Visto lo visto, este año estamos yendo al "Pinar Ciego" y allí estamos cogiendo el robellón de color más blancuzco y granate al corte. Hacía casi 20 años que no íbamos por allí puesto que en una mañana de niebla nos perdimos y, aunque rectificamos rápidamente y encontramos el coche con prontitud (unos quince minutos), el susto fue de tales dimensiones que como he dicho antes, aunque era un sitio excelente, ya nunca volvimos por allí. Este año, con diferentes acompañantes hemos vuelto ya tres veces a la zona y siempre hemos llenado la cesta a rebosar en un par de horas y con un recorrido irrisorio. Hoy, como viene siendo habitual, han sido 15 Kg. entre los dos. ¿Poca ambición?. Pues no, no es eso. Para cualquier buscador de setas la ambición es mucha, pero mayor es el miedo a perdernos. A gato escaldado, con agua tibia le basta...
Conocemos "otro sitio" donde en este momento también hay robellones en cantidad y sin peligro de perderse, pero hay que hacer algo más de recorrido buscando y nosotros ya no estamos para esos trotes. Como ya he dicho en otras ocasiones los viejos solo podemos ir a los sitios donde llegas con el coche hasta donde salen los robellones, sin tener que recorrer ni un solo paso que no sea de búsqueda y siempre procurando no pisarlos con las ruedas ni tampoco mearlos. ¡Porque esa es otra...! Tras dos horas de viaje y 130 Km. recorridos, cuando llegamos al pinar todos tienen ganas de orinar. Cuando el coche se detiene todos escapan en todas direcciones como si huyeran de la peste, pero no es eso, es que tienen necesidad de soltar líquidos. Una vez relajada la vejiga todos vuelven rápidamente, a coger el almuerzo y la cesta.

¿Y si un día nos alejáramos del coche 300 metros más allá?. No quiero ni pensarlo. ¿Para que querríamos nosotros tantas setas?. No merece la pena arriesgarse a tener un susto, pues parece ser que esto de la orientación no es lo nuestro. Lo nuestro, eso sí, es una afición casi ancestral inculcada desde niños por nuestros padres. Es buscar por buscar, pasar el día. Por cierto que este fin de semana, siendo Fiestas en Mosqueruela, el Hotel Montenieve que es donde solemos ir a comer tiene cerrado y hemos ido al Restaurante el Molino, donde hacía ya unos años que no habíamos estado. Se come estupendamente bien, con un menú de 13 euros y con gran variedad de primeros y segundos platos, además de un postre casero estupendo. Para volver. ¡Hasta la próxima semana!. A ver qué hacemos con estos robellones al llegar a casa...
RAFAEL FABREGAT
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