28 de marzo de 2018

2584- EL GALLO SUIZO.

Suiza no solo es el país de los relojes y de los "bancos paradisíacos", sino también de cosas extremadamente raras. Tanto es así que en la Basilea de 1474 la justicia se reunió para procesar a un gallo que sin más consideración fue condenado a muerte y no de una forma cualquiera, sino atado a una estaca y quemado vivo. Su único crimen -pobrecito- fue el haber puesto un huevo. ¿Por qué tanta saña contra el pobre animal?. Pues es fácil comprender que para las gentes de aquella época y con la Santa Inquisición mediando en todos los hechos "raros" que acontecieren, el hecho de que un pollo pusiera un huevo era poco menos que algo de brujas. Dicho hecho, fue juzgado y condenado a muerte. 

Por cierto... No se conformaron con matarlo de cualquier manera no, sino que había de hacerse de manera ejemplar a fin de que a ningún otro gallo se le ocurriera repetir la satánica gesta. A tal fin, se le ató con una cuerda a estaca clavada en el suelo, se le cubrió con sarmientos secos y se prendió fuego al conjunto. El animalito no dijo ni pío, si bien es verdad que aleteó un poco, pero mucho menos de lo que hubieran hecho sus verdugos en situación parecida. 
El fuego de los sarmientos -varas de la vid tras la poda- duran poco, por lo que el animal murió inmediatamente y quedó chamuscado pero entero. Abierto en canal se comprobó que en el interior de su cuerpo había en curso otros tres huevos más. 
Sin duda no se trataba de un animal embrujado, ni tampoco tan extraordinario que mereciera la pena conservar en un museo, sino de una gallina con plumaje de macho. Hoy se sabe que ciertos problemas en los ovarios pueden provocar que alguna de estas aves cambie su aspecto e incluso que canten algún quiquiriquí...

RAFAEL FABREGAT

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