberación de los estados pontificios.
A la muerte de Isabel en 1.504 Fernando, atendiendo su última voluntad, proclama reina de Castilla a su hija Juana (la Loca). El testamento de Isabel contenía el siguiente párrafo:

..."cuando la princesa Juana, mi hija, no estuviere presente en estos reinos o estando en ellos no quisiere o no pudiere entender en la gobernación de ellos (...) el rey Fernando, mi señor, rija, administre y gobierne los dichos mis reinos y señorios por la princesa"...
lo que indica que ya su madre apreció ciertos trastornos en su hija y quiso impedir que el reino fuera a parar a manos de Felipe, su marido.
Casada con Felipe (el Hermoso) éste no aceptó el exclusivo reinado de su mujer y tras su reclamación, en la Concordia de Salamanca (1.505) se acuerda el reinado conjunto de ambos cónyuges y que Fernando actúe como gobernador del reino.

Un mes antes, el 19 de Octubre de 1.505 Fernando, con 53 años de edad y viudo desde hacía uno, se casó con Germana de Foix, de 18 años, sobrina del rey francés Luis XII. El matrimonio fué mal visto por los nobles castellanos que creyeron ver en esta unión una maniobra de Fernando para evitar que Felipe y Juana heredasen la corona de Aragón.
De la unión de Germana de Foix y Fernando de Aragón hubo en 1.509 un hijo, Juan, que murió a las pocas horas de nacer. De no haber sido así se hubiera convertido en rey de Aragón.
Los últimos días de 1.515 Fernando emprendió viaje a Andalucía, en delicado estado de salud, para organizar la cruzada contra los turcos pero el 23 de Enero de 1.516 falleció en Madrigalejo (Cáceres) sin poder llegar a su destino. La Historia dice que la enfermedad que le corroía desde mucho tiempo atrás y la propia muerte que le sobrevino después, fué debida al abuso de una sustancia que se tomaba para mejorar su rendimiento en la cama ya que utilizaba un insecto (Litta Vesicatoria) para poder seguir el ritmo de su joven esposa, 36 años menor que él.
Como se ha indicado anteriormente, de dicho insecto se obtiene un alcaloide que, en dosis controladas, dilata los vasos sanguíneos produciendo en el hombre una erección prolongada. Aristóteles ya se refirió en sus escritos a esta sustancia y grandes pasajes de la Historia fueron posibles gracias a su acción vigorizante.

Es histórico el affer de Marsella, protagonizado por el Marqués de Sade y su lacayo Lattur. En un viaje a Marsella contrataron varias prostitutas a las que el marqués, queriendo convertir la noche en una bacanal, les dió una alta dosis de Cantárida. Las jóvenes enfermaron y casi murieron, siendo detenido y condenado a muerte. El marqués consiguió huir y al no dar con su paradero en 1.772 fué ejecutado en efigie en la ciudad francesa de Aix-en-Provence.
Aunque solo era usado por la nobleza, fueron tantos los casos de muerte entre varones, que la Cantárida acabó considerándose más próxima a un veneno que a un afrodisiaco.
Casarse con una belleza de 18 años debió ser muy atractivo para Don Fernando pero... ¡Le costó la vida!
(Hay polvos que resultan extremadamente caros)

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25 de junio de 2010

0103- CASTELLON EN LA DECADA DE 1.950.

Castellón de la Plana, a poco más de 20 Km. de Cabanes, no es solamente nuestra capital provincial sino que forma parte de nuestras vidas. Allí fueron a estudiar el Bachillerato los jóvenes hasta hace muy pocos años y allí tienen Universidad e incluso casa o piso, multitud de familias de nuestro pueblo y de todos los pueblos de la provincia. Sin ánimo de faltarle a nadie al respeto yo siempre digo que, si todos los que no son de Castellón abandonaran por un día la ciudad, ésta se convertiría en un desierto.
Esa circunstancia no se da solo en Castellón, sino en todas y cada una de las capitales de nuestro país y de todas aquellas que pueblan la tierra.

Antiguamente la gente de pueblo vivía y moría en su pueblo, con escasísimos viajes a la capital. Tan escasos, que no hubiera sido díficil entonces nombrar a personas que murieron de viejos sin verla. Concretamente yo, que hice la "mili" en el Regimiento Tetuan-14 de Castellón, llevé a alguno de mis compañeros de Compañía al Grao para ver el mar, que solo habían visto en la televisión. Ya sé que este tipo de cosas suenan extrañas, pero así eran entonces. Contrariamente a lo que ahora ocurre, bajar a Castellón era en casos tan puntuales como una gravísima enfermedad o comprar un vestido de novia o de comunión. Todo lo demás, en mayor o menor calidad, estaba en el pueblo. En Cabanes, como en cualquier pueblo de la provincia, había varios sastres o modistas y eran ellos quienes cosían la ropa para todos. Lo del "pret-a-porter" todavía no había sido inventado y cada prenda se hacía a medida, incluso las camisas.

Ir a Castellón era todo un acontecimiento y más todavía pasearte con la Panderola, minúsculo tren que no solo hacía las veces de trolebús urbano sino que, con ambición de importante tren de cercanías, llevaba a la capital a los vecinos del Grao de Castellón, de Almazora, Villarreal, Onda y Burriana, devolviéndoles unas horas después a sus casas. Yo, ante la desgracia de perder a mi madre con poco más de dos años de edad, fuí acogido durante largo tiempo por mi tía materna Ángeles, que vivía en Burriana y no tenía hijos. Después mi padre se casó nuevamente pero, hasta al menos los 10 años de edad, todos los veranos pasaba al menos un mes en su casa.

Esta circunstancia hizo que más de una vez viajara yo con mis tíos con la popular "Panderola". Un viaje habitual era de Burriana a Villarreal, lugar en el que vivía un matrimonio que, teniendo muchos hijos y no pudiéndolos mantener, les dió a mis tíos en adopción uno de ellos con la única condición de no perder totalmente el contacto. También hacíamos algún viaje hasta Castellón y recuerdo también haber ido al Grao. Como un sueño veo que la vía transcurría bajo la sombra de los plataneros, junto a la carretera y también recuerdo que, para el regreso a Burriana subíamos al tren en la Plaza de la Paz, donde había parada y despacho de billetes.

Mi último recuerdo es el silbato y el humo, con ese olor a carbón mineral tan unido a las herrerías de entonces y al alquitrán de las viejas carreteras. No recuerdo nada más sobre el particular. Hay que tener en cuenta que yo nací en 1.949 y la "Panderola" dejó de funcionar el 1 de Septiembre de 1.963 cuando yo apenas había cumplido 14 años. Estoy convencido que el 95% de mis coetáneos de Cabanes, no llegaron a subir nunca a ese pequeño tren.
Visto con la mentalidad de hoy, resulta extraño que la gente de entonces vieran con agrado el transcurrir del ruidoso tren por el centro de Castellón y hasta por alguna de sus estrechas calles.

Hay que decir que el pequeño pero rudimentario tren no solo era extremadamente ruidoso sino que, además, por su desproporcionada chimenea, echaba más humo que un dragón chino. Sin embargo, desde el primer día de su instalación y hasta el cierre del mismo, el "Matagüeles" como cariñosamente le llamaban algunos, fue acogido con gran simpatía por parte de toda la vecindad. La "Panderola" era el medio de transporte de las masas, social, incómodo y lento, pero siempre
agradable y festivo. Con él bajan los castelloneros al grao y la playa, aunque entonces lo de ponerse morenos no era una moda, sino una necesidad.

Bastante ya se ponían al sol los trabajadores del campo, que eran la mayoría, como para volver a ponerse en día de fiesta. El 90% de los habitantes de Castellón eran agricultores y era el "pan nuestro de cada día" verlos partir desde la ciudad al huerto, o regresar del mismo, con grandes carros del que tiraban jacas tordas de tamaño considerable. Era costumbre también y motivo de orgullo, llevar a los animales extraordinariamente enjaezados, llevando espectaculares trabajos de guarnicionería y gran profusión de dibujos en clavo dorado. Aunque para el trabajo en el campo se tuvieran unos arreos vulgares, el ánimal salía de la casa y volvía a ella perfectamente equipado; en traje de Domingo. Y lo mismo el agricultor que, atendiendo las órdenes de su señora, también se lavaba al acabar la jornada y cambiaba la ropa antes de regresar a la casa.
¡Eran las "incomodidades" de vivir en la capital!

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24 de junio de 2010

0102- ANTIGUAS PESCADERIAS DE CABANES.

Nada había fácil entonces. Ningún oficio era rentable en un época sin dinero y el de pescadero no era pues la excepción.
En Cabanes, un pueblo agrícola de unos 2.000 habitantes, ni siquiera había local de venta abierto al público para este menester.
Las primeras pescaderas cabanenses que recuerdo eran "Les Panes", Laura y Consuelo. Dos hermanas solteras que vivían (Laura murió) en el número 4 de la Avenida de José Andino, hoy Avgda. del Maestrat. Consuelo, actualmente entre los 85/90 años, todavía vive en la misma casa. Ambas hermanas trabajaban haciendo manojos de palma en el taller de escobas de mi padre pero una de ellas, normalmente Consuelo, tres días por semana (martes, jueves y sábado) no venía por la mañana puesto que ejercían también la profesión de pescaderas.
Como he dicho antes, no tenían local abierto al público puesto que el pescado se vendía en la calle. La tarde anterior por medio del "ordinario", seguramente "Herminio el de Sanantoni", les traían el pescado solicitado y a la mañana del día siguiente cargaban las cajas sobre un carrito de mano y salían a la calle pregonando la mercancía a grito pelado.


- Dones... sardina fresca! -era uno de sus gritos habituales.
Las voces, a los máximos decibelios posibles para su cascada garganta, llegaban al interior de las casas entonces todas abiertas y las interesadas salían secándose las manos en el mandil dispuestas, al menos, a ver la mercancía y saber el precio. En esta operación se aprovechaba para hacer la primera tertulia de la jornada por lo que, las que no tenían intención de comprar, salían igualmente al portal. También los gatos del barrio salían presurosos a recibir la visita de la pescadera, cuya voz les era familiar, a la vez que una nube de moscas los envolvía a todos.

- Xica... avuí qué portes? -preguntaban.
- De tot, fresc i barato -respondía Consuelo.
- Este matí les galeres encara sorollaven -recalcaba como buena vendedora.
Naturalmente no podía ser cierto, puesto que el pescado era del día anterior, pero eso nadie podía comprobarlo.
- A vore xiques, que vos pose? -preguntaba Consuelo .
- Ficam una "mitaeta" (125 gr.) de boqueró i mig kilo de sardina. -decía una de las vecinas.
- A mí posam quatre sorells i mig kilo de "musclos" -decía otra.
Consuelo pesaba con la pequeña balanza de platos el pescado y procedía al cobro.
- 3,25 ptas. la una i 3,50 ptas. l'altra.
I un grapat de galeres de regal, a cadascuna!

Esa era invariablemente la forma de despedida, cuando la compra superaba las tres pesetas. La "galera", hoy tan apreciada, era un "feo bicho" que nadie quería y que tan solo se utilizaba para aumentar el sabor del caldo. Por lo tanto no solía venderse y únicamente se utilizaba para promocionar la venta del resto de productos.
Las clientas se metían en sus casas al tiempo que, cien metros más allá, otras esperaban que "La Pana" y el carrito con las cajas de pescado llegaran a su altura.
- Dones... Peix fresc! encara es mou! -gritaba animada por las primeras ventas.
Consuelo y su carrito arrancaban hacia el siguiente punto de venta y no quedaban atrás las moscas, a pesar de los manotazos que frecuentemente lanzaba la interesada para que no se posaran sobre el pescado. También los gatos la acompañaban un buen trecho, hasta que los del otro vecindario reclamaban su derecho territorial.
Al finalizar el recorrido, Consuelo guardaba en la casa las cajas vacías y el pescado sobrante, si lo había, lo metía en un capazo y al hacerse de noche iba a tirarlo al interior de unas espectaculares zarzas que había cerca de la "Bassa nova", junto a una pared de la finca de la familia Dotres. En una ocasión nosotros, sus compañeros de trabajo en el taller de escobas, le comentamos la posibilidad de sacar un dinero adicional vendiendo esas sobras a menor precio, pero ella era astuta...
- És més rentable tirar-lo que donar-lo barato -nos respondió.
¡Tenía razón!

También por aquellos años Bernardo, hermano de María y Pepita (les Bernardes) y cuñado de "Pepe el de Lluiset" iba, con un cajón sobre el portamaletas de una vieja moto, pregonando su mercancía por las calles de la localidad y al atardecer abría los bajos de su casa en la "Placeta de la Farola" (hoy de la Constitució) donde atendía a una exigua clientela. El tal Bernardo no gozaba de buena aceptación entre los vecinos y el negocio apenas si duró poco más de un año.
Cerró Bernardo y al unísono se estableció "el Barracut" y Consuelo su mujer que abrieron al público pescadería en la calle de San Antonio. El marido, ya con un viejo coche, traía el pescado directamente desde la lonja del grao de Castellón y, al atardecer, vendía en su casa el producto. La novedad de una pescadería en el pueblo atrajo cierta clientela y "Les Panes" vieron mermado su negocio. El local, una simple entrada de hormigón en los bajos de su casa, daba sensación de limpieza y muchos lo apreciaban. Al menos no había gatos a la vista y moscas por doquier, como ocurría con la venta ambulante. Sin embargo, a la mañana siguiente también la mujer "del Barracut" cargaba las sobras sobre un carrito de mano y salía a la calle pregonando la mercancía a precio rebajado, lo que molestaba y mucho la venta de "Les Panes" que solían cruzarse por las calles vendiendo el mismo producto a precio superior.
Siéndoles imposible competir, "Les Panes" traspasaron el negocio a "les Facundes", mujer e hija de "Rito el del Calvari". Éstas adoptaron el mismo sistema que "el Barracut" y abrieron pescadería en "el Raconet" del carrer del Planiol (Ramón y Cajal), frente al Bar Cabanes o Café de Roc, hoy supermercado Spar, vendiendo los sobrantes a la mañana siguiente con el consabido carrito y dando gritos por las calles, con la ineludible compañía de gatos y moscas. Poco tiempo duró aquello, puesto que instalaron una cámara frigorífica y el sobrante se vendía al siguiente día sin más problemática.

Más céntrico y con mejores instalaciones este local mermó las ventas de Consuelo la del Barracut hasta el punto de hacer presagiar su cierre. Las desavenencias del matrimonio hicieron el resto, provocando el cierre definitivo y la separación de la pareja que incluso marcharon del pueblo quedando sin competencia María Teresa, hija de Rito y de la Facunda, que seguiría el negocio con la colaboración de su marido (Manolo el de Conillet) que cada mañana le traía el pescado fresco del Grao a su mujer, para satisfacción de la clientela. También instalaría después una cámara de congelación para complementar su oferta con productos ultracongelados y precocinados. El negocio marchó sobre ruedas durante muchos años, yo diría que hasta que se cansó. Llegó el boom de la construcción y Manolo, albañil-empresario en sociedad con su hermano Fernando, marido de María Pilar la de Babiloni, ganaría probablemente suficiente y se decidió el traspaso del sacrificado negocio a "María la Madura".

María en principio continuó el negocio en el mismo local pero prontamente, teniendo casa en la calle del Calvario, muy cerca del Bar Tony, trasladó allí todos los aparatos buscando la forma de evitar un arrendamiento que no le era necesario pagar. Allí quedó establecido definitivamente el negocio y allí se ha jubilado esta última pescadera de Cabanes que, posteriormente, lo traspasó a una tal Dori, procedente del propio Grao de Castellón y que justamente con el nombre de "Pescadería Dori" regenta el negocio en ese mismo local. Veremos hasta cuando puesto que también ahora, ante la crisis monetaria y una gran competencia en todos los frentes, las cosas son más complicadas cada día que pasa.

Actualmente la Cooperativa Agrícola de Cabanes, que ha convertido la antigua Bodega Vitivinícola en un importante supermercado, ha incluído también la venta de pan, carne y pescado. Esta visto y comprobado que...
¡Nada es para siempre!

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23 de junio de 2010

0101- MELOCOTONES DE CABANES - La nostalgia de lo bueno.

Cuantas veces hemos visto en un mercado cualquiera y sobre unas cajas de melocotones, un trozo de cartón que, con el trazo de un simple rotulador, dice que se trata de "melocotones de Cabanes"...
Muchas, ¿verdad?
Pues bien, como todos sabemos, pocos (o ninguno) quedan de aquella época de esplendor frutícola de nuestro pueblo puesto que, los que hay, nada tienen que ver con lo que entonces se recolectaba. La razón no es otra que las instalaciones de goteo que ahora permiten a sus dueños conseguir el tamaño y los kilos suficientes para hacer el cultivo rentable.

Sí amigos, en la actualidad los melocotones de Cabanes son de regadío como lo son los de Lérida o de cualquier otro lugar. Es probable que quede alguna pequeña parcela de secano, pero no me consta. Los actuales cosecheros de melocotón en Cabanes tienen instalado el correspondiente
gotero y ni árboles ni fruta sufren la sed, que décadas atrás concentraban su azúcar. Sin embargo eso no impide que los pillos comerciantes exhiban todavía (10/20 años después) cartelitos que indican una procedencia que no es cierta.
Es obligado decir que los melotones que actualmente se cultivan, en una producción limitada, son sin duda los mejores del mercado. Será por la composición de la tierra, por el clima, etc. pero superan con diferencia a los de otras procedencias. Aún así, nada tienen que ver con aquellos que abrieron mercado casi tres décadas atrás.

Veinticinco años antes, ante la disyuntiva del obligado arranque de las viñas de pie americano que era la totalidad de lo que se cultivaba en nuestra zona, había que hacer algo para seguir ingresando algunas pesetas a la economía familiar. Cinco años antes, cuatro visionarios mal contados y entre ellos quien escribe, ante el escaso precio que se pagaba por la uva decidieron optar por el arranque de las viñas, naturalmente sin percibir indemnización.
El resto de agricultores al ver que tras el arranque de las cepas se plantaron frutales, nos tacharon de ilusos por apostar por un cultivo que se presumía inevitablemente de regadío. No estaban del todo equivocados, pero entonces no era como ahora y durante el verano las tormentas regaban con cierta frecuencia nuestros campos. Tanto era así que las variedades más tardías que se plantaron (amarillas de Agosto y Calanda) llegaban a su cosecha sin faltar la sazón en los árboles cargados de frutos.

Cierto es que las plantaciones se habían realizado previo profundo arado de los campos mediante grandes tractores y que la intensa labor tras la plantación y durante todo el año, no dejaba que la sazón se escapara, pero aún así todos teníamos nuestras dudas. Como digo anteriormente los tiempos eran otros y, aparte de llover con más frecuencia, no había plaga ninguna. No se conocía el agusanado de la mosca ni el pulgón verde que años después sería el terror de los agricultores.
En cuanto a los precios de venta del producto, eran sencillamente increibles. Exceptuando alguna caja mediocre, las 100 pesetas por kilo era un precio medio habitual y los gastos mínimos. Unos años después empezaron a faltar algunas lluvias pero, ante el extraordinario precio de la fruta, pudimos permitirnos el lujo de regar el arbolado con algunas cubas de agua en la quincena anterior a la cosecha. Solo la diferencia de kilos pagaba sobradamente el escandaloso gasto de esta forma de riego, por lo que las diferencia en precio por el aumento de calibre eran beneficios.

Naturalmente ocurrió lo que siempre ocurre, cinco años después el arranque de las viñas fué obligatorio y los vecinos, conocido el éxito de quienes les precedieron, plantaron masivamente buena parte del territorio con esta clase de frutales. Como es natural, debido a la excesiva oferta, el precio bajó y con él la rentabilidad del cultivo. También los árboles estaban ya exaustos y un servidor, teniendo otras opciones de vida, arrancó sus campos de frutales a los 12/14 años de su plantación. Después siguieron otros y otros y otros más. En la actualidad Cabanes tiene un 10% de tierra bien cultivada, un 40% trabajada a medias y un 50% de fincas abandonadas. Los viejos se han muerto o han abandonado el cultivo y los jóvenes no quieren saber nada de un oficio de duro trabajo y nula compensación.

En la actualidad todos somos más exigentes y una rentabilidad suficiente debe ir unida a una presentación superior. Nosotros en los años de sequía, para obtener el calibre suficiente realizábamos un fuerte aclareo que mermaba notablemente la cosecha. El agricultor de hoy, como el de siempre, quiere ambas cosas y lo consigue en fincas con agua y montando un moderno goteo. Ahora pues, tienen calibre y cosecha pero, como en este mundo no se puede tener todo, les falta el azúcar. Cada época tiene cosas buenas y malas.
Actualmente las cosas buenas son pocas pero, sin duda... ¡las pocas que hay no se distinguen precisamente por ser un apoyo a la agricultura!

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22 de junio de 2010

0100- LA PRIMERA COMUNION EN CABANES.

Se acerca la fecha tan esperada.
Estamos a mediados de Mayo y por decisión unilateral del cura (mossén Pepet) ocupo el décimo lugar en el último día de catequesis. Pero no empecemos por el final...
Desde que finalizó la Semana Santa de 1.957 el mossén, que visita semanalmente la escuela, ha dicho que todos los niños que toman la primera comunión este año han de ir todos los domingos, tras la misa, al catecismo. Aquí lo llaman "el Rebañito".
Los niños deben apuntarse para el evento y han de seguir un cursillo en el que se incluirá el correcto aprendizage del Catecismo así como otras enseñanzas que el cura determinará.
Siguiendo las órdenes recibidas niños y niñas, en un número aproximado a la treintena, tras la misa nos quedamos "al Rebañito". Estamos un tanto a la expectativa, puesto que no sabemos en que consiste todo eso, pero pronto saldremos de dudas.

A fin de conseguir un mejor aprovechamiento, los niños fuímos separados en dos grupos y lo mismo se hizo con las chicas. Para impartir esta especie de clase religiosa se formaron pues cuatro grupos que atendían otras tantas "catequistas".
En el grupo que me corresponde a mí la catequista es "Luisa", una agradable y simpática joven que con los años se casaría con Lázaro Selma, propietario de la discoteca LASSEL. El otro grupo de chicos lo atendía su amiga "Pilarín", que unos años más tarde se casaría con Elías Nager y que abrirían la tienda de tejidos del mismo nombre.

Para conseguir despertar el interés de la infantil concurrencia, cada día de asistencia al "rebañito" se nos entregaba un cromo que, a modo de pequeño billete, se cambiaba cada cinco asistencias por uno mayor. También allí, como en la escuela, el que mejor respondía ocupaba el primer lugar. Había gran interés en ello puesto que en las procesiones del día de la Ascensión y del Corpus Cristhi, los cuatro primeros serían los encargados de llevar en procesión la peana del Niño Jesús, del mismo modo las cuatro primeras niñas sujetarían las cintas de dicha peana.
La lucha era grande entre niños y niñas por ocupar esos cuatro primeros lugares del ranking pero solo cuatro podían ser los primeros.
Vicente el de Pepita y Paquito el de Facundo, ambos hijos de "ilustres" familias locales, ocupaban los últimos lugares al tiempo que yo, pobre e hijo de republicanos, era el primero. Mossén Pepet, por vez primera vez en la historia de este pueblo, optó por cambiar las costumbres implantando una novedad que gustó a la mayoría. La lista definitiva de los niños, para el día de la Primera Comunión, sería por sorteo.
Pués bien de entre los niños, doce en total, me correspondió el número diez; el once fué Paquito el de Facundo y el doce Vicente el de Pepita. Para que después digan (!) que no hay Dios.

Mi tía, siguiendo la costumbre de entonces, me compró un traje gris, zapatos, camisa y corbata a juego en Casa Reverter, de Castellón. ¡Precioso!
Pero a ella, que no comía por no gastar, no le gustaba que nadie le pisara el cuello y enterada que Vicente y Paquito (los ricos del pueblo) iban de blanco, no se lo pensó dos veces y le dijo a mi padre:
- Demà se'n anem a Castelló!
- Altra vegada? -dijo mi padre.
- Altra vegada -respondió ella.
- No estic contenta amb el vestit que vam comprar l'altre día -recalcó.
- Dons aneu vosaltres, que jo ting fena -replicó mi padre.

Al día siguiente y a tan solo una semana de la celebración, marchamos mi tía y yo a Castellón con el "cotxe de línea" y marchamos a la tienda de Tejidos Reverter.
- Bon día, en que podem servir-la? -dijo amablemente el dependiente.
- Recorde que la setmana passada li vaig comprar un vestit de comunió? -preguntó mi tía.
- Sí señora, sí... que hi ha algún problema? -preguntó el dependiente.
- No, no. Pero en vull un altre mes -dijo mi tía.
- Perfecte señora. Una bona idea. Un traje per a la ceremonia i un altre per a la festa, de vosté tindríen que apendre molts que es pensen ser rics. -dijo el dependiente lisonjeando.
- Això, això que vosté diu -replicó mi tía satisfecha.
Mi tía elije un traje con pantalón blanco y chaquetilla negra de "veludillo" camisa blanca y una corbata de chorreras que parecía un marqués. Fuimos al probador y...
- Li agrade? -preguntó el dependiente a mi tía.
- Perfecte -respondió mi tía orgullosa. - Quant val?
- Pues... entre el pantaló, la chaquetilla, la camisa... -la cifra era respetable.
Mi tía saca un sobre usado que llevaba metido en el sostén y...
- No és problema. Ahí té i... fins l'altra! -dijo a modo de despedida, siendo yo hijo único.
- Fins quant vosté vulgue senyora -dijo acompañándonos hasta la puerta y haciéndonos varias reverencias.

Los niños que aquel año ocupábamos los tres últimos lugares del escalafón y por lo tanto sin protagonismo ninguno (a pesar del esfuerzo del mossén) fuimos los únicos vestidos con traje blanco de Primera Comunión. Claro que, además, yo tenía otro. (el traje gris).
¡Cosas de mi tía! Aquella misma que no comía por no gastar...

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0099- LA ENSEÑANZA EN TIEMPOS DE FRANCO.

Amanece un día cualquiera de otoño en Cabanes. Hacia las ocho me llama mi tía (madrastra), no sé por qué tan temprano, me pregunto.
Me visto (pantalón corto con dos parches en el culo, camisa con el cuello raído y viejo jersey con alguna mancha y más de un agujero) y bajo a la cocina donde, junto a los restos de una vieja cortina de "baladre", que separa ésta del pasillo, hay una silla sin asiento que sostiene una palangana con agua.
- Les orelles també -grita mi tía.
Me lavo la cara y bajo al corral de las gallinas donde debo hacer "otras cosas". En el corral hay cuatro viejas gallinas que apenas ponen huevos y que, al verme, se acercan presurosas pensando que puedo ser yo quien les dé el primer sustento del día, pero no es así ya que, con un trozo de caña caída del cañizo que separa el corral del cobertizo, hago un pequeño hoyo en el estiercol que tapo después de hacer "aquello" a lo que venía. En principio las gallinas han quedado sin desayuno, aunque no estoy del todo seguro puesto que, al marchar yo del corral, veo que se han puesto a escarbar...

No hay desayuno en nuestra casa, mi tía me pone un trozo de pan y un bollito de "chocolate terroso" dentro de la cartera escolar, a la vez que ata con un pequeño cordel el tazón de aluminio que queda colgando del asa al exterior; todos los niños lo llevan así y, como cada día, en el recreo nos lo llenarán de leche americana en polvo, que cocinará la tía Trinidad la de Bolos.
Me mojo un poco el pelo y con el peine, al que le faltan no menos de cuatro o cinco púas, consigo hacerme la raya lo más recta posible y con la punta de un lápiz aprovecho para quitar la mugre que hay entre las púas que quedan. Me despido de mis padres y salgo hacia la escuela.
Vivimos en una calle secundaria pero de gran actividad. La calle de Les Eres, parte trasera de las casas del Carrer de Castelló, es donde todos estos vecinos hacen principalmente su vida, mientras la puerta a la calle principal está permanentemente cerrada. Los pobres vivimos en la pared de enfrente de la misma calle. Para más ambiente, en el carrer de les Eres tenemos la más importante carpintería de la localidad (els Facundos) y el "molí de farina del tío Ernesto de la Barana". La actividad es frenética en nuestra calle y la vida hace acto de presencia al llegar las primeras luces del alba. Habitadas todas las casas de dicha calle los agricultores preparan carros y animales para marchar hacia el campo, las mujeres salen a barrer la calle pasando antes la regadera para no levantar polvo. Algunos carros del Pla de l'Arc acuden a moler el trigo y algunas otras legumbres para pienso de los animales, al tiempo que los niños salen en dirección a la escuela: Solita la de Tarambana y su hermano Paquito, Mari Nieves que pasa una temporada en casa de su tío Ximo el dels Garxos, Paquito el de Facundo y su hermana Maria Pilar, Paquito el de Valero, Contxita la de Valeriano, Teresita la de Belesario y yo mismo Rafael el de Condill; frente a su casa nos está esperando Manolito el de Pipa. Todos, más o menos juntos enfilamos hacia la escuela por "el Clot de Pipa" un camino hondo y lleno de hortigas que ha propiciado más de una urticaria.

Nuestra primera idea es levantarles la falda a las chicas para verles las bragas ¡que ricura de niños! Ellas ya se sabe... Cotxinos, malcriats, ja els ho direm als vostres pares! Pero las risas evidenciaban que el chivatazo no se produciría.

A la llegada a las escuelas chicos y chicas se separaban, puesto que la enseñanza de unos y otras era diferente y en aulas separadas. Chicos ala norte del edificio y chicas ala sur, separadas por un gran patio que servía para jugar en las horas de recreo. Falta un cuarto de hora para que empiecen las clases y todos aprovechamos para los primeros contactos y juegos del día. El tiempo pasa pronto y un silbato pone fin al juego, al tiempo que las voces de los maestros nos conminan a formar frente al mástil emplazado en la entrada principal.
- Alinearse... ¡Ar!
- Izquierda.. ¡Ar!
- Firmes....... ¡Ar!
Los tres primeros de la clase de los mayores son los encargados de izar las banderas. La española en el centro y a derecha e izquierda la de la Falange y la de los Requetés. Don Francisco, director del colegio entona el primer himno...
Viva España,
alzad los brazos
hijos del pueblo español,
que vuelve a resurgir...


El cántico finaliza al grito del Director,
- ¡Viva España!...... (viva)
- ¡Viva Franco!...... (viva)

Y Don Francisco empieza de nuevo...
Cara al sol
con la camisa nueva,

que tu bordaste rojo ayer...


Esta vez el himno finaliza de forma distinta,
- ¡Arriba España! -grita el Director.
- Rompan... filas ¡Ar!

En Cabanes el 90% de la población eran republicanos. Los cánticos y las tres banderas en lo alto de sus mástiles emocionan a una chiquillería que no sabe de políticas..., aunque en las casas no se hace otra cosa que maldecir los signos que allí constituyen el inicio de la jornada escolar. Nosotros, niños con 10/12 años, no sabemos donde está la verdad. Hoy, cincuenta años después, sabemos que la verdad no existe, puesto que cada cual tiene la suya.

Entramos en clase. Cada uno ocupa ya su pupitre cuando...
- ¡En pie! -dice el maestro, al tiempo que inicia el rezo de un Padrenuestro que los alumnos acompañamos disciplinadamente.
Lo siguiente, según el día, puede ser un Dictado, la lectura de "El Libro de España" o el estudio de una de las materias de la enciclopedia que habitualmente estudiamos. La hora del recreo (11,00h) llega pronto y nuevamente el silbato, que suena en el patio del colegio, indica que ha llegado la hora de salir. Serán 15 minutos para tomarnos la leche en polvo que los americanos proporcionan a los niños españoles, a cambio de poder instalar en nuestro país sus bases militares, y 30 para jugar. Los niños desatamos del cinturón de la cartera el tazón metálico que todos llevamos y nos disponemos a formar para, en rigurosa fila, ir a recoger el tazón de leche. También por la tarde se repetirá este acontecimiento diario, esta vez con un trozo de queso amarillo "de Bola", que acompañaremos con el pan que nos pondrán nuestras madres en la cartera.

- A medida que vayáis terminando la leche podéis salir al recreo -dice el maestro, que tiene más ganas que nosotros de poder salir a tomar el sol.
Varios eran los juegos de los niños y niñas de entonces: El guá, la bandereta, la comba, Buli y dali, la trompa, les chapes, els cartonets, etc., etc.
Pero el tiempo pasa rápido y nuevamente el silbato nos indica que el horario de juegos ha finalizado. Entramos atropelladamente en clase y tras unas breves indicaciones del trabajo a realizar por la tarde suenan las doce del mediodía.
- ¡En pie! -dice nuevamente el maestro, al tiempo que empieza el rezo del Ángelus, de obligado cumplimiento en aquellos años de posguerra...
Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tu eres
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Los niños disciplinadamente respondemos...
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores...

Antes de marchar el maestro nos recuerda...
- No olvidéis decirles a vuestros padres que mañana finaliza el plazo para realizar las aportaciones
"voluntarias" para el Domund y la Santa Infancia. Hay algunos que todavía no han traído su donativo. Los que mañana no hagan su aportación, pasarán a ser los últimos de la clase...

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21 de junio de 2010

0098- CABANES, EL POBLE DELS GRANERERS.

Sí amigos. Aunque ya hablé de este oficio en la entrada que daba noticia de las antiguas profesiones de nuestro pueblo, me era obligado dedicar un capítulo específico a los escoberos, por ser justamente la profesión de mis antepasados y la mía propia; la que dió de comer a todos nosotros.

De izquierda a derecha, Herminio (mi padre); Rafael (yo mismo) y Pilar (mi madrastra) enfrente del taller, junto a la carretera de Zaragoza.
Yo, hace ya algunos años que decidí suspender la fabricación de este tipo de productos, habida cuenta que en este momento es mucho más barato importarlos de cualquier país del Este que fabricarlos en España. Dejé pues la profesión de fabricante y empecé la de distribuidor, mejor pagada y con el solo trabajo de gestionar la compra-venta de los diferentes artículos en stock.
La profesión de escobero (granerero se llamaba en aquella época en la que, los "entendidos" de hoy, dicen que no sabíamos hablar) era profesión de inteligentes mediocres, gente que no podía aspirar a nada superior, pobres al fin y al cabo, pero con la inteligencia suficiente para no aceptar que nadie dirigiera sus vidas.
El granerero, todos cortados con el mismo patrón, no era una persona normal. Solía ser una persona que nada tenía, pero que era incapaz de trabajar a sueldo, en nada, ni para nadie. Orgullosos, ricos sin dinero, rebeldes del destino. Como James Dean, en la película norteamericana dirigida por Nicholas Ray de 1.955, quienes ejercían esa profesión eran "rebeldes sin causa".
A diferencia del asalariado que solo tenía que poner las manos, puesto que incluso las herramientas las ponía el propietario, el granerero era un empresario de élite, solo superado por el carpintero y el herrero. Era oficio que precisaba inversión y, no disponiendo de efectivo para realizarla, era oficio de valientes. Aventureros al fin y al cabo.

A falta de Bancos, había que buscar un socio capitalista o un capitalista a secas que, por excepcional amistad o pertinente interés económico, porporcionara el dinero suficiente para adquirir, en época de cosecha, el material suficiente para poder trabajar todo el año. Los proveedores, pequeños agricultores que vendían cuatro haces mal contados de palmito o de cañas, necesitaban vender a quien tuviera mejor precio y, sobre todo, a quien más rápido pagase.
Lo anterior no significa que fueran pocos los que ejercían la profesión de "granerero" ya que es muy frecuente que los oficios se extiendan por pueblos o incluso comarcas. Aventureros hay pocos, pero cuando la gente se cerciona de que lo que ha realizado otro tiene resultados positivos, los "aprovechados" crecen como hongos. No son pocos los que trabajan durante años al servicio de otro, con escasa rentabilidad para el empresario y deficientes resultados por su ignorancia que, cuando ya dominan el oficio y conocen todos los entresijos, se instalan por su cuenta.
Es algo tan normal como la vida misma. Nadie nace sabiendo y todos aquellos que no tuvieron al maestro entre sus antepasados tuvieron que hacerlo de esta manera. También éstos son aventureros, pero no tanto, puesto que nadie vuela del nido hasta que no conoce lo suficiente.
Con apenas 10/12 años los muchachos, niños aún, iban a los talleres de escobas y empezaban pelando los mangos de caña y aprendiendo poco a poco el oficio.

Sea como fuere, aunque yo no recuerdo tantos, simultáneamente llegó a haber en Cabanes hasta diez talleres de escobas de diferente categoría según producción. El más importante era el de "Els Macos", con seis empleados más los dos hermanos-propietarios que finalmente terminarían separándose creando dos talleres independientes, ambos situados en la carretera de Zaragoza y enfrente uno del otro. Tan antiguo como estos era el taller del tío Ros de Corona, en el carrer d'Engalía, el de el tío Marco en el carrer Ildum, el de el tío Valent, en el carrer de la Ribera y el de Herminio el dels Muts, en el "pati de Ernesto el de la Barana" primero y en la "bodega de les Camiles" después, ambos locales en la carretera de Zaragoza. Herminio era el segundo en producción, con cuatro empleados y el matrimonio dueño del negocio.
Aparte los anteriores había escoberos (Antonio el de Gaspachero y otros más...) que, en su casa, trabajaban independientes vendiendo su producción al mejor postor. Esta forma de trabajar solian ejercerla gente con fincas propias, productores de cañas y/o palma que, con el fin de tener unos jornales extra en los días que, por las inclemencias del tiempo no se podía trabajar en el campo, evitaban la venta de materias primas y lo hacían del producto ya elaborado.

Aunque se compraba palma a lo largo de todo el año, por almacenaje y especulación de los propios recolectores, ésta se cortaba exclusivamente en verano, ya que necesitaba no menos de dos o tres semanas de sol para llegar al perfecto secado y blanqueamiento de la fibra. Esta forma de que el recolector ganara unas pesetas más, vendiendo en invierno parte del material recolectado en verano para conseguir un mejor precio, también convenía al fabricante que, de este modo, no tenía que preparar el dinero y espacio suficiente de una sola vez. No ocurría así con los mangos de caña que, obligatoriamente había que serrar y recoger en las "lunas" de Enero, Febrero, Marzo y Abril, para no exponerse a la problemática fermentación de este producto y al peligro que significa su manipulación a partir de primeros de Mayo. Los mangos quedaban recogidos para esa fecha, pero expuestos al aire y al sol para su perfecto secado, no consumiéndose hasta finales del verano cuando el peligro de la temida alergia había pasado por completo.

El otoño empezaba para los escoberos con las nuevas cosechas de palma y mangos. Los lugares de almacenaje repletos hasta los topes y los artesanos sin una sola peseta con la que comer. Se imponía el régimen de la patata nueva asada, las judías y garbanzos recolectados durante el verano y las almendras con higos secos; las primeras coles y las últimas judías. Para postre, las sandías y los melones que atados y colgados en las vigas de madera del desván, mediante clavos, garantizaban un refrescante bocado hasta próxima la Navidad.
Mientras tanto las 600/1000 escobas diarias, que era la producción media de aquellos tres productores principales, iba vendiéndose no sin trabajo.
- Per fi tornem a tindre diners! -decia Herminio (mi padre) a su mujer.
- Ja ere hora! -replicaba Pilar (mi madrastra) satisfecha.
- Esta nit aniré a comprar una xulleta per cada un de nosaltres -sentenciaba Pilar en un despliegue de alegría y desenfreno consumista.

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