11 de diciembre de 2014

1595- EL FARAÓN PSUSENNES I.

Antecámara de la tumba del farón Psusennes I.
El francés Pierre Montet (1885-1966) fue uno de los más famosos egiptólogos de su época. Aunque en la década de 1920 llevó a cabo descubrimientos fantásticos en Biblos (Líbano) sobre los gobernantes del Reino Medio, su más famoso hallazgo llegó un par de décadas más tarde al encontrar la Necrópolis Real de las dinastías XXI y XII en Egipto. Durante más de diez años (1939-1949) estuvo excavando en Tanis (Delta del Nilo) y además de la tumba parcialmente saqueada de Takelot I, encontró totalmente intactas la de los faraones: Psusennes I, Amenemope y Shesónq. 

Nuestro interés se centra hoy en el faraón Psusennes I, tercer faraón de la XXI dinastía que gobernó desde Tanis entre los años 1047 y 991 a.C. 
Desgraciadamente los objetos de madera estaban descompuestos por la humedad pero esto no amilanó a nuestro eminente arqueólogo. Llegados a la cámara que guardaba el cuerpo del faraón, un sarcófago de granito rojo y otros muchos tesoros llenaban la práctica totalidad de la estancia. En el interior del sarcófago rojo, un segundo de granito negro y dentro de éste un tercero de plata maciza, metal de valor y prestigio superior al oro en el Egipto de aquellos tiempos.


Al menos el primer sarcófago había sido reutilizado, puesto que al exterior del mismo un cartucho indicaba haber pertenecido al faraón Merenptah, decimotercer hijo y sucesor de Ramsés II, en su enterramiento en el Valle de los Reyes. Esta práctica era habitual en aquellos tiempos puesto que debido a los numerosos robos de tumbas que se producían, muchos sarcófagos quedaban desocupados. El sarcófago exterior carecía de la importancia que sí tenía el ajuar que acompañaba al difunto y el ataúd que guardaba la momia, en este caso de plata, así como la máscara de oro que cubría su rostro. Efectivamente el hallazgo era importante desde un punto de vista histórico y también por los tesoros que acompañaban a Psusennes I.


La necrópolis de Tanis y especialmente su tamaño y reutilización de los bloques de piedras para su construcción, muestra las limitaciones de aquellos años convulsos del Tercer Periodo Intermedio. La elevada humedad de zona tan próxima al delta del Nilo y los miles de años transcurridos habían deteriorado todo el ajuar realizado en materiales orgánicos, pero nadie había profanado el lugar de reposo del faraón y el resto de tesoros estaban intactos. Pierre Montet estaba ante el hallazgo de un ajuar funerario jamás profanado, un descubrimiento formidable que aportaría sin duda información de inmenso valor histórico. El 21 de Febrero de 1940 fueron abiertos los dos primeros sarcófagos y extraído el ataúd de plata con adornos de oro que constituía el ataúd del faraón. Dentro la momia bastante dañada y, ocultando su rostro, una magnífica máscara de oro. La máscara estaba formada por placas de oro laminado, unidas de forma bastante rudimentaria por remaches y soldaduras, lo que no merma en absoluto su valor histórico y artístico. El espesor de la máscara es desigual pero todos sus detalles nos hablan de la habilidad de sus creadores para estirar y modelar el metal con métodos tan primitivos y con un resultado final tan sorprendente. Nos presenta al faraón portando un suntuoso collar y también el tocado del monarca se plasma con precisión. 


A diferencia de la del faraón Tutankamón, esta máscara no presenta recogido en su parte posterior, limitándose a conseguir una forma copulada que rodea eficazmente la cabeza del monarca. Destaca especialmente el brillo satinado del metal, la precisión del cincelado y la austeridad del colorido. La máscara de Psusennes I es motivo de admiración en todos los lugares donde se expone. Quizás no tiene el llamativo colorido de la de Tutankamón, pero su armonía y equilibrio causa admiración en todos los que tienen la fortuna de verla, bien sea en el Museo de El Cairo o en cualquier exposición que recorra el mundo. Solo las incrustaciones de lapislázuli necesarias para dar vida a la mirada, destacar las cejas y representar las tiras asociadas a su barba trenzada. Psusennes I fue el faraón más longevo que se conoce y con un reinado próximo a las cinco décadas. Aunque no hay datos al respecto si que hay constancia de dos fechas que hablan de este faraón con 49 años de separación entre ellas. 

En la tumba de Psusennes I se encontró un magnífico collar y seis brazaletes de oro que protegían sus brazos, rodillas y tobillos. Como vemos en la foto adjunta, algunos eran muy altos, con diseños elaborados e inscripciones de lapislázuli incrustado. 
Entre los vendajes de la momia la placa de evisceración, de 10x16,5 cm. realizada en oro y en sus pies dedales y zapatillas de oro bellamente decoradas. No faltaban tampoco jarras y platos de alabastro, así como copas de oro y plata, etc. 
Todo denotaba poder y recursos. A pesar de los malos tiempos que atravesaba Egipto, Psusennes I vivió muchos años y tuvo tiempo sobrado para preparar su paso al más allá en las mejores condiciones posibles. Por su avanzada edad se intuye que su muerte pudo ser por causas naturales. Los estudios óseos determinan una enfermedad crónica de espalda que sin duda le causaría bastantes molestias y que pudo impedirle llevar a cabo prácticas guerreras. Por lo que se ve, el hecho de no empuñar la espada no fue impedimento para mantener el poder durante su larga vida.

RAFAEL FABREGAT

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