4 de octubre de 2011

0507- LEYENDAS O REALIDADES ANTÁRTIDAS.


Las cosas no fueron siempre así. Bajo la gruesa capa de hielo de la Antártida, en muchos lugares entre 3 y 4 mil metros de espesor, duermen el sueño de los justos pueblos y campos de cultivo, otrora habitados en perfecta normalidad por tratarse de una zona templada y de agradables temperaturas.
Aparte del natural y lento desplazamiento de la tierra respecto a su eje, el causante de un cambio tan radical bien pudo ser el movimiento de las placas tectónicas y hasta un cataclismo motivado por algún meteorito caído en tiempos remotos. Cualquier cosa pudo y debió suceder pero, parece ser que las cosas no han sido siempre igual en la Antártida, quizás porque ese no ha sido siempre su lugar .



Estudios realizados por mentes privilegiadas de la geología determinan que la superficie de hielo que ocupa la Antártida es muy superior a la tierra que cubre. Mapas primitivos confirman la realidad, hoy contrastada mediante modernos aparatos de medición. ¿De qué documentos se valió el otomano Piri Reis para dibujar en 1.513 (y sin hielos) el mapa exacto de un continente que fue descubierto en 1.818 totalmente helado?. Estas realidades nos confirman que miles de años atrás las cosas eran muy diferentes por esas latitudes pues esos mismos mapas no se limitaron a dibujar el contorno real de la antártica, sino que señalan también ríos, pueblos y hasta los cultivos que allí se producían.

En muchos puntos, hay que internarse decenas de kilómetros de la costa para llegar a tierra firme. Hasta allí y bajo nuestros pies es todo hielo.
Según indicaciones de la expedición Schwahenland (1.938-39), en pleno corazón de la Antártida y ya muy cerca del Polo Sur, había una vasta región ondulada de tierras sin rastro de hielo y poblada de lagos. ¿Puede ser verdad que a escasa distancia del polo sur existieran lagos de agua líquida y verdes colinas?. La excelente reputación de los expedicionarios admitía la duda pero no el rechazo. Se trataba simplemente de confirmarlo y así se hizo unos años después.

Ocho años más tarde (1.947) aviadores norteamericanos sobrevolaron el lugar y quedaron sorprendidos al ver grandes zonas pobladas de pinos, matorral y musgo, así como 23 lagos. Su comandante, el almirante Byrd puso la proa en dirección al lugar y sobrecogido lo bautizó con el nombre de "Jardín de la tierra de la Reina María". Los hidroaviones se posaron en los tres lagos mayores que, desde el cielo, eran azul turquesa. Curiosamente no hacía frío y las aguas del lago estaban templadas y pobladas de algas microscópicas.

Parecía un milagro que rodeada entre los inmensos hielos pudiera existir una zona templada, pero así era. A su regreso, trataron de hallar una explicación al fenómeno y se consultó a los más afamados geólogos. En principio determinaron que tenía que ser un fenómeno vulcanológico, pues solo la posibilidad de la existencia de una fina corteza en ese punto y la relativa proximidad del magma, parecía capaz de producir semejante efecto. Finalmente la idea fue rechazada pues no había constancia de vulcanismo en la Antártida.

El almirante Richard Byrt murió en Boston en el año 1.957 como figura mítica de la navegación y del descubrimiento, pero las incógnitas persistían. En 1.958 científicos de once países diferentes decidieron averiguar feacientemente toda la realidad que se escondía tras los relatos de los viejos expedicionarios y pusieron rumbo a la Antártida.

La participación más destacada fue la protagonizada por Rusia y Estados Unidos. Siguiendo las indicaciones de las expediciones de 1.939 y 1.947, se montaron 33 campamentos y se instalaron 60 estaciones de investigación por todo el continente, que apareció totalmente cubierto de hielo. En la zona indicada por los anteriores exploradores, bajo el hielo se confirmaron zonas oscuras y líneas regulares que aparentaban haber sido edificios, demasiado perfectas para ser obra de la naturaleza. Se llegó a la conclusión de que el grosor del hielo es tan diferente en según qué zona que hace difícil el estudio de lo que hay debajo y que los hielos se desplazan contínuamente hacia los océanos circundantes, haciendo imposible el estudio del relieve terrestre.

Se encontraron fósiles de helechos gigantes que obligan a pensar en un clima más benigno en tiempos remotos, especialmente también por los inmensos yacimientos de carbón allí localizados, así como petróleo y muchos otros minerales. También se determinó que la atmósfera se hacía más cálida a medida que se acercaban al polo sur y con una densidad del 50% más baja de la que hay en el resto del planeta. A causa de unos microorganismos allí existentes, el aire es totalmente aséptico y la fauna existente inmune a cualquier bacteria, pero nada más. ¡El jardín de la Reina María había desaparecido...!.

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