3 de mayo de 2012

0670- TEMAS DE ALTURA A RAS DE SUELO.


Justamente por tratarse de fenómenos naturales, que nos acompañan durante toda nuestra vida, damos poca importancia a lo que ocurre sobre nuestras cabezas, siempre y cuando no nos afecte favorable o negativamente. 
Es común que, ante un día espléndido, salgamos a la calle con mejor humor, tomando aire en nuestros pulmones y agradeciendo a los dioses el disfrutar con salud de una jornada maravillosa. 
No hay nada que pueda superar al maridaje de una sana juventud y un tiempo primaveral. 
Ante la unión de ambos fenómenos, solo una tormenta de felicidad puede desatarse. 
De la misma manera que, en un día viento fuerte, tormentoso, o de frío intenso, nos empequeñecemos dentro de nuestras prendas de abrigo intentando escapar de fenómenos tan poco agradables. 
Sin embargo, repito, siendo todo algo habitual en nuestras vidas, nadie se para a pensar el por qué sucede cada uno de ellos.

En las últimas décadas los adelantos técnicos han sido muchos y los profesionales de la meteorología se atreven a darnos previsiones de lo que sucederá no solo al día siguiente, sino incluso a lo largo de toda una semana y más allá. 

Las antiguas sondas de gas han dado paso a los satélites espaciales que, durante las 24 horas del día, escudriñan los cielos en busca de fotografías y datos atmosféricos que faciliten esa predicción anticipada, que los meteorólogos necesitan para informar a la audiencia, siempre demandante de datos que permitan planificar cualquier labor agrícola e incluso un viaje a determinado lugar del planeta. En base a esas predicciones se organizan o suspenden desplazamientos que siempre significan un determinado volumen de negocio para alguien.

La meteorología es siempre variable, pero sigue unas pautas dependiendo de la zona de la tierra de que se trate. En cualquier punto puede suceder un fenómeno determinado pero, como está demostrado, cada zona es más o menos propensa a cualquiera de ellos. Las grandes sequías se producen en zonas desérticas, de la misma forma que las lluvias constantes lo hacen en el trópico y los huracanes o tifones azotan las costas del sudeste asiático, el caribe o la costa este norteamericana. La atmósfera y sus fenómenos son de movimiento constante e impredecible, pero finalmente cada cosa sucede normalmente allí donde es propensa a hacerlo y ciertamente no se trata de ninguna lotería.


Aquí, en España, tenemos la suerte de que ningún fenómeno atmosférico adverso nos azote. Menos mal, pues bastantes palos sufrimos ya de otras índoles y que siempre acaban afectando a nuestra economía familiar. Pero, en fin, ese es otro asunto que no viene al caso... 

Por alguna razón que no vamos a analizar en el día de hoy, las costas caribeñas y del este norteamericano son propensas a las grandes tormentas tropicales, cuando no a huracanes que todo lo destrozan a su paso. Como mucho, en España puede haber algún episodio tormentoso de cierta intensidad y pequeñas inundaciones, debidas más a la mala planificación urbanística de algunos lugares que no a la dureza de ese determinado fenómeno atmosférico.

El Levante español, tierra madre de un servidor, es de temperatura cálida durante todo el año y pluviometría más bien escasa. 
Solo muy a lo lejos vemos la nieve en invierno y al estar cerca del mar tampoco las temperaturas veraniegas son elevadas como sucede en otras provincias del interior o sur peninsular. 
En fin, una bicoca. 
Claro que, con tan poca lluvia y las temperaturas cálidas, nuestros montes solo visten el verde del matorral mediterráneo y el pino negro. 
Nada que ver con el verde de las zonas tropicales azotadas por los fenómenos antes descritos. ¡Todo no se puede tener en la vida!. 
En España no es fácil hacer un pronóstico exacto y fiable del tiempo. ¡Que se lo digan a Eugenio Martín Rubio (hombre del tiempo en la década de 1960) que apostó su bigote y lo perdió!. 
En aquellos tiempos, de oscuridades políticas y de facinerosos del régimen que campaban a sus anchas, también se producían anécdotas curiosas y chocantes, tal cual era el dar "el parte" meteorológico en TV con una pizarra de tiza y un puntero que el "hombre del tiempo" manejaba frente a las cámaras de Televisión Española intentando decirnos el tiempo que haría al día siguiente como si se tratara de una clase de párvulos. El pionero fue Mariano Medina, alguna vez sustituido por su hermano Fernando. 

Unos años después tomó el relevo Eugenio Martín Rubio, profesional simpático de cuidado bigote que salpicaba sus intervenciones televisivas con bromas que trataban de eliminar la seriedad del programa. 
Un día hizo la siguiente apuesta a los telespectadores:
- Cuando nieva en Moscú y el avión de Nueva York a Madrid tarda menos de seis horas en realizar el trayecto, al día siguiente nieva en Madrid -dijo con gesto grandilocuente. 
Y el presentador siguió con su hábil perorata en una entrega total a tan vasta audiencia:
- Como esto ha sucedido en el día de hoy, apuesto mi bigote a que efectivamente mañana nevará en la capital de España.
 
Y el hombre se quedó tan ancho, como si se tratara del mismísimo Rappel. 
Al día siguiente lució el sol y más bien hacía un día... "pelín ventoso".
Llegado el momento televisivo del parte meteorológico, Eugenio Martín Rubio salió a la pantalla de todos los televisores de España sin hacer el más mínimo comentario, al respecto de su apuesta de la jornada anterior, pero con el bigote rasurado. 



En aquellos tiempos no había satélites que les ayudaran en su pronóstico y eran frecuentes los errores. 
Nos hablaban de los "barcos K y J", situados en el Atlántico, cual si se tratara de boyas parlantes que les facilitaban los parámetros del tiempo que se avecinaba en las próximas horas.
En fin, la anécdota fue muy comentada  los días siguientes y con amplias sonrisas de todos los espectadores y en todos los ámbitos. 
En aquellos tiempos el "arte de predecir el tiempo" solo podía demostrarse en un canal de televisión. 
Pero los espectadores, a pesar de haber pocos aparatos receptores, eran muchos y muy embelesados con todo lo que salía por aquella pantalla. 
La "tele" de las casas de familiares o vecinos con aparato, atraían a todo el vecindario. La gente miraba entusiasmada los dibujos animados, los noticiarios y muy especialmente "cosas" (fútbol, toros, etc.) que estaban ocurriendo a cientos de kilómetros de sus casas, sembrando la duda de los espectadores. 
Era algo difícil de asimilar. 
Una locura de la ciencia que muchos no podían creer. Hasta incluso, unos años después, "nos dijeron" que unos hombres americanos habían llegado a la luna. ¡Y nos mostraron imágenes!. ¿Sería verdad semejante proeza?.
- ¡Que tontos esteu! -decían algunos viejos- ¡Tot us ho fan creure!
Sencillamente, como podéis ver, eran otros tiempos...

RAFAEL FABREGAT