18 de agosto de 2015

1858- SANCHO DÁVILA, el Rayo de la Guerra.

Así apodaron al capitán Sancho Dávila Daza, mano derecha del III Duque de Alba. Nacido en Ávila en 1523, viajó a Roma para estudiar la carrera eclesiástica, aunque abandonó los hábitos en 1543 y en 1545 inició su carrera militar en los ejércitos del emperador Carlos V. Luchó contra los protestantes alemanes, contra los turcos e incluso contra el propio papa Pablo IV en las Guerras Italianas. Ascendió a capitán en 1561. Si ser amigo de un noble nunca fue fácil para un simple capitán, mucho menos lo fue tratándose de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, patriarca del ejército español. La estima del Duque de Alba a su capitán, era tan elevada que podemos decir que sus vidas militares corrieron parejas a lo largo de sus vidas. Hijo de un comunero de Ávila y por lo tanto poco de fiar a los ojos del rey, Dávila se marcó los objetivos de demostrar su valentía en la batalla y la máxima lealtad a sus superiores. En su lucha contra los luteranos alemanes, Carlos V confió el control de sus ejércitos al Duque de Alba. La noche del 24 de Abril de 1547 nueve soldados, entre los que se encontraba Sancho Dávila, cruzaron el helado río Elba a nado y eliminando a los vigilantes tomaron todas las barcas necesarias para trasladar a sus tropas al otro lado del río. 

Creyéndose protegidos por el río los protestantes fueron pillados por sorpresa y hubieron de huir de forma desesperada y sin presentar batalla. Los nueve hombres fueron compensados con cien ducados de plata y Sancho Dávila con la confianza ciega del Duque. Siguieron años de lucha en el Mediterráneo contra los turcos, en la que la suerte fue desigual. Grandes victorias pero también espantosas derrotas que en 1560 sumaron para los españoles 9.000 muertos y 4.000 cautivos entre los que se encontraba Sancho Dávila. Los cautivos fueron liberados en 1561 mediante pacto entre los contendientes y Sancho nombrado por el Duque de Alba jefe de la fortificación de Pavía. Sin embargo tan cómodo y lucrativo cargo no era del gusto de Dávila y cuando el Duque de Alba marchó a la guerra de Flandes le rogó lo llevara consigo. 

Jefe de la guardia personal del Duque, formada por 100 lanzas y 50 arcabuceros, marcharon al frente de 16.000 almas en busca del enemigo. Los cronistas escribieron que jamás se había visto un ejército tan bien vestido, que todos parecían oficiales y príncipes. Sin embargo en Flandes no les esperaban con fiestas y bailes, sino con barro y miseria. En un inesperado ataque nocturno, 300 arcabuceros a caballo y 500 soldados de infantería consiguieron derrotar a las fuerzas de Guillermo de Orange, a pesar de estar atrincheradas. El Duque de Alba repartió 4.000 hombres por las principales guarniciones de Flandes y licenció al resto. A Sancho Dávila lo puso al frente de la ciudadela de Amberes. Su alta posición, no por todos aceptada sabiendo su modesta procedencia, le llevó a casarse en 1569 con Catalina Gallo, hija mayor del banquero Juan López Gallo. 

Catalina murió un año después en el parto de su hijo Fernando. 
Quizás a consecuencia de esa desgracia Sancho Dávila solicitó a Felipe II el hábito de la Orden de Santiago. Ser caballero de la Orden no era algo fácil en aquellos tiempos. La Orden mostró dudas por la posible ascendencia judía de sus dos abuelas y comenzó una lucha que lo mantendría en vilo durante varios meses. La investigación dio como resultado que sus dos abuelas tenían ascendencía judía. 
No era puro de sangre y aunque Sancho Dávila nunca pudo digerirlo, en aquellos tiempos los méritos militares pesaban menos que el plasma que corría por las venas. Finalmente el rey Felipe II, con la mediación del Duque de Alba le concedió el hábito de la Orden. Poco después, en 1572, estalló en Flandes la revolución provocada por los altos impuestos y el duro carácter del Duque de Alba que llegó a firmar cerca de 3.000 ejecuciones. Con solo 7.000 soldados hubo de lucharse en tres frentes y contra 20.000 hombres en uno de los episodios más duros de su carrera militar. Las numerosas quejas llegadas a la Corte, por los métodos utilizados por el Duque de Alba, aconsejaron a Felipe II relevarle y hacerle retornar a España en 1573. 

Sustituido por Luís de Requesen y estando éste informado de la valía de Dávila, le situó en su grupo de mando. Una de sus mayores victorias fue en la Batalla de Mock, donde los hombres de Dávila causaron la muerte de Luís y Enrique de Nassau, hermanos de Guillermo de Orange, junto a 3.000 de sus hombres. Desde la Corte, el Duque de Alba felicitó a su capitán como si de un hijo se tratase. Lo mismo hizo Felipe II que le prometió grandes mercedes a su regreso. La gran hazaña quedaría empañada esa misma noche al amotinarse las tropas, en protesta por las muchas pagas atrasadas. En 1577 Juan de Austria llegaba a Amberes sustituyendo a Dávila que regresó a España con el cargo de Capitán General de Granada, cargo importante pero sin acción alguna. 

No sería hasta 1580 cuando, intentando conquistar Portugal junto a un anciano Duque de Alba, recuperarían ambos el primer plano militar que latía en sus corazones. El ejército castellano se impuso rápidamente a los rebeldes lusos pero el día 11 de Diciembre de 1582, ya pacificado todo el territorio, fallecía el Duque de Alba a los 74 años de edad. No queriendo ser menos que su mentor, apenas unos meses después fallecía también Sancho Dávila. Lo que no consiguieron los miles de enemigos armados, lo hacía la absurda mala fortuna. Observando como herraban a un potro recibió una coz del animal en un muslo. La herida no parecía grave y cerró limpia, pero unos días después se infectó y produjo la peor muerte que un soldado puede esperar: postrado en la cama.

RAFAEL FABREGAT

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