9 de febrero de 2010

0040- SER MUJER EN TIEMPOS DE FRANCO.

Los hombres y los niños a caballo, las mujeres a pie.
Durante más de treinta y cinco años que Franco estuvo en el poder, no siempre con la misma intensidad puesto que también el Régimen fue modernizándose, la mujer era vista únicamente como guía del hogar y de los hijos y por lo tanto de los valores morales del núcleo familiar. Poder... ¡sí, pero de puertas adentro!, por lo que también la educación de los hijos (obligatoriamente católica) era de su responsabilidad. Lo bueno y lo malo -de puertas afuera- era cosa del marido. 
Muchos años después, fervientes seguidores de las políticas franquistas suelen exclamar:
- ¡La mujer de hoy nada tiene que ver con la de antaño! Aquellas mujeres se vanagloriaban de aprender a coser un botón o realizar una sabrosa comida con la que alimentar a los suyos. 

Ahora sienten vergüenza de dedicarse a las labores del hogar y alardean de haber dejado a un lado la ternura que la naturaleza les ha dado para dedicarse, cual si de una competición se tratara, a cubrir los puestos de responsabilidad que el hombre ha tenido hasta ahora, alardeando de ser igualmente capaces... ¡O de superarle incluso!.
Estos comentarios, sin duda certeros por la gran escalada que las mujeres han protagonizado en el mundo actual, están muy mal vistos y dependerá del tono en que se hagan para que sean aceptados o no. Está claro que las mujeres alardean y con razón de los progresos realizados, pero generalmente el hombre ya no es el opresor cavernícola que algunas feministas pregonan, por lo que el respeto mútuo sería lo más aconsejable. Todos tienen "su" razón...
Ya en la prehistoria los hombres cazaban y las mujeres cuidaban de los hijos. Aún hoy, las tribus que de forma aislada viven emboscadas en las junglas más recónditas, mantienen esa misma forma de vivir. No se trata de que la mujer sea inferior al hombre. Aunque físicamente no tenga la fuerza de éste, la mujer está suficientemente preparada y capacitada para suplirle en casi todos los avatares que la vida pueda presentar, siempre que no se trate de una cuestión de fuerza bruta. 

Por el contrario ningún padre es capaz de suplir la ternura de la madre ausente. Las madres son... otra cosa. Otra cosa mucho más cariñosa y compleja. Por eso mismo, los roles que la naturaleza puso de manifiesto desde el primer día de la Creación, dicen que el hombre caza y trae la comida a la casa y la mujer la prepara y alimenta a los hijos. No lo dice nadie, lo dice la naturaleza. Sin embargo estos son otros tiempos y la modernidad dispone otras formas de vivir y de luchar. En el mundo actual tanto el hombre como la mujer son aptos para "cazar" y para preparar la comida con las piezas logradas y el que no lo admite tiene un serio problema y a la mujer en contra, la suya y las demás. Pero volvamos al tema... 


En tiempos de Franco, desde la Enseñanza Primaria hasta la que posteriormente ejercía la Sección Femenina de la Falange Española y de las J.O.N.S., la educación de las mujeres iba orientada a la labor de esposa y madre, dedicación a las labores del hogar y cuidado de los hijos. Subordinación al marido y claro exponente de un segundo lugar en la sociedad. Los tímidos intentos de emancipación de la mujer, que nacieron en tiempos de la II República, fueron rápidamente erradicados al ganar Franco la guerra civil. Lo más curioso es que las dirigentes femeninas del Régimen Franquista no predicaban con el ejemplo y en general eran de talante autoritario e independiente, no sumisas al varón. Dirigentes como Pilar Primo de Rivera no se casaban y tenían un trabajo que llenaba todas sus aspiraciones, no necesitando el marido que ellas mismas propugnaban para las demás.

Mediante Decreto de 28 de Diciembre de 1.939 se confió a la Sección Femenina la formación social y política de las mujeres, asignatura obligatoria que cumplían las niñas en los Centros de Enseñanza Primaria y que incluían Hogar, Educación física, Labores, Cocina y Economía doméstica; todo ello impartido por monitoras especiales y en cursos de tres a seis meses, que venían a completar la Enseñanza Primaria. Después de la guerra, en la gran concentración femenina que se celebró en Medina del Campo, Pilar Primo de Rivera le dijo a Franco:
- Mi general, estas son las secciones femeninas que durante la guerra acudieron a todos los puntos donde la patria reclamó su presencia.
Franco le contestó:
- Ahora os queda formar a las niñas y mujeres españolas, ya que la única misión que tienen asignada en la tarea de la Patria es el hogar.
Pilar Primo de Rivera agradeciendo su confianza afirmó:
- Ampliaremos su formación en las escuelas, para hacerles a los hombres más agradable la vida de familia y para que encuentren dentro de la casa lo que antes les faltaba. Así no pensarán en ir a pasar en la taberna los ratos de expansión.
- Así tiene que ser -respondió Franco, categórico.

En contra de las reticencias de la Iglesia católica, la Sección Femenina propugnó que se incluyera en los cursos de formación la práctica de la gimnasia por lo que, para que las deportistas no cayeran en inmoralidad, se vigiló mucho la indumentaria que se utilizaba en los ejercicios deportivos y aconsejando la colocación de pololos bajo las faldas; prenda holgada que permitía todos los movimientos sin que se pudiera ver un solo centímetro de los muslos.
En 1.975, con la muerte del Dictador, las cosas cambiaron... Surgieron los primeros grupos feministas que emprendieron una lucha sin tregua por reconquistar los derechos de la mujer y la Sección Femenina se diluyó. Pilar Primo de Rivera se retiró discretamente, convencida que algún día la Historia le reconocería la labor realizada.
Hay que señalar que, en los últimos años del Régimen, la situación de la mujer mejoró notablemente. El porcentaje de mujeres solteras que trabajaban era del 53%, el 16% de las casadas y el 44% de las viudas o separadas. Estas cifras dan una idea de la escasa incidencia de la mujer española en el mundo del trabajo remunerado y sin tener en cuenta, además, que la mayoría de las mujeres empleadas trabajaban en puestos secundarios y mal pagados. La Democracia trajo la luz a muchos sectores de la sociedad y también a la mujer. Treinta y cinco años después de instaurarse la Democracia en España, las mujeres están cubriendo la mayor parte de las plazas universitarias y entrando de lleno en el mundo técnico y empresarial.
Tendrán menos fuerza física pero... ¿Será verdad que nos superan en todo lo demás?. Mmmm. ¡No me extrañaría nada...!

RAFAEL FABREGAT

8 de febrero de 2010

0039- PERSONAJES DE CABANES.

No vamos a hablar de personajes célebres, ni destacados en ningún campo, como alguien pudiera pensar. Se trata de personas sencillas, de vidas sencillas, que vivieron en nuestro querido pueblo y que alguien como yo recuerda por alguna anécdota por ellos relatada o vivencia por mí conocida.

El tío Valero.
Comunista como el que más, viendo que teníamos un pequeño transistor en el taller de escobas que tenían mis padres, en la Bodega de les Camiles junto a la carretera de Zaragoza y frente a la casa de les Fandangues, cada día que pasaba por allí y entraba a charlar un rato nos pedía que conectáramos con "Radio Tirana". La citada emisora, nada menos que desde Albania, emitía todos los días un par de noticiarios en español y por Onda Corta, siempre referentes a cualquier cosa que pudiera desprestigiar al régimen Franquista y a sus colaboradores. También "la Pirenaica" desde Andorra emitía noticiarios similares, pero el tío Valero estaba empecinado en que "Radio Tirana" lo contaba todo mejor.
Mis padres también eran de izquierdas pero, temerosos por la frecuencia con que los "civiles" entraban en el pequeño almacén al volver de sus rondas por la carretera, se oponían diciéndole que era arriesgado y que no querían problemas.
- Esteu cagats! -decía el tío Valero intentando conseguir su objetivo.
- Qui vulgue escoltar la ràdio que se'n compre una! -respondía mi padre.
Mientras tanto en el pequeño transistor la radionovela de la tarde o el consultorio de Doña Elena Francis hacían las delicias de "les Valentes" (Pilar y Vicentica) que hacían manojos para nosotros y también de mi tía Pilar y "els Roquetes" que hacían las escobas.
- Només escolteu bobades -decía el tío Valero y marchaba a sus quehaceres. Pero esas negativas no impedían que dos días después el tío Valero volviera a visitarnos y a fustigar a Franco y a "sus secuaces" en una conversación repetitiva que acababa siempre recordándonos que Radio Tirana era, con diferencia, la que mejor retrataba la mala gestión de Franco, su aislamiento internacional y que entre todos habíamos de luchar para echarlo del poder como fuera.
Como de costumbre, mi padre y sus trabajadores le recordaban que esa no era nuestra misión y que la gente de a pie no podíamos hacer otra cosa que trabajar para ganarnos el sustento diario.
- La política per als polítics -le decía mi padre.
- Esteu cagats -era la respuesta habitual del susodicho personaje, al que se le atendía por cortesía pero con el que nadie estaba de acuerdo, más por la forma que por el contenido.
Y una vez más éste marchaba refunfuñando.

La tía Marcelina.
Desenfadada y excelente persona que se relacionaba tanto con viejos como con jóvenes, incluso niños. Vivía en la calle San Antonio en la década de 1.950, pero en la parte trasera de la casa tenía un gran patio, extremadamente rocoso y sucio por los excrementos de las gallinas que correteaban por allí y una vieja puerta de madera de fabricación casera que apenas si consistía en cuatro tableros mal cortados unidos entre sí, que daba a la plaza dels Hostals, entonces "del Generalísimo Franco".
Soltera y ya muy mayor los niños íbamos a jugar con frecuencia en su patio, puesto que la puerta en lugar de cerradura tenía un simple alambre y no le molestaba en absoluto nuestra presencia.
Por su carácter extremadamente abierto y nulos recursos solía vender vino para el consumo doméstico. También recibía en su casa la visita de algunos de su edad, solteros o no, a los que les servía (previo pago) algún vaso de vino que se tomaban en animada charla. Ni siquiera era una taberna, pero compraba una garrafa de vino tras otra en la bodega de Pastor y quien tuviera ganas de charlar un rato podía ir a tomarse un vino en su casa por unos céntimos. Al parecer ella vendía el vino al mismo precio que lo compraba, solo doblaba con agua la cantidad adquirida por lo que sus compras eran en pequeña cantidad para que no se le agriara.
En los últimos años de su vida se decía que tenía novio, un tal Xoxim que se ahorcó en una higuera del "camí de la Cenia". Sin embargo lo descubrieron rápidamente y pudo salvarse aunque por pocos días ya que, persistiendo en su idea del suicidio, se tomó un buen trago de insecticida y entonces ya no pudo hacer nadie nada por él.

Paca la "de Torlá".
Persona sencilla que por su portentosa memoria, no sabemos si falsa o real, sorprendía al más suspicaz de los mortales. Muchos dudaron de sus aseveraciones y casi nunca quedó probado que sus historias fueran ciertas. La mayoría consideraba sus afirmaciones de poca o nula fiabilidad y por consiguiente apenas se tenían en cuenta.
Su aparato de radio fue el primero de la localidad y siendo ella muy creyente y temerosa de Dios, era costumbre que por la tarde, a la hora del Rosario que transmitía Radio Nacional de España, invitaba al vecindario a rezarlo a la entrada de su casa, abriendo ella las puertas de par en par y dándole al aparato el máximo volumen.
- Ja va el Rosari, ja va el Rosari -gritaban los niños por la calle, al tiempo que las vecinas se acercaban a la casa de Paca.
Su padre, médico de la localidad, cuando lo llamaban por vómitos y malestares de vientre o estómago, siempre daba la misma receta...
- Deixeu-lo una setmana sense menjar res i a veure si encara vomite...
Las conversaciones con Paca siempre acababan con alguna de sus precisiones, lo que dejaba boquiabiertos a cuantos la escuchaban... Persona casera en extremo, cuando salía aprovechaba para explayarse y más de uno salía corriendo al intuir que su saludo inicial de cortesía podía significar el perder una hora o más de trabajo.
- Bon dia Paca... que tal, com va la cosa? -preguntaba el transeúnte por decir algo.
- Bon dia, bon dia. On vas, tant de matí? -respondía ella.
- Vaig a segar herba per al matxo. -repondía el vecino.
Y ella se apresuraba a llevar al susodicho a su terreno...
- Dons ves al tanto, que tal dia com avuí fà 47 anys, un home que li deien Quelo es va tallar tres dits de la mà i despres se li va engangrenar -se apresuraba a puntualizar Paca.
- Xe Paca, vols dir? no ho he sabut mai -respondía el vecino preocupado.
- Dons sí, sí!... Per cert que aquell dia, es va fer una tronada molt gran i no van poder enterrar a Josep el de la Lloma, que el día avans s'havie mort d'un grà negre i van tindre que esperar a l'endemà.
El vecino, ya escamado por tanta precisión de fechas y detalles se toma el asunto un tanto a cachondeo exclamando...
- Xe Paca, quina memoria tens! Segur que va passar tot això avuí mateix fà 47 anys? -dice el vecino burlonamente.
- Dons clar que sí. Tot això va passar aquell dia. -recalca Paca- Me'n recorde per que vaig anar a "casa les Vulgaües" a per fideus i la tia Mercedetes, que estave allí comprant sossa per a ficar unes olives de llavor Borriol, estave contant lo de la tallamenta de dits del "tio Quelo".
El vecino, incapaz de situar en su memoria quien se cortó la mano cuarenta y siete años atrás, a quien enterraron aquel día y mucho menos si llovía o hacía sol, dejó a la tal Paca con la palabra en la boca y marchó precipitadamente al trabajo.
Cabizbajo, con el saco a la espalda y la hoz sujeta en el cordel que le hacía las veces de cinturón, se preguntaba cuanto habría de cierto en las aseveraciones que la tal "Paca la de Torlà" hacía a lo largo del día y todos los días del año.
- Millor oblidar el que m'ha dit -murmuraba mientras se percataba de que una cierta jaqueca se había instalado en su cabeza...

El "buen amigo".
Nadie sabía la edad que tenía ni de donde vino, aunque él siempre dijo ser natural de Valdepeñas, como única información. Se autodenominaba "el buen amigo" y previa petición de permiso, se instaló en la pallisa de "Victoria, la viuda alegre", en lo que es hoy el Bar-Frankfurt Siglo XX. Destartalado pajar al que se accedía a través de una puerta rota de confección casera. Un pequeño montón de paja, restos de la última vez que se utilizó como pajar (no menos de 20 años atrás) le servían como el mejor de los colchones para una estancia que dijo ser provisional, pero que se prolongó en el tiempo durante más de ¡cinco años!.
 Sin trabajo alguno y viviendo de la caridad, que sería escasa en tiempos de tantas privaciones para todos, tampoco era él persona que aceptara ganarse el sustento con el sudor de su frente. Se trataba de un simple vagabundo para el que solo era importante vivir sin trabajar.
Aburrido visitaba a quienes le escuchaban y nuestro taller, como casi todos los de la localidad, no era ajeno a aquellas visitas aunque nada se le diera. Primero como curioso espectador del oficio que allí se realizaba, pero muy pronto por gustarle la tía Soledad la Fandanga que era en extremo bromista y le daba pie a sus chanzas. El "buen amigo", ya con más confianza, nos contaba las muchas novias que había tenido a lo largo de los muchos años que pateaba el mundo sin más obligación que llenar el estómago.
- Claro, como no "treballes", siempre tendrás "ganes" de marcha -le decía la tía Soledad riéndose, intentando hablarle al "manchego" en castellano.
El hombre también era bromista y le gustaba sacar punta a todo por lo que, al saber que la Tía Soledad era viuda, la asediaba con requiebros y zalamerías e incluso le escribía versos con una punta de lápiz y en un cartón recogido de la basura.
Picarescamente y siempre de broma, la tía Soledad aparentaba aceptar sus amores y más de una vez, viéndolo sentado en el suelo charlando con todos y mirando como trabajábamos, se levantaba un poco la falda y el buen amigo saltaba hacia ella al tiempo que ésta salía disparada corriendo como una liebre a través de los bancales de la tía Perra, lindantes con la villa de Humilde la Xurra.
El buen amigo, harto de caminar por todas las carreteras y caminos de España, estaba ágil y no era viejo, aunque su aspecto descuidado indicaba más edad de la que seguramente tenía (unos 45 años) pero la tía Soledad estaba más ágil todavía y al buen amigo le resultaba imposible alcanzarla. Después de correr ambos por los aludidos bancales, paredes arriba y abajo durante un buen rato, ambos llegaban a nuestro taller jadeantes y (sobre todo) la tía Soledad que muerta de risa no había tenido problema alguno en dejarlo atrás.
- Un día te alcanzo y debajo de la higuera verás lo que es bueno -decía él al llegar reventado a nuestro taller, con un punto de malicia y más en serio que en broma.
La tía Soledad y todos los presentes nos reíamos a carcajadas, entendiendo la carrera realizada como la broma que sin duda era, pero que "el buen amigo" tomaba como una provocación en toda regla... ¡Nada más lejos de la realidad!

El tío Belesario.
A los pocos minutos de haber desaparecido de nuestra vista los personajes anteriores, ya se asomaba a la pequeña puerta el tío Belesario (abuelo dels Canos) hombre de buen carácter y muy chistoso que nos alegraba la vida con sus contínuas bromas.
- Em sembla que nevarà -decía con toda seriedad en pleno mes de Agosto.
- Que no vas a l'aveall Herminio? -preguntaba a mi padre.
- Demà pel matí que farà tramontana -le respondía éste.
Y el tío Belesario ya tenía enfocada la conversación...
- Dons jo vaig anar la setmana pasada però no sé si tornaré, pèrque vaig tenir un ensurt...
- Que et va passar? -pregunta mi padre sabiendo que la cosa iba de chiste.
- Dons que era dins de l'aveall esperant que es fes de dia i vaig vorer una ombra molt gran dins de la pica que feia un soroll molt extrany (run, run, run) i pensant que serie un pardal desconegut, no m'ho vaig pensar més i vaig tirar filatada, eixint corrent per agafar-lo avans que s'escapara. Però quina sorpresa...!
Los allí presentes, atentos a la narración de los hechos preguntan impacientes.
- I de quin pardal es tractava -preguntaron todos a una.
- Calla, calla. Nos vos ho pensarieu mai. Era una màquina de cosir! -exclama el tío Belesario.
Y todos estallamos en una risa largamente contenida a lo largo del relato y que más de uno no podía controlar.
Mi padre quiso colaborar en la jocosa conversación...
- Dons jo el altre día vaig anar a podar els ametllers i vaig vorer que "el Carreté" estave dins de la barraca que té al bancal del costat, caçant a l'aveall i sense que ell ho veiés, li vaig tirar la meva boina dins de la piqueta i ell ¡PLASH! disparà el filat pensant que sería un pardal gran i extrany. Eixí ell corrent i quan va vorer que ere una boina mirà cap a tots els costats i al vorem darrere de la barraca plantat i rient-me es va fer loco. -contó mi padre.
- Maricón, tu havies de ser. Redeu! -maldecía el "carreté".
- Quant més pecats deie ell, més em rie jo -refiere mi padre como cosa bastante normal, teniendo en cuenta que tenían amistad para gastarse la citada broma.
- Dons jo... -prosiguió el tio Belesario- la setmana passada estave caçant també i me va entrar una bandada d'estornells tant gran que els vaig tirar filatada i al haver-ne agafat tants, van prendre el vol dins del filat i a mi, que estave agafat a la corda intentant subjectar-los, em van traure per l'espillera portant-me a l'aire. ¡Sort que vaig tropessar amb un pi i vaig poder agafar-me a una branca, que si no... ¡faig cap a Vistavella!
Carcajadas generales de la concurrencia, que animan más si cabe al "contador" de mentiras a cual más gorda y que nos hacen pasar el tiempo más rápidamente.
Mi padre no quería perder la batalla...
- Dons jo, l'altre día...
-Calla, calla que m'entre pixera. -sigue Belesario que no quiere ceder protagonismo a Herminio- Per cert que l'altra nit se'n va anar la llum i me vaig pixar al llit -dice ahora el tío Belesario.
- Però home... que te que vore que se'n vage la llum per a pixar-se al llit? -dice mi padre.
- És que... voras. Com esta dona i jo tenim l'habitació dalt del corral del matxo, tinc una fulla de pitera i, quan tinc pixera, fique la fulla per una finestreta que done al corral i pixe sense tindre que alçar-me del llit. I clar, l'altra nit al anar-se'n la llum... la fulla no estave prou inclinada i els pixats van parar tots damunt del llit i la dona em vol pegar...
Carcajada general, una vez más.
- Me'n vaig que ara mateix es farà de nit -decía a las diez de la mañana y ya sin añadir nada más, salía hacia la pequeña era y pajar que tenía lindante con nuestro taller.
Simples anécdotas de un tiempo de estrecheces pero que, visto en la lejanía de los años transcurridos, parece más feliz que ahora...

RAFAEL FABREGAT

7 de febrero de 2010

0038- LA GUARDIA CIVIL DE LOS 50/60.

Tiempos duros...
Como he dicho en otras ocasiones, la vida era difícil en todas y cada una de las circunstancias que acompañaron la posguerra española. Como siempre, mucho más para los pobres y para los perdedores de la guerra civil, que al fin y al cabo eran los mismos. No hacía falta que los republicanos llevaran una etiqueta o signo exterior de identidad, como unos años antes pusieron los nazis a los judíos para adivinar que lo eran. No hacía falta. Eran los pobres y el solo aspecto exterior era suficiente para distinguirles de los más pudientes, siempre de derechas. El "rico de siempre", que no lo es desde siempre según puede leerse en mi entrada "MENDIZABAL Y LOS NUEVOS RICOS", tenía otra prestancia, el saber estar que da la falta de miedo. Por muchos motivos, no solo porque iban los domingos a misa, la élite se distinguía. La ropa y el lustre que daba el plato lleno en cada una de las comidas diarias, no dejaba lugar a dudas.
El pobre, trabajado en exceso, con ropas viejas y mal comido, no podía estar a la altura y ello se adivinaba fácilmente con una sola mirada.

Los "civiles", apostados diariamente en cualquier curva de la carretera o camino, pocas veces paraban a los ricos a los que conocían sobradamente, pero daban siempre el alto a los pobres, a los desamparados de Dios y de los hombres.
- ¿A donde va Ud.? -le increpaban ásperamente.
- Voy a sembrar unas patatas -respondía el labrador miedoso.
- A ver... ¡La placa! Mmmm... ¡está bien! Mmmm... ¡la cédula de identidad!
- ¡Ay! La he dejado en casa señor guardia... por si acaso la pierdo. -decía el hombre asustado.
- ¡Pues tiene que llevarla siempre encima! -le chillaba el guardia.
- Sí señor... otro día la cogeré -respondía el hombre más asustado todavía.
- Otro día no. ¡Ahora! ¡Vuelva al pueblo y la coge! -gritaba el guardia sin compasión.
- Enseguida señor guardia. ¡Voy a por ella! -balbuceaba el labrador asustado.
- ¡Rápido! y pase por aquí para revisarla! -decía el guardia guiñando el ojo al compañero, en un gesto de complicidad que denotaba su interés en fastidiar al labrador.
- Sí señor... sí señor, voy enseguida -respondía el paisano, al tiempo que giraba el carro en dirección al pueblo.
- Qué desvergonyits son els bandits, redeu! -refunfuñaba el lugareño entre dientes.

- ¿Decía Ud. algo? -increpaba el guardia civil.
- Nada, nada, señor guardia.  ¡Arreaba al mulo! -mentía asustado el pueblerino. Los guardias civiles miraban riéndose, cómo el desgraciado marchaba hacia el pueblo aterrado por la reprimenda que le había caído encima.
Cada día paraban a un cierto número de personas, siempre agricultores miserables, a los que amargaban la vida y muchas veces les multaban por nimiedades de todo punto injustificadas.
- ¡Alto! -increpaban amenazadores con la mano levantada.
- ¿A donde va Ud. en domingo? -dice el guardia en tono autoritario.
- Señor guardia, es que... -el lugareño, viéndolas venir, asustado.
- ¡Ni es que, ni esca! ¿No sabe Ud. que los domingos no se trabaja? -chilla el guardia.
- Solo voy a por un poco de leña... -miente el lugareño intentando esquivar la multa.
- A por leña... eh! ¡Muy bien, son 50 pesetas de multa! -responde el guardia.
- Pero, señor guardia... -el labrador indignado pero sumiso.
- ¡Ni señor guardia ni leches! Tiene una semana para pagarla, ¡buenos días!

El sufrido agricultor, pensando que ya no le salva nadie de la multa, decide seguir su camino y ya que el día lo tiene perdido, llevar a casa la leña que no tenía previsto recoger.
- ¡Eh! ¡Oiga! -le increpan nuevamente- ¿A donde va usted?
- ¿Yo?... a por la leña -dice el labrador, para seguir la mentira inicial.
- ¿Es usted tonto?... ¿No le he dicho que los domingos no se trabaja? -le dice el guardia en tono amenazador. - Yo... es que... -el asustado agricultor no sabe qué responder.
- O se va para casa o le pongo 100 pesetas más de multa por desacato a la autoridad -amenaza el guardia.
- Sí señor, perdone usted -dice el labrador al tiempo que coge el mulo por el ronzal y gira el carro en dirección al pueblo, maldiciendo su suerte y a los autoritarios guardias.

Sin embargo, la Guardia Civil no era entonces un cuerpo de élite, sino un cuerpo policial mal pagado, con guardias continuas y sin medio de transporte. Unos años más tarde ya se les dotó de unas bicicletas pero, aún así, solo el dominio del populacho tenía para ellos cierta recompensa y buena parte de dichos guardias, no todos como es natural, disfrutaban amargando la vida a los más débiles.
"Pasar más hambre que un Guardia Civil" es lo que nos dice el refranero popular al referirse a este colectivo que apenas cubría sus necesidades más básicas y que, muchas veces, se dejaba sobornar por un puñado de patatas, una coliflor o un melón.
Los lugareños conocedores de las estrecheces por las que pasaban, tras pararles y antes de que impusieran multa alguna, brindaban a la pareja de "civiles" algún obsequio que éstos siempre cogían.
- ¿De donde viene usted? -decía el guardia al pararles.
- Vengo de coger melones... ¿quieren uno? -decía el espabilado labrador.
- No sé... ¿están maduros? -decía el guardia por decir algo.
- Están dulces como la miel -respondía el labrador pensando: ¡así te envenenes! - Bueno... cogeremos uno, ¡por no despreciar! -respondía el guardia, haciéndosele la boca agua al coger el melón que hacía tiempo no había probado.
- Vamos... ¡siga, siga! -decía el guardia mientras ataba el melón en el sillín de la bicicleta.

Si estabas en el campo cogiendo esos mismos melones y ellos pasaban por el camino, te increpaban preguntándote sobre las características de la cosecha y si te hacías el tonto igual te pedían de forma directa que les dieras uno. El hambre y la prepotencia de su oficio no necesitaba de medias tintas para pedir directamente lo que tenías pero, aunque tu forzada generosidad siempre era conveniente y bien recibida, no te libraba de su abuso de autoridad. Ellos mismos solían decir, para que no te llamaras a engaño, que la guardia civil era una moneda falsa que un día puede "colar", pero no siempre. A buen entendedor...
Así era el día a día en aquellos tiempos de posguerra.
Tantos eran los abusos que este Cuerpo infringía a los sufridos pueblerinos (destripaterrones, les llamaban ellos) que aún hoy, cuando llevamos treinta y cinco años de Democracia, no podemos evitar asustarnos cuando la Guardia Civil, sea de tráfico o de cualquier otra especialidad, nos da el alto. Por defecto, nada bueno te puede suceder; si tienes suerte, tras molestarte y entretenerte te dirán que prosigas, pero el susto inicial no te lo quita nadie.

Hacia el año 1.965, ya saliendo de la etapa más dura de la posguerra y acabada de finalizar en Cabanes la Fira de Sant Andreu, los dueños de los "coches de choque" que habían instalado su atracción en la Plaza del Generalísimo, junto a la fuente del Buensuceso, marcharon de la población dejándose aparcado junto a la puerta trasera de la "Tenda de Vázquez", en la calle del Huerto, un viejo coche Chevrolet con las puertas abiertas.
Un sábado por la noche, en tertulia con la pandilla en sillas y mesas que en el Bar de Roc habían sacado al fresco de la calle, comentábamos con la ingenuidad de los 16 años pero con el toque de pillería que esa edad otorga a los jóvenes, la posibilidad de pasearnos con el susodicho coche en una carrera que nos llevara por simple desnivel hasta la calle de abajo (carrer de la Font).
Dicho y hecho, al finalizar la tertulia, no antes de las 12 de la madrugada, nos encaminamos toda la pandilla hacia la calle del Huerto con el fin de realizar la gamberrada de subirnos todos al coche y bajarlo hasta que finalizada la cuesta se parase pero, ¡sorpresa...! El coche estaba ya en el carrer de la Font estampado en la pared de la casa de enfrente, afortunadamente deshabitada, que se encontraba medio derruida. Había ocurrido justamente aquello que nosotros habíamos pensado realizar apenas un rato antes. Naturalmente, asustados y temiendo que alguien pudiera vernos y achacarnos el desastre, nos despedimos rápidamente y cada cual se fue a su casa, buscando un descanso difícil de conseguir.

En un pueblo pequeño como el nuestro, al día siguiente se sucedieron los comentarios sobre el aparatoso choque del vehículo contra la casa en cuestión y se barajaron las posibilidades de que fuera accidental o provocado.
La Guardia Civil, ante la falta absoluta de sospechosos, citó en la Casa Cuartel (como no) a la pandilla que en ese momento gozaba de ser el "número uno" de la población...
Jose Manuel el de Pancheta, Pepe el de Palillo, José María el de Bartolo, Pepe el Sanco, Artemio el de Cama y Jesús el de la Marmita, se encontraban frente a la puerta de la Casa Cuartel cuando yo pasaba hacia el taller de escobas de mi padre a las nueve de la mañana.
- ¿Serán éstos, o es una interrogación rutinaria? -pensé yo que leía muchas novelas.

A última hora de la tarde se presentó "el Moreno" en nuestro taller (un guardia con el que mi padre solía jugar en el Bar de Roc a las cartas) y encarándose conmigo me dijo que a las nueve de la mañana del día siguiente me presentase en el Cuartel.
- Què ha passat? -preguntó mi padre al marchar el guardia.
- Anit algú va llançar el cotxe dels fireros carrer de l'Hort avall -le respondí- pero no se preocupe que jo no se res. Ni ho he vist ni se qui o ha pogut fer.
- ¡Digues-me la veritat! -increpó mi padre. - Ja se l' he dit. No se qui ha pogut fer-lo! -le tranquilicé nuevamente.
- Be, be. Ja es veurà -respondió mi padre sin confianza.
A las nueve en punto de la mañana me encaminé hacia el Cuartel, viendo con sorpresa que la pandilla del día anterior también estaba allí... ¡y naturalmente la mía al completo! Pepe "el Maquet", Enrique "el del Raconet", Enrique "el de Concha", Paquito "el de Basilia", Elietes "el de Peleto", Paco Julve (Fransuá) y un servidor, claro...

Pero había más. Ante la falta de resultados con la pandilla del día anterior, o por algún comentario de éstos, habían llamado también a otros de mayor edad: Herminio "el Ratat", Vicentico "el del Raconet", "Samuel", Pepe "el de Guissasos" y algún otro miembro de este grupo que ahora no recuerdo, también estaban allí. Nos llamaron uno a uno, para ver cual era la versión que dábamos por separado y al acabar lo hicieron en grupos. Al entrar en el despacho donde realizaban el interrogatorio vimos como el sargento zarandeaba al apodado "Pepe el del Palillo"; cogido por la solapa de la chaqueta y levantado más de medio metro del suelo, por el solo hecho de haber apoyado sus manos sobre la mesa.

Pronto la Guardia Civil se percató de que a más gente interrogada más se complicaba el asunto. Herminio "el Ratat", viviendo en la calle del Huerto y queriendo acabar pronto con la situación, al primer empujón que le dio el guardia de turno aseguró al sargento que desde su habitación había visto, en la penumbra de las escasas luces públicas de aquella época, a Fransuá al volante y a mí detrás empujando el coche, al tiempo que le decía... ¡Tira, tira... que ya va! Nos había oído perfectamente y identificado nuestras voces sin ningún género de dudas. (!)  No era cierto pero todos acobardados por la presión del interrogatorio, fuimos dando nuestra versión de unos hechos que nadie conocía. Ya el día anterior Palillo, Pancheta y resto de compañeros, dijeron haber pasado esa velada en el Bar de Roc, junto a la mesa de nuestra pandilla y habernos oído comentar que íbamos a mover el coche, cosa que era cierta y que nosotros no negamos jamás. Lo cierto es que cuando llegamos el coche ya estaba empotrado en la calle de abajo...
Maldiciones de los guardias y algún que otro empujón pero nada más consiguieron que dijéramos puesto que esa era la verdad y toda la verdad. Nos mandaron a casa, citándonos para la mañana siguiente y amenazando que todos los días tendríamos que ser interrogados hasta que saliera el culpable.

Al día siguiente todos volvimos pero, ante nuestra sorpresa y sin darnos ninguna explicación, a medida que íbamos llegando nos mandaron a casa, sin disculpa alguna y diciéndonos que el asunto ya estaba resuelto.
Tuvieron que pasar muchas semanas, más de dos meses, para enterarnos que el coche lo habían estampado contra la casa del carrer de la Font, dos "chicos bien" de la localidad:
El hijo del Secretario, Juan Antonio Tomás, con la carrera de cura en el Seminario casi terminada y su cuñado fueron los culpables, ambos de familias católicas ejemplares. Nada se supo del interrogatorio a éstos, ni de que hubieran de soportar presión alguna por parte de la Guardia Civil para declarar la verdad. Sin embargo, los componentes de las dos pandillas más "divertidas" de la localidad... ¡Ufffff, que negras las pasamos!. Esta vez hubo suerte y la verdad resplandeció pero...
¡Desgraciadamente esto no ocurre siempre...!

RAFAEL FABREGAT

5 de febrero de 2010

0037- NOSOTROS SOMOS LOS EXTRATERRESTES.

Muchas veces se ha hablado y se habla, con cierto escepticismo, de la posibilidad de que haya vida exterior más allá de nuestro sistema solar y de nuestra galaxia.
Naturalmente que sí. Sería impensable que ante los millones de galaxias existentes (no se conoce final), cada una con millones de estrellas y cada estrella con probables planetas y lunas que giran a su alrededor, no se hubieran dado en ningún lugar condiciones parecidas a las que crearon la vida que aquí existe. Máxime cuando el origen y materias primas de que están formados todos los cuerpos del universo son más o menos parecidos.
Sería un gesto de orgullo desmesurado pensar que estamos solos. Solo la creencia en el Dios que tantas veces se nos ha pregonado, permitiría pensar que somos sus hijos privilegiados y que, como tales, estamos en este lugar exclusivo del Universo ganándonos el Cielo con el sufrimiento y vicisitudes que la vida diaria representa.
Para bien o para mal, en los países adelantados las religiones están ya prácticamente obsoletas y con todo el dolor de mi corazón, que prefiriría que la eventualidad de un Dios misericordioso fuera cierta, creo tristemente que solo se vive una vez. Que por alguna extraña razón, que escapa a nuestro entendimiento, estamos aquí y hay una vida que vivir de la mejor forma posible, procurando no perjudicar a nadie. Esa y no otra es la meta de la gente de bien, no toda por cierto.

Como he dicho antes, desde mi humilde punto de vista, no estamos solos. Es más, seguramente son cientos, miles de planetas los que puede haber habitados por seres iguales o diferentes a nosotros, en ese universo infinito del que lo ignoramos casi todo. Simplemente ocurre que las distancias son inalcanzables de forma mecánica y solo la misma naturaleza podrá, en un momento dado, acercarnos unos a otros si se dan las condiciones necesarias para ello; cosa impensable teniendo en cuenta que los astrónomos nos dicen que los cuerpos celestes se apartan unos de otros cada día más.
Será muy difícil, largo y costoso (por no decir imposible) que seamos nosotros, o ellos, quienes nos acerquemos a conocer a nuestros "hermanos" extraterrestres. Harían falta conocimientos y medios que, en estos momentos, somos incapaces incluso de imaginar y que puede darse el caso de que no se produzcan nunca. Será seguramente más fácil que sea la propia naturaleza la que nos acerque unos a otros. Si ello no ocurre, que es lo más probable, no nos veremos nunca pero yo y muchos como yo, seguiremos pensando que nuestros "hermanos" existen y están en algún lugar del universo, también pensando como nosotros en la posibilidad de tener almas gemelas.

Unos días atrás me decía un amigo algo que me resultó chocante y que invita a la reflexión. Estas palabras no son ni mucho menos textuales, pero en el fondo venía a decir que...
- A los extraterrestres no hay que buscarles. ¡Ya están aquí!. 
Todos los animales, grandes y pequeños que hay en nuestro planeta tienen algo en común. Viven con el único objetivo de alimentarse y reproducirse, sin miras a cambiar su ancestral comportamiento. Solo nosotros los humanos somos diferentes, buscando la mejora y el progreso en todos los campos. Sin duda alguna, somos diferentes al resto de los seres que pueblan la Tierra. 
Es que... ¿somos de otro planeta?
Si así fuera, no solo cabría preguntarse de dónde procedemos, sino que también habría que pensar que ya no hace falta buscar vida extraterrestre.
Los extraterrestres están aquí... ¡somos nosotros!.

RAFAEL FABREGAT

3 de febrero de 2010

0036- ¡EL MAYOR ESPECTACULO DEL MUNDO...!


No estoy seguro de la fecha exacta, aunque diré sin temor a equivocarme que fue el año 1.958. Ni un rumor. Nadie sabía nada y de repente a la entrada del cine Benavente, en la sesión de tarde de un domingo cualquiera, nos dieron a los espectadores una cartulina troquelada (un payaso) que con grandes letras anunciaba: "El mayor espectáculo del mundo" - CIRCO AMERICANO - Muy pronto en Cabanes.
El Gran Circo Americano de la empresa Manolo Feijoo y Arturo Castilla, creada en 1.947 y fundadora de este espectacular circo de tres pistas que llevaría la ilusión a chicos y mayores hasta el año 1.980, anunciaba algo impensable para un pequeño pueblo como el nuestro.
Quince días después el mayor circo de España y uno de los más grandes del mundo, recalaba en Cabanes y lo hacía con sus 20 camiones de material, 15 camiones de fieras de todo tipo, 10 grandes vagones-roulott para los artistas y un camión-generador para abastecerse directamente de la electricidad necesaria. Tal despliegue de luz chocaba en una época en que las calles apenas estaban iluminadas con pequeñas bombillas de 40 W. Sin duda con el camión-generador del Gran Circo Americano habría electricidad sobrada para iluminar todo el pueblo de Cabanes, casas incluidas.
Nadie había visto algo tan grandioso hasta entonces en Cabanes, ni creo que se vuelva a ver jamás. Todo el antiguo campo de fútbol, ubicado junto a la Bodega Cooperativa, no podía contenerlo todo y hubieron de improvisarse fincas adyacentes. El circo, de tres pistas y forma casi rectangular, ocupaba todo el campo de fútbol por lo que los diferentes camiones iban marchando en busca de aparcamiento en las inmediaciones a medida que descargaban los diferentes materiales. Tras los terrenos de la citada Bodega se instalaron los camiones de las fieras formando una especie de zoológico que, con una módica entrada, podías visitar. Un túnel enrejado, de más de un metro de altura y casi cien de largo, conectaba la zona de fieras con la jaula que en el centro de una de las pistas permitía la actuación de los domadores. En la parte exterior del campo deportivo, junto a la portería sur, el camión-generador y en la finca adyacente izquierda, en batería, los vagones de los artistas y trabajadores. La espectacular entrada principal del circo, iluminada por cientos de bombillas, miraba hacia la población. Todo quedó preparado en dos o tres días, ante la atenta mirada de todos los niños del pueblo que, con los ojos como platos, no daban crédito a lo que estaban presenciando.

Poca gente llegaría a saber el por qué un circo de ese calibre recaló en un pueblo tan pequeño como el nuestro, pero estoy convencido que económicamente no fracasó. La publicidad de todo tipo llegó a todos los rincones de la comarca, mucho más allá de los pueblos de alrededor.
Con tres días de actuación (viernes noche; más tarde y noche del sábado y domingo siguiente) la gente de todos los pueblos, en un radio de 60/80 Km., se dieron cita en Cabanes para presenciar lo nunca visto en estas tierras. También gente de la capital.
Miles de personas foráneas lo inundaron todo y el lleno fue absoluto en las cinco sesiones celebradas, a pesar del enorme aforo de más de mil asientos de diferentes precios y categorías, según proximidad a la pista y comodidad de la silla ocupada. Todo el perímetro exterior era una grada de tablones de madera de unos diez o doce escalones de altura (general) y delante, hasta la pista de actuación, tres "cinturones" de una, dos y tres filas de sillas (forradas con tela de distintos colores) que con la categoría de primera, segunda y tercera, atendían a los más pudientes. La mitad de las casas de Cabanes acogían a gente venida de fuera. Fue algo... ¡Extraordinario!. Nosotros vivíamos en el número siete de la calle Eras. Una humilde casa de dos habitaciones con entrada, comedor o cocina-naya y corral.
Como todo el mundo mis padres tenían previsto que fuéramos a ver la función, aunque fuertes dolores en las piernas me impedían caminar y cuya enfermedad no se descubrió hasta ya cumplidos yo los cuarenta años. Cuando fuimos el domingo tarde a ver la función, tuvieron que llevarme mis padres en volandas (no recuerdo cómo) a pesar de que ya tenía nueve años. Pero esa no fue la anécdota principal...
Ante la falta de comunicaciones y sin previo aviso al atardecer del sábado, prácticamente con la cena en el fuego, llamaron a la puerta y mi padre bajó a abrir...

- Per l'amor de Deu... Pero, ¿què feu vosaltres per ací a estes hores? -oímos exclamar a mi padre, que apoyado en el dintel de la puerta no daba crédito a lo que veía.
- Però... passeu, passeu. Anàvem a sopar -añadió.
- Pilar, Pilar, mira qui ha vingut! -gritó mi padre.
Mi tía (madrastra) y yo nos asomamos a la escalera desde donde se divisaba la puerta de la calle y unos dentro y otros fuera habían una docena de personas o más, que resultaron ser gente de unas masías del término municipal de Cuevas de Vinromá, que le vendían a mi padre sus cañas para hacer mangos para las escobas.
- ¡Collons!. ¿A on van esta gent? -dijo mi tía entre dientes, mirándome.
- Pugeu, pugeu -rectificó en voz alta.
En la pequeña cocina no cabían más de seis personas en total, por lo que algunos quedaron en la entrada, pensando seguramente que aquello era un "atraco" para gente tan humilde como nosotros. Más que un atraco era un imposible, pero se trataba de una "necesidad imperiosa" y claro... hubo que atenderla.
Mi padre llenó un porrón de vino y, mientras pasaba de mano en mano, atropelladamente contaron que se habían enterado de que había tan gran acontecimiento en Cabanes y entre todos (familiares y vecinos del mismo paraje) pensaron en bajar a la casa de Herminio "el cañero" que sin duda les daría cobijo, como así fue. Cuatro en dos pequeñas "Guzzis" de 65 cc y el resto con "el Totosí" (autobús de Línea que hacía la ruta Tortosa-Castellón) bajaron a ver el circo que, como nosotros, no habían visto jamás. En nuestra casa solo había dos pequeñas habitaciones y estaban ocupadas por nosotros, pero a los pobres siempre les quedan improvisaciones que en circunstancias como esas, en aquellos tiempos, podían ser y fueron válidas...

Mi habitación y cama (de matrimonio por ser herencia de mi difunta madre y que, por pundonor, mi tía no quiso nunca ocupar) la compartí esa noche con mis padres y la suya, de dos camas de 110 cm., sirvió para las cuatro mujeres que habían llegado. Se improvisó un catre en un rincón de la cocina que sirvió para dos personas más y otros dos con un "matalàs de parallofa de panís" en el suelo. El resto...(?)
Para los cuatro o cinco restantes se hizo un mullido montón de paja fresca en el corral y se cubrió con sacos vacíos. Sobre éstos unas sábanas viejas aislaron a los "invitados" de los naturales roces y molestias que los sacos les hubieran producido y el "hotel" quedaba dispuesto.
Se consideró prioritario ver la posibilidad de encontrar entradas para esa noche y marcharon todos hacia el campo de fútbol, donde estaba el circo instalado. Hubo suerte y aunque quedaban dos aquí y cuatro allá consiguieron entradas para todos. Después, ya con las entradas en su poder, fueron todos a cenar a un bar cercano y tras la cena marcharon hacia la espectacular carpa.
El despliegue exterior de luces y sonido era algo nunca visto por estos lares, pero el interior era aún mucho más impactante. Tres pistas, actuando al unísono en muchas ocasiones, sobrepasaba la capacidad de los espectadores que no sabían hacia donde mirar. Todo era novedad para los espectadores pueblerinos y las imágenes, espectaculares, se sucedían de forma vertiginosa. Los artistas, ante una clientela tan entregada, se esforzaban aún más en dar lo mejor de sí mismos. Los aplausos interrumpían de forma continua todas las actuaciones y éstas se alargaban hasta el máximo en agradecimiento a tan generosos espectadores.

No puedo contar más. Sencillamente, es imposible explicar el ambiente que allí se respiraba. Cualquier actuación, sencilla o complicada, era algo jamás visto en estas tierras puesto que la televisión apenas se conocía. Solo una en el "Bar de Xulla", en blanco y negro, y todos, desde el más joven al más viejo, miraban extasiados cada uno de los números que se presentaban. Éxito rotundo e irrepetible, desde todos los puntos de vista.
Muchos han sido los circos que han llegado a nuestro pueblo, desde aquella fecha hasta nuestros días, pero nada comparable en lo más mínimo al Gran Circo Americano. Circos normales, de tamaño y actuaciones normales, con espectadores que ven las diferentes actuaciones como algo normal, ya conocido. Hay cosas que nunca tienen una segunda oportunidad y esta tampoco la tuvo. A la mañana siguiente mi padre encendió la chimenea y bajó al corral donde guardaba el tonel de su propia cosecha, llenando el porrón y varias botellas de vino. Mi tía puso a la brasa tocino y morcillas que compró la noche anterior ante la llegada de los visitantes y las incomodidades nocturnas se convirtieron en una fiesta de despedida de la que, junto a lo visto en el grandioso circo, se convirtió durante años en tema de conversación cada vez que mi padre iba a la casa de estas gentes.
Del Gran Circo Americano se habló, en Cabanes y fuera de Cabanes, durante años.
Era tan grande, ¡y nosotros tan pequeños...!

RAFAEL FABREGAT