- ¡No estamos para monsergas! -diréis vosotros, con la resaca sabatina a cuestas...
En fin, vamos allá. La primera parte del Mandamiento es fácil. Suponiendo que haya Dios, que es mucho suponer, éste será sin duda tan bueno y comprensivo que, siendo hijos suyos y parte de su ser, nos perdonará a todos. Naturalmente todos no creen en Dios pero no importa. En su amor y comprensión infinita acogerá también a quienes ahora dudan de su existencia. De todas maneras, creer en Él no es tan difícil. Basta con ponerse a mirar el cielo en lugar tranquilo y noche cerrada (mejor acompañados) donde no haya contaminación lumínica y pensar en lo que vemos. Mirar el cielo nocturno y no creer en Dios es imposible. Si nosotros vivimos en uno de esos puntitos de luz, ¿que no puede haber en tan inmenso Universo donde las estrellas se cuentan por billones?. ¿Quien ha hecho esto y qué objeto tiene?. ¿Quienes somos?. Y, sobre todo, ¿hacia donde vamos? -le susurra el chico al bombón que lo acompaña, al tiempo que desliza su mano bajo la breve minifalda de la aprendiz de astrología...
- ¡Ay, Manolo...! -dice la chica suspirando al ver que su novio ya no mira las estrellas. Sin duda los dos miran al cielo, pero ya no ven nada. Y creen en Dios... ¡vaya si creen en Dios!.
Es difícil tener cariño a quien no se ve pero yo, que no creo en nada, empiezo a pensar que "algo" tiene que haber. Si no, ¿que sentido tiene todo esto?. Está claro que todos debemos a nuestros padres la vida que disfrutamos, pero tiene que haber algo más... Esta oportunidad que, para bien o para mal, la vida nos ofrece se la debemos a alguien y ese alguien es a lo que algunos llaman Dios, otros Buda, otros Alá y mil maneras más de nombrar a una misma cosa. Poco importa el nombre que queramos ponerle, la cuestión es tener un referente que nos ayude a ser mejores, a amar a los que nos rodean y a respetar a los que nos odian, aún sin motivo. Responder con sus mismas armas nos haría iguales y eso ¡jamás!. La ley del Talión no la inventó un buen cristiano, aunque fuera alguien de misa diaria.
El progreso del mundo se sustenta en la envidia. Querer ser más que el vecino es lo que impulsa el mundo y lo que permite la evolución del mismo. Si esta envidia y afán de superar a los demás no existiera, todavía viviríamos al abrigo de grutas y cavernas. Para vivir no hace falta tanto... El cobijo y el alimento son necesarios pero no hace falta una gran casa llena de comodidades, ni tampoco las comilonas que actualmente metemos entre pecho y espalda. Un trozo de pan y dos patatas son suficientes y si de vez en cuando añadimos un poco de carne o pescado, ya está... Ni chuletones ni mariscadas son necesarias, ni ordenadores, ni móviles, ni tablets. Cuando no se conocían todas estas cosas, nadie las echaba en falta. Hasta aquí (creo) que todos estaremos de acuerdo...
La gran ventaja de la pobreza es que te une a los demás. Parece que tendría que ser al contrario y que, como las fieras, los pobres tendrían que matarse por conseguir la parte más grande del botín, pero no es así. Es ahora cuando, hartos de todo, nos matamos unos a otros por alcanzar "ese poco más" que realmente no necesitamos. Todos sabemos que el camino de la ambición no hace feliz ni nos lleva a parte alguna, pero no podemos evitarla. Está en nuestros genes. ¿Hacia donde camina la humanidad, en esa carrera imparable por alcanzar una meta inexistente?. Personalmente los curas no me gustan porque, normalmente, no suelen hacer lo que predican. Sin embargo creo que alguno de sus predicamentos podría ser válido para vivir más felices. Más caridad hacia los demás, evitando el egoísmo que ellos tienen, a todos nos iría bien.
RAFAEL FABREGAT
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