23 de junio de 2010

0101- MELOCOTONES DE CABANES - La nostalgia de lo bueno.


Cuantas veces hemos visto en un mercado cualquiera y sobre unas cajas de melocotones, un trozo de cartón que, con el trazo de un simple rotulador, decía que su contenido eran "melocotones de Cabanes"...
Muchas, ¿verdad?.
Pues bien, como todos sabemos, pocos quedan de aquella época de esplendor frutícola de nuestro pueblo puesto que, los que hay, nada tienen que ver con lo que entonces se recolectaba. La razón no es otra que las instalaciones de goteo que ahora permiten a sus dueños conseguir el tamaño y los kilos suficientes para hacer el cultivo rentable. Los melocotones de Cabanes alcanzaron su fama por ser de secano, pero también por las determinadas zonas de excelente tierra adecuada para su cultivo en secano. Tierra arenosa en superficie y agria en el subsuelo, con la que se conseguía el dulzor característico y se mantenía la sazón suficiente para llegar a la maduración sin falta de humedad. 

Claro que entonces llovía más que ahora... Sí amigos, en la actualidad los melocotones de Cabanes que llegan al mercado son de regadío como lo son los de Lérida o de cualquier otro lugar. Es probable que quede alguna pequeña parcela de secano, pero no me consta. Los actuales cosecheros de melocotón en Cabanes tienen instalado el correspondiente gotero y ni árboles ni fruta sufren la sed que décadas atrás concentraban su azúcar. Sin embargo eso no impide que los pillos comerciantes exhiban todavía (30/40 años después) cartelitos que indican una procedencia que es cierta a medias. Es obligado decir que los melotones que actualmente se cultivan en Cabanes, en una producción muy limitada, siguen siendo sin duda los mejores del mercado. Será por la composición de la tierra, por el clima, por un riego limitado, etc. pero la cuestión es que todavía superan con diferencia a los de otras procedencias. Aún así, nada tienen que ver con aquellos que abrieron mercado cuatro o cinco décadas atrás. 

Cultivar fruta en secano hoy es prácticamente imposible, en un tiempo en que lo primero que se busca es vistosidad y buen tamaño. Más aún teniendo en cuenta lo poco que llueve con motivo del cambio climático.
Treinta y cinco años atrás, ante la disyuntiva del obligado arranque de las viñas de pie americano que era la totalidad de lo que se cultivaba en nuestra zona, había que hacer algo para seguir ingresando algunas pesetas a la economía familiar. Cinco años antes, cuatro visionarios mal contados y entre ellos quien escribe, ante el escaso precio que se pagaba por la uva decidieron optar por el arranque de las viñas, naturalmente sin percibir indemnización alguna. El resto de agricultores al ver que tras el arranque de las cepas se plantaron frutales, nos tacharon de ilusos por apostar por un cultivo que se presumía inevitablemente de regadío. No estaban del todo equivocados, pero entonces no era como ahora y durante el verano las tormentas regaban con cierta frecuencia nuestros campos. 

Tanto era así que las variedades más tardías que se plantaron en Cabanes (amarillas de Agosto) llegaban a la cosecha sin faltarles la humedad.
Cierto es que las plantaciones se habían realizado previo profundo arado de los campos mediante grandes tractores y que la intensa labor tras la plantación y durante todo el año, no dejaba que la sazón se escapara, pero aún así todos teníamos nuestras dudas. Como digo anteriormente los tiempos eran otros y, aparte de llover con más frecuencia, no había plaga ninguna. No se conocía el agusanado de la mosca ni el pulgón verde que años después sería el terror de los agricultores 
de la comarca. En cuanto a los precios de venta del producto, eran sencillamente increíbles. Exceptuando alguna caja mediocre, las 100 pesetas por kilo era un precio casi habitual y los gastos mínimos. Pesetas del año 1975-80, que eran muchas pesetas. Claro que al aumentarse la producción los precios empezaron a bajar.

Unos años después empezaron a faltar algunas lluvias pero, ante el extraordinario precio de la fruta, pudimos permitirnos el lujo de regar el arbolado con algunas cubas de agua en la quincena anterior a la cosecha, cuando la fruta empezaba a cambiar de color. Solo la diferencia de kilos pagaba sobradamente el escandaloso gasto de esta forma de riego, por lo que las diferencia en precio por el aumento de calibre eran beneficios.
Naturalmente ocurrió lo que siempre ocurre, cinco años después el arranque de las viñas fue obligatorio y los vecinos, conocido el éxito de quienes les precedieron, plantaron masivamente buena parte del territorio con esta clase de frutales. Como es natural, debido a la excesiva oferta, el precio bajó y con él la rentabilidad del cultivo. También los primeros árboles estaban ya exhaustos y un servidor, teniendo otras opciones de ganarse la vida, arrancó sus campos de frutales a los 12/14 años de su plantación. Después siguieron otros y otros y otros más. En la actualidad Cabanes apenas tiene un 10% de tierra bien cultivada, un 40% trabajada a medias y un 50% de fincas abandonadas. 

Los viejos se han muerto o han abandonado el cultivo y los jóvenes no quieren saber nada de un oficio de duro trabajo y escasa rentabilidad. En la actualidad todos somos más exigentes y una rentabilidad suficiente debe ir unida a una presentación superior. Nosotros en los años de sequía, para obtener el calibre suficiente realizábamos un fuerte aclarado que mermaba notablemente la cosecha. El agricultor de hoy, como el de siempre, quiere ambas cosas y lo consigue en fincas con agua y montando un moderno goteo y abonos especiales metidos en la misma agua de goteo. Ahora pues, tienen calibre y cosecha pero, como en este mundo no se puede tener todo, les falta el azúcar. Cada época tiene cosas buenas y malas.
Actualmente las cosas buenas son pocas pero, sin duda, ¡las pocas que hay no se distinguen precisamente por ser un apoyo a la agricultura!.

RAFAEL FABREGAT

22 de junio de 2010

0100- CABANES Y LA PRIMERA COMUNION.


Se acercaba la fecha tan esperada.
Siguiendo las instrucciones del cura, los niños debían apuntarse para el gran evento y seguir un cursillo en el que se incluiría el correcto aprendizaje del Catecismo así como otras enseñanzas que el cura determinaría en su momento. 
Desde que finalizó la Semana Santa de 1.957 mossén Pepet, que visitaba semanalmente la escuela, dijo que todos los niños que tomaban la Primera Comunión ese año habían de ir todos los domingos a misa y después al catecismo. Según las órdenes recibidas niños y niñas, en un número aproximado a la treintena, tras la misa nos quedamos "al Rebañito", nombre  que en Cabanes se le daba a la catequesis. Pero aquel año todo había de ser diferente. A mediados de Mayo y por decisión unilateral de mossén Pepet, ocupaba yo el décimo lugar en el último día de catequesis. 

Pero no empecemos por el final...
Estábamos un tanto a la expectativa, puesto que no sabíamos en que consistía la preparación que el sacerdote quería darnos, pero pronto salimos de dudas. Se trataba simplemente de estudiar el Catecismo y con él todas las oraciones que allí se impartían.
A fin de conseguir un mejor aprovechamiento, los niños fuímos separados en dos grupos y lo mismo se hizo con las chicas. Para impartir esa especie de adoctrinamiento se formaron pues cuatro grupos que atendían otras tantas "catequistas". En el grupo que me correspondió la catequista es una tal "Luisa", una agradable y simpática joven que con los años se casaría con Lázaro Selma, actualmente jubilado y expropietario de la discoteca LASSEL. El otro grupo de chicos lo atendía "Pilarín", otra chica también muy agradable que unos años más tarde se casaría con Elías Nager y abrirían la tienda de tejidos del mismo nombre.

Para conseguir despertar el interés de la concurrencia, cada día de asistencia al llamado "rebañito" se nos entregaba un cromo que, a modo de pequeño billete, se cambiaba cada cinco asistencias por uno mayor. 
También allí, como en la escuela, el que mejor respondía ocupaba el primer lugar. Había gran interés en ello puesto que en las procesiones del día de la Ascensión y del Corpus Cristhi, los cuatro primeros serían los encargados de llevar en procesión la peana del Niño Jesús y del mismo modo las cuatro primeras niñas sujetarían las cintas de dicha peana.
La lucha era grande entre niños y niñas por ocupar esos cuatro primeros lugares del ranking pero solo cuatro podían ser los agraciados. Sin embargo algo no cuadraba, puesto que Vicente el de Pepita y Paquito el de Facundo, ambos hijos de "ilustres" familias locales de la derecha más rancia de la localidad, ocupaban los últimos lugares al tiempo que yo, pobre e hijo de republicanos, era el primero. 
Mossén Pepet, por vez primera vez en la historia de este pueblo, optó por cambiar las costumbres locales implantando una novedad que gustó a la mayoría... 
La lista definitiva de los niños, para el día de la Primera Comunión, sería por sorteo y no según el lugar que ocupásemos en el aprendizaje de la Doctrina Cristiana.
Pués bien, en el sorteo de los niños, doce en total, me correspondió el número diez; el once fue Paquito el de Facundo y el doce para Vicente el de Pepita. ¡Para que después digan que no hay Dios...!  Lo que sí está claro es que Diablo seguro que lo hubo...

Mi madrastra (Pilar) no por serlo quiso que yo me quedara detrás y siguiendo la costumbre de entonces, me compró un traje gris, zapatos, camisa y corbata a juego, en Casa Reverter, de Castellón. 
El traje era precioso. Jamás había tenido nada igual. Pero a ella, que no comía por no gastar, no le gustaba que nadie le pisara ni un dedo y enterada que Vicente y Paquito (los ricos del pueblo) iban de blanco, no se lo pensó dos veces y le dijo a mi padre:
- Demà se'n anem a Castelló!
- Altra vegada? -dijo mi padre.
- Altra vegada -respondió ella.
- No estic contenta amb el vestit que vam comprar l'altre día al xic -recalcó.
- Dons aneu vosaltres, que jo ting faena -replicó mi padre mosqueado.

Al día siguiente y a tan solo una semana de la celebración, marchamos mi madrastra y yo a Castellón con el "cotxe de línea" y fuimos a la tienda de Tejidos Reverter.
- Bon día, en que podem servir-la? -dijo amablemente el dependiente.
- Recordará que la setmana passada li vaig comprar un vestit de comunió? -preguntó mi tía.
- Sí señora, sí... que hi ha algún problema? -preguntó el dependiente preocupado.
- No, no. Pero en vull un altre mes i de blanc  -dijo mi tía.
- Perfecte señora. Una bona idea. Un traje per a la ceremonia i un altre per a la festa, de vosté tindríen que apendre molts que es creuen ser rics. -dijo el dependiente lisonjeando.
- Això, això que vosté diu -replicó mi madrastra satisfecha y a sabiendas que, en mi caso, no había prevista fiesta familiar alguna. 
De hecho solo hubo un invitado a comer: Federico Bellés (padre), primo hermano de mi difunta madre, pero con cuyos padres siempre nos había unido una gran relación de amistad, además de la familiar.
Pilar eligió un traje con pantalón blanco y chaquetilla negra de "veludillo" camisa blanca y una corbata de chorreras que parecía un marqués. Fuimos al probador y...
- Li agrade? -preguntó el dependiente a mi tía.
- Perfecte -respondió mi madrastra orgullosa. 
- Quant val?
- Pues... entre el pantaló, la chaquetilla, la camisa... -la cifra era respetable...
Sin cortarse un pelo Pilar sacó un sobre usado que llevaba metido en el sostén y...
- No és problema. Ahí té i... fins l'altra! -dijo a modo de despedida, siendo yo hijo único.
- Fins quant vosté vullga senyora -dijo acompañándonos hasta la puerta y haciéndonos varias reverencias.

Como si hubiera sido hecho aposta, que aposta había sido, la estratagema del cura para dar una oportunidad adicional a las familias amigas de la Iglesia, le salió mal y aquellos niños a los que intentó beneficiar fueron igualmente los últimos y conmigo, eso sí, los únicos niños vestidos con traje blanco de Primera Comunión. 
El esfuerzo de mossén Pepet había sido totalmente en balde. Claro que yo, el más pobre de los tres, tenía dos trajes, algo que no tenían "los ricos": ¡el blanco y el gris!.
¡Cosas de mi madrastra!. 
Aquella misma que no comía por no gastar. Los pobres de entonces y de siempre, a falta de dinero, tienen orgullo...

RAFAEL FABREGAT

0099- LA ENSEÑANZA EN TIEMPOS DE FRANCO.

Amanece un día cualquiera de otoño en Cabanes. Hacia las ocho me llama mi "tía" (madrastra). No sé por qué tan temprano, me pregunto.
Me visto. Pantalón corto con dos parches en el culo -la moda de entonces y ahora-, camisa con el cuello raído, viejo jersey con alguna mancha y más de un agujero.)Bajo a la cocina donde, junto a los restos de una vieja cortina de "baladre", que separa ésta del pasillo, están los restos de una silla (sin asiento) que sostiene una palangana con agua.
- Les orelles també -grita mi tía.
Me lavo la cara y bajo al corral de las gallinas donde debo hacer "otras cosas". En el corral hay cuatro viejas gallinas que apenas ponen huevos y que, al verme, se acercan presurosas pensando que puedo ser yo quien les dé el primer sustento del día, pero no es así ya que, con un trozo de caña caída del cañizo que separa el corral del cobertizo, hago un pequeño hoyo en el estiércol que tapo después de hacer "aquello" a lo que venía. En principio las gallinas han quedado sin desayuno, aunque no estoy del todo seguro puesto que, al marchar yo del corral, veo que se han puesto a escarbar...

No hay desayuno en nuestra casa, mi tía me pone un trozo de pan y un bollito de "chocolate terroso" dentro de la cartera escolar, a la vez que ata con un pequeño cordel el tazón de aluminio que queda colgando del asa al exterior; todos los niños lo llevan así y, como cada día, en el recreo nos lo llenarán de leche americana en polvo, que cocinará la tía Trinidad la de Bolos, madre de José Luís y Marisa.
Me mojo un poco el pelo y con el peine, al que le faltan no menos de cuatro o cinco púas, consigo hacerme la raya lo más recta posible y con la punta de un lápiz aprovecho para quitar la mugre que hay entre las púas que quedan. Me despido de mis padres y salgo hacia la escuela. Vivimos en una calle secundaria pero de gran actividad. La calle de Les Eres, parte trasera de las casas del Carrer de Castelló, es donde todos estos vecinos hacen principalmente su vida, mientras la puerta a la calle principal está permanentemente cerrada. Son los ricos del pueblo, los pobres vivimos en la pared de enfrente de la misma calle, a la umbría. Para más ambiente, en el carrer de les Eres tenemos la más importante carpintería de la localidad (els Facundos) y el "molí de farina del tío Ernesto de la Barana" donde los niños jugamos entre sacos y poleas, para enfado de Herminio el de Santamaría, que es el encargado principal y único. 

La actividad es frenética en nuestra calle y la vida hace acto de presencia al llegar las primeras luces del alba. Habitadas todas las casas de dicha calle los agricultores preparan carros y animales para marchar hacia el campo, las mujeres salen a barrer la calle pasando antes la regadera para no levantar polvo. Algunos carros del Pla de l'Arc acuden a moler el trigo y algunas otras legumbres para pienso de los animales, al tiempo que los niños salimos en dirección a la escuela: Solita la de Tarambana y su hermano Paquito, Mari Nieves que pasa una temporada en casa de su tío Ximo el dels Garxos, Paquito el de Facundo y su hermana Maria Pilar, Paquito el de Valero, Contxita la de Valeriano, Teresita la de Belesario y yo mismo Rafael el de Condill; frente a su herrería nos está esperando Manolito el de Pipa. Todos, más o menos juntos, enfilamos hacia la escuela por "el Clot de Pipa" un camino hondo y lleno de hortigas que ha propiciado más de una urticaria.

Nuestra primera idea es levantarles la falda a las chicas para verles las bragas, acción duramente perseguida a día de hoy. ¡Cosas del Opus Dei social-comunista!. Pero entonces, semejante comportamiento era ¡cosa de niños! y ahí acababa la cosa. Ellas ya se sabe... 
- ¡Cotxinos, malcriats, ja els ho direm als vostres pares!.
Pero las risas evidenciaban que el chivatazo no se produciría.
A la llegada a la escuela chicos y chicas se separaban, puesto que la enseñanza de unos y otras era diferente y en aulas separadas. Chicos ala norte del edificio y chicas ala sur, separadas por un gran patio que servía para jugar en las horas de recreo. 
Falta un cuarto de hora para que empiecen las clases y todos aprovechamos para los primeros contactos y juegos del día. El tiempo pasa pronto y un silbato pone fin al juego, al tiempo que las voces de los maestros nos conminan a formar frente a los mástiles emplazados en la fachada interior de la entrada principal.
- Alinearse... ¡Ar!
- Izquierda.. ¡Ar!
- Firmes....... ¡Ar!

Los tres primeros de la clase de los mayores son los encargados de izar las banderas. La española en el centro y a derecha e izquierda la de la Falange y la de los Requetés. Don Francisco Amela, director del colegio entona el primer himno...
Viva España,
alzad los brazos
hijos del pueblo español,
que vuelve a resurgir...

El cántico finaliza al grito del Director,
- ¡Viva España!...... (viva)
- ¡Viva Franco!...... (viva)
Y Don Francisco empieza de nuevo...
Cara al sol con la camisa nueva,
que tu bordaste rojo ayer...
Esta vez el himno finaliza de forma distinta,
- ¡Arriba España! -grita Don Francisco... (viva)
- Rompaaan... ¡filas!. ¡Ar!

En Cabanes el 80% de la población mayor eran republicanos. Los cánticos y las tres banderas en lo alto de sus mástiles emocionan a una chiquillería que no sabe de políticas..., aunque en las casas no se hace otra cosa que maldecir los signos que allí constituyen el inicio de la jornada escolar de los chavales. Nosotros, niños con 8-10-12 años, no sabemos donde está la verdad. Hoy, cincuenta años después, sabemos que la verdad no existe, puesto que cada cual tiene la suya.


Entramos en clase. Cada uno ocupa ya su pupitre cuando, de repente...
- ¡En pie! -dice el maestro, al tiempo que inicia el rezo de un Padrenuestro que los alumnos acompañamos disciplinadamente.
Lo siguiente, según el día, puede ser un Dictado, la lectura de "El Libro de España" o el estudio de una de las materias de la enciclopedia que habitualmente estudiamos. La hora del recreo (11,00h) llega pronto y nuevamente el silbato, que suena en el patio del colegio, indica que ha llegado la hora de salir. Serán 15 minutos para tomarnos la leche en polvo que los americanos proporcionan a los niños españoles, a cambio de poder instalar en nuestro país sus bases militares, y 30 para jugar. Los niños desatamos del cinturón de la cartera el tazón metálico que todos llevamos y nos disponemos a formar para, en rigurosa fila, ir a recoger el tazón de leche. También por la tarde se repetirá este acontecimiento diario, esta vez con un trozo de queso amarillo "de Bola", que acompañaremos con el pan que nos pondrán nuestras madres en la cartera.

- A medida que vayáis terminando la leche podéis salir al recreo -dice el maestro, que tiene más ganas que nosotros de poder salir a tomar el sol y a fumarse un pitillo.
Varios eran los juegos de los niños y niñas de entonces: El guá, la bandereta, la comba, Buli y dali, la trompa, les chapes, els cartonets, etc., etc.
Pero el tiempo pasa rápido y nuevamente el silbato nos indica que el horario de juegos ha finalizado. Entramos atropelladamente en clase y tras unas breves indicaciones del trabajo a realizar por la tarde suenan las doce del mediodía.
- ¡En pie! -dice nuevamente el maestro, al tiempo que empieza el rezo del Ángelus, de obligado cumplimiento en aquellos años de posguerra...
Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tu eres
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.

Los niños disciplinadamente respondemos...
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores...
Antes de marchar el maestro nos recuerda...
- No olvidéis decirles a vuestros padres que mañana finaliza el plazo para realizar las aportaciones "voluntarias" 
para el Domund y la Santa Infancia. 
Hay algunos que todavía no han traído su donativo. Los que mañana no hagan su aportación, pasarán a ser los últimos de la clase...

RAFAEL FABREGAT

21 de junio de 2010

0098- CABANES, POBLE DE GRANERERS.

Sí amigos. Aunque ya hablé de este oficio en la entrada que daba noticia de las antiguas profesiones de nuestro pueblo, me era obligado dedicar un capítulo específico "als granerers" , por ser justamente la profesión de mis antepasados y la mía propia; la que dio de comer a toda nuestra familia.

De izquierda a derecha, Herminio (mi padre); Rafael (yo mismo) y Pilar (mi madrastra) enfrente del taller, junto a la carretera de Zaragoza.

Yo, hace ya algunos años que decidí suspender la fabricación de este tipo de productos, habida cuenta que en este momento es mucho más barato importarlos de cualquier país del Este que fabricarlos en España. Dejé pues la profesión de fabricante y empecé la de distribuidor, mejor pagada y con el solo trabajo de gestionar la compra-venta de los diferentes artículos en Tarifa.
La profesión de escobero (granerero se llamaba en aquella época) era profesión de gente mediocres, gente que no podía aspirar a nada superior, pobres al fin y al cabo, pero con la inteligencia suficiente para no aceptar que nadie dirigiera sus vidas. El granerero, todos cortados con parecido patrón, no era una persona normal.

Solía ser una persona que nada tenía, pero que era incapaz de trabajar a sueldo, en nada, ni para nadie. Orgullosos, ricos sin dinero, rebeldes del destino. Como James Dean, en la película norteamericana dirigida por Nicholas Ray de 1.955, quienes ejercían esa profesión eran "rebeldes sin causa". A diferencia del asalariado que solo tenía que poner las manos, puesto que incluso las herramientas las ponía el propietario, el granerero era un empresario de élite, solo superado por el carpintero y el herrero. Era oficio que precisaba inversión y, no disponiendo de efectivo para realizarla, era oficio de pobres-valientes. Aventureros al fin y al cabo. A falta de Bancos, había que buscar un socio capitalista o un capitalista a secas que, por excepcional amistad o pertinente interés económico, porporcionara el dinero suficiente para adquirir, en época de cosecha, el material suficiente para poder trabajar todo el año.

Los proveedores, pequeños agricultores que vendían cuatro haces mal contados de palmito o de cañas, necesitaban vender a quien tuviera mejor precio y, sobre todo, a quien más rápido pagase.
Lo anterior no significa que fueran pocos los que ejercían la profesión de "granerero" ya que es muy frecuente que los oficios se extiendan por pueblos o incluso comarcas. Aventureros hay pocos, pero cuando la gente se cerciona de que lo que ha realizado otro tiene resultados positivos, los "aprovechados" crecen como hongos. No son pocos los que trabajan durante años al servicio de otro, con escasa rentabilidad para el empresario y deficientes resultados por su ignorancia que, cuando ya dominan el oficio y conocen todos los entresijos, se instalan por su cuenta. Es algo tan normal como la vida misma. Nadie nace sabiendo y todos aquellos que no tuvieron al maestro entre sus antepasados tuvieron que hacerlo de esta manera. También éstos son aventureros, pero no tanto, puesto que nadie vuela del nido hasta que no conoce lo suficiente.

Con apenas 10/12 años los muchachos, niños aún, iban a los talleres de escobas y empezaban pelando los mangos de caña y aprendiendo poco a poco el oficio. Sea como fuere, aunque yo no recuerdo tantos, simultáneamente llegó a haber en Cabanes unos diez talleres de escobas de diferente categoría, según producción. El más importante era el de "Els Macos", con seis empleados más los dos hermanos-propietarios que finalmente terminarían separándose creando dos talleres independientes, ambos situados en la carretera de Zaragoza y enfrente uno del otro, aunque cada uno a la otra parte de la riera del Rabaxol. Tan antiguo como estos era el taller del tío Ros de Corona, en el carrer d'Engalía, el de el tío Marco en el carrer Ildum, el de el tío Valent, en la carretera de la Ribera y el de Herminio el dels Muts, en el "pati de Ernesto el de la Barana" primero y en la "bodega de les Camiles" después, ambos locales en la carretera de Zaragoza. Herminio era el segundo en producción, con cuatro empleados y el matrimonio dueño del negocio.

Aparte los anteriores había escoberos (Antonio el de Gaspachero y otros más...) que, en su casa, trabajaban independientes vendiendo su producción, ya terminada, al mejor postor. Esta forma de trabajar solían ejercerla gente con fincas propias, productores de cañas y/o palma que, con el fin de tener unos jornales extra en los días que, por las inclemencias del tiempo, no se podía trabajar en el campo, evitaban la venta de materias primas y lo hacían del producto ya elaborado.
Aunque se compraba palma a lo largo de todo el año, por almacenaje y especulación de los propios recolectores, ésta se cortaba exclusivamente en verano, ya que necesitaba no menos de dos o tres semanas de sol para llegar al perfecto secado y blanqueamiento de la fibra. Esta forma de que el recolector ganara unas pesetas más, vendiendo en invierno parte del material recolectado en verano para conseguir un mejor precio, también convenía al fabricante que, de este modo, no tenía que preparar el dinero y espacio suficiente de una sola vez. No ocurría así con los mangos de caña que, obligatoriamente había que serrar y recoger en las "lunas" de Enero, Febrero, Marzo y Abril, para no exponerse a la problemática fermentación de este producto y al peligro que significa su manipulación a partir de primeros de Mayo. Los mangos quedaban recogidos para esa fecha, pero expuestos al aire y al sol para su perfecto secado, no consumiéndose hasta finales del verano cuando el peligro de la temida alergia había pasado por completo.

El otoño empezaba para los escoberos con las nuevas cosechas de palma y mangos. Los lugares de almacenaje repletos hasta los topes y los artesanos sin una sola peseta con la que comer. Se imponía el régimen de la patata nueva asada, las judías y garbanzos recolectados durante el verano y las almendras con higos secos; las primeras coles y las últimas judías. Para postre, las sandías y los melones que atados y colgados en las vigas de madera del desván, mediante clavos, garantizaban un refrescante bocado hasta próxima la Navidad. Mientras tanto las 600/1000 escobas diarias, que era la producción media de aquellos tres productores principales, iba vendiéndose no sin trabajo pues era superior la oferta que la demanda.
- Per fi tornem a tindre diners! -decia Herminio (mi padre) a su mujer.
- Ja ere hora! -replicaba Pilar (mi madrastra) satisfecha.
- Esta nit aniré a comprar una xulleta per cada u de nosaltres -sentenciaba Pilar en un despliegue de alegría y desenfreno consumista. Al lado de la chuleta muchas patatas fritas, eso sí...

RAFAEL FABREGAT

17 de junio de 2010

0097- LA CRISIS Y LA FALTA DE TRABAJO.

Son varios los problemas que acucian en este momento al mundo en general y particularmente a los españoles.
- EL PARO Y
- LAS HIPOTECAS.
Aunque solo sea de forma provisional, ante la falta de trabajo, se puede sobrevivir apoyándote en la familia y los amigos; pero nadie te podrá solventar las deudas, salvo el propio Banco que te dió el préstamo y cuyo único interés estriba en que se lo devuelvas, con los consiguientes intereses.
Ante la coyuntura de extrema dificultad actual, para el banco es un mal menor alargar el plazo de amortización. Lo importante para él es que puntualmente atendamos sus recibos al vencimiento. Si nos es imposible pagar los 1.000 € mensuales que pactamos, hablemos con el banco; no creo que nos pongan impedimento alguno para que les paguemos 600 € alargando al doble el plazo pactado inicialmente.

No es cierto que el Banco pretenda quedarse con nuestros bienes. Ellos no tienen ningún interés especial en embargar nuestras fincas, piso o apartamento. Tienen demasiados ya. Su único y exclusivo interés es cobrar y solo cuando esto es de todo punto imposible, es cuando embargarán.
Supongo que convendrán conmigo que somos muchos los que hemos actuado con extremada ligereza. Sí, sí, ya sé que la culpa no es toda nuestra. ¡Nos lo vendían tan fácil y tan bonito...! Compra lo que quieras y paga cuando te dé la gana... ¡y, además, a un interés ridículo!
Claro, claro... ante esa oferta, ¿quién se resiste?. Ahora, cuando ya todos estamos pillados en el mismo cepo, vienen las lamentaciones. Porque la casa para vivir era necesaria, pero muchas de las cosas que se compraron no lo eran...

Coches multimillonarios, apartamentos en la playa, fincas o renovación de las masías en ellas ubicadas y hasta villas. ¿Cuando un obrero ha podido permitirse semejantes lujos?. Nunca ¿verdad?. ¡Pues ahora tampoco!
Los bancos (avariciosos hasta la extenuación) nos vendieron la burra como si de charlatanes de feria se tratase.
- ¡Ni al seis, ni al cinco, ni al cuatro!. Le dejamos el doble de la cantidad solicitada y solamente al 3% de interés; a 30 años, con el solo aval de su nómina y le regalamos un televisor de plasma. -decía el banquero solícito.
- Es que yo... ¡solo cobro 900 € al mes y...! -respondía el cliente cohibido.
- Nada, nada. No se preocupe... ¡Y 15.000 euros más para que cambie el coche, que seguramente lo tendrá Ud. ya viejo! -machacaba el Banco.

Ante tantas facilidades uno salía del Banco como si fuera el "Rey del Mambo".
- Hostia, si no lo veo, no lo creo -decía el cliente para sus adentros.
- Firme, firme Ud. aquí... -decía el banquero. (Ya tengo a otro en el bote.)
Hasta tal punto estaban fuera de sí que, alguno de esos bancos, se dice que incluso prestó más dinero del que tenía depositado. ¿Será posible locura de semejante calibre?
Pero claro, era todo tan bonito... ¡También para ellos!
Y una cosa más: Los gobiernos vieron... ¡Pero cerraron los ojos!
Todos sabemos de algún chaval que con 18/20 años y el Permiso de Conducir recién estrenado, al encontrar su primer trabajo, con un sueldo mileurista y un contrato temporal de tres meses, se compró un coche de 4/6 millones de pesetas, pero... ¿será posible? ¿Es que nos habíamos vuelto todos locos? Naturalmente ese joven no tenía garantía alguna de continuidad laboral pero, ¡como todos lo hacían...! ¿por qué él, tenía que ser menos?

Yo lamento mucho decirlo y espero que nadie se moleste por ello, pero creo que esta maldita crisis tendrá un lado positivo y será el de recordarnos a cada uno de nosotros quienes somos y hasta donde podemos llegar. También creo, con toda sinceridad, que nadie de los que actualmente estamos con los pies sobre la tierra volveremos a ver tiempos como aquellos. ¿Por qué? Pues simplemente porque no es posible que tamaña insensatez se repita. La memoria de lo ocurrido, será la garantía de que no vuelva a producirse. Lo que si es posible (seguro diría yo) es que la crisis pase y que se pueda volver a momentos de esplendor económico. Trabajo para todos y sueldo garantizado para todos aquellos que quieran trabajar. Porque una cosa hay que tener clara. Si no trabajamos, nadie podrá pagarnos el sueldo. Lo de la pillería y el escaqueo, tan típico de los países mediterráneos, no es el camino.
Si el empresario que nos contrata no tiene beneficios, difícilmente podremos tener garantizado nuestro trabajo y nuestro sueldo.
Lo ocurrido estos años atrás pensemos que fue un espejismo, una especie de milagro. ¡Y eso que yo siempre dije, que los milagros no existían...!

RAFAEL FABREGAT

16 de junio de 2010

0096- EL MISTERIO DEL MUNDO Y LA VIDA.

Desde los hechiceros de las tribus más recónditas, hasta los representantes terrenales de las divinidades que actualmente se adoran en cualquier parte del mundo de hoy (todos igual de farsantes, a mi entender) han intentado aprovecharse de la ignorancia general, dando respuesta a las preguntas de la humanidad que mira perpleja la insignificancia de su presencia en un mundo del que nada sabe.
El que dice saber nada sabe tampoco, pero ve en la ignorancia y las ganas de saber de los demás, la posibilidad de lucrarse y lo hace sin miramiento alguno. No ahora que el mundo está más bien informado, sido desde el origen de los tiempos.
Ni el primitivo hechicero, ni el representante de ninguna de las religiones más modernas que pueblan la tierra, tiene respuesta alguna al hecho de que este mundo, en el que nos encontramos, sea único o puedan existir miles (millones incluso) iguales o parecidos en un universo que no parece tener fin.

Ni el más sabio de los mortales sabe nada al respecto, todo son conjeturas y teorías, suyas o adquiridas, que intentan (como el hechicero) dar respuestas a quienes les pagan el sueldo y las prebendas de todo tipo.
Nuestro pequeño cerebro (extraordinario si lo comparamos al de cualquier animal) es incapaz de asimilar cifras de ese calibre infinito que es el universo. Cuando hablamos de grande o pequeño nos referimos a números, a nivel astronómico tan ridículos que nos impiden calibrar más allá. No llegamos ni a lo que es un grano de arena, en la suma de todas las playas del mundo. De la misma forma, una simple lenteja sería en esa misma arena todo el universo conocido. ¿Puede alguien imaginar la grandiosidad de aquello de lo que estamos hablando?

Pues bien es ahí, justamente ante nuestra insignificancia, cuando tienen cabida los dioses. Es en ese preciso momento cuando empiezan las preguntas que, al no tener respuesta, solo son explicables por medio de algo celestial.
No importa cual sea, todos son igual de buenos para el creyente y todos son igual de malos sus representantes. Los humanos necesitamos tener explicación para todo y cuando ésta no es posible la suplimos con Dios, un ser sobrenatural posible creador de todo cuanto existe. Sin embargo en los últimos tiempos la humanidad ha evolucionado notablemente y las creencias han mermado en la misma proporción. Está demostrado que conocimientos y creencias van parejos, aunque inversamente proporcionales.

Sin embargo ante una desgracia todos miramos al cielo. (?) Queramos o no, la herencia de miles de años de ignorancia sigue presente en nuestro débil cerebro.
En mi curiosidad espacial mi mujer, en fecha señalada que no viene al caso, quiso hacerme un gran regalo comprándome un telescopio.
- Quiero uno bueno -le dijo al dependiente. A lo que éste le respondió:
- Señora, en este tipo de artículos no hay bueno ni malo. Una pregunta, si me permite... ¿Su marido tiene o ha tenido anteriormente otro telescopio? -preguntó el dependiente.
- No, no. ¿Por qué lo pregunta Ud.? -respondió mi señora.
El dependiente, honrado como se verá a continuación, le dijo:
- Mire Ud., para la curiosidad de su marido es suficiente con un telescopio de 60/80 mm. de lente. Con él verá lo mismo que con uno de de 120 mm. o mayor, solo que algo más pequeño.
Mi mujer no quedó demasiado convencida, pero se dejó aconsejar. Entre otras cosas porque, en esta clase de cosas, de un escalón a otro los precios se disparan que es una barbaridad.

El dependiente tenía razón. Ningún telescopio doméstico, sea cual sea su potencia, puede captar más allá del sistema solar.
Fuera del minúsculo mundo que forman los planetas de nuestra estrella madre, a la que denominamos Sol, solo pueden escudriñarse nebulosas y pequeños puntos de luz que son las estrellas de nuestra insignificante galaxia.
Yo, con ese telescopio que el vendedor aconsejó a mi señora como un regalo suficiente, he podido ver con mis propios ojos hasta el más mínimo detalle de nuestro satélite lunar; a Mercurio, Venus y Marte con toda precisión; el esplendor de Júpiter, con las franjas coloreadas que lo circundan y a sus cinco lunas. He visto también al majestuoso Saturno y sus esplendorosos anillos. Efectivamente, con un telescopio mayor hubiera podido ver todo esto con mayor detalle, pero no más allá.

El vendedor tenía razón, el más allá está demasiado lejos para verlo con un telescopio, especialmente si es doméstico.
Lo que si está claro es que el más allá existe y que a la velocidad de la luz, inimaginable para los más importantes físicos mundiales poder llevarla a la práctica, necesitaríamos miles de años para cruzar la pequeña galaxia de la que formamos parte.
Pues bien. Más allá hay cientos, miles, millones de galaxias.
Entre cada una de ellas igual o más distancia de la que nos separa de la más próxima.
Llegados a esta conclusión... ¿Qué pintamos nosotros aquí?.
Los científicos, a mi entender únicas personas cualificadas y sin interés económicos de por medio, nos repiten cada día que la vida, con diferencias sustanciales dependientes de los medios en los que se haya desarrollado, existe probablemente en cantidad incalculable en otros muchísimos planetas que, sin duda alguna, pueblan el cosmos.

Hay en la religión cristiana una reflexión (Polvo eres y en polvo te convertirás) a mi entender la más verídica que ésta pregona y que yo tergiversaré un poquito para adaptarla a la más entendible y cruda realidad: Somos una ínfima partícula (germinada) del universo y, tras la muerte, esta partícula vuelve a su estado natural (el agua al agua y el polvo al polvo). Formamos parte del planeta tierra y ésta del universo. Comemos cada día partículas de los seres que nos precedieron y bebemos cada día el agua de la que éstos estaban compuestos. No hay más. En cuanto a nuestro apego a la vida y nuestro ancestral deseo de que tras ella podamos disfrutar de otra nueva, perpétua y mejor... ¡Por favor!. ¿Es que todavía queda alguien que se lo pueda creer?. Pues, ¡qué suerte!.

RAFAEL FABREGAT