18 de enero de 2013

0901- EL IMPERIO MACEDÓNICO.

Filipo II en la Batalla de Queronea. (338 a.C.)
Nada nuevo hay que escribir sobre el Reino de Macedonia y menos aún de Alejandro Magno, hijo y heredero de Filipo II, rey del país balcánico que fue también cuna del sabio Aristóteles. Recordar, eso sí, que nada tiene que ver aquella Macedonia con la actual, más al norte, puesto que la Macedonia de aquellos tiempos corresponde a tierras que actualmente forman parte de Grecia. Recordar también que Filipo II (382-336 a.C.) fue uno de los más grandes estrategas de su tiempo, pero su historia quedó eclipsada por la fama de su hijo Alejandro. No vamos a relatar aquí y ahora su historia pero si a comentar que, aprovechando la debilidad de las ciudades-estado griegas, tras las guerras médicas y la del Peloponeso, invadió Grecia desde el norte avanzando hasta conquistarla en su totalidad. La alegría de Filipo II duraría poco pues, dos años después murió asesinado en una conspiración que algunos historiadores achacan a su mujer, mientras otros señalan a su propio hijo Alejandro. 


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Al conocer la noticia de su muerte las polis griegas se apresuraron a rebelarse contra Macedonia, creyendo que el nuevo rey sería un joven inexperto fácil de doblegar, pero la historia nos dice que no fue así. Alejandro, con tan solo 20 años de edad, aplastó la rebelión y a sus dirigentes y se preparó para forjar el histórico y vasto imperio que eclipsaría, como se ha dicho anteriormente, la valerosa trayectoria de su padre, aquel que consiguió la anexión de toda Grecia al reino macedónico.  Alejandro había nacido en Pella el 21 de Julio del año 356 a.C. y la Historia le daría el adjetivo de ser uno de los líderes más importantes de todos los tiempos. Alzados en armas Tebas, Tesalia y Atenas, su primera misión fue la de recuperar el dominio macedonio alcanzado por su padre, lo cual consiguió en breve plazo. Otra meta, ya planteada por su padre, era unificar el resto del mundo heleno liberando a los más de 10.000 griegos que se encontraban en Asia Menor bajo soberanía persa. 


Mosaico con Alejandro y Darío III en la Batalla de Issos.
Ganada la Batalla del Gránico, contra los persas, el resto de ciudades costeras se entregaron sin lucha lo que permitió a Alejandro un rápido avance hacia el sur que le enfrentaría prontamente con el ejército principal, al mando de Darío III, que tenía la ayuda de 15 elefantes de guerra. El resultado de la Batalla de Issos acabó con la derrota y precipitada huida de Darío.


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También la ciudad de Tiro se opuso a la expansión de Alejandro pero rápidamente fueron derrotados y el macedonio siguió camino hacia Egipto donde fue aclamado como héroe y libertador del pueblo egipcio, fundándose en la desembocadura del Nilo la ciudad de Alejandría en el año 332 a.C. El gran líder disfrutó un corto tiempo de descanso entre los egipcios y el 331 a.C. marchó para reorganizar los territorios conquistados y seguir hacia Babilonia. Al frente de un renovado ejército, Darío le aguardaba en Gaugamela pero, una vez más, la fortuna estuvo al lado de Alejandro que le derrotó, rindiéndose Babilonia. Poco tiempo después, Darío sería asesinado por uno de sus propios hombres. Tras estas acciones, la capital del Imperio Elamita (Susha) caería también bajo la potencia de los ejércitos del joven militar macedónico. 


Batalla del Hidaspes.
Incansable, Alejandro marchó hacia Persépolis, capital del Imperio Persa. Este no era un enemigo más, sino el causante de algunas noches de insomio. El macedonio fue esta vez implacable y tras el triunfo en la batalla, saqueó la ciudad y la quemó completamente dando fin al Imperio Persa. Acto seguido marchó hacia Asia Central, en una campaña de tres años en las que conquistó las regiones de Bactriana y Sogdiana (actualmente tierras de Afganistán, Uzbekistán y Tayikistán) para seguir después hacia las llanuras noroccidentales de la India. En el año 326 a.C. derrotó al rey Poros en la Batalla de Hidaspes, siendo la primera vez que su ejército hubo de enfrentarse a 200 elefantes de guerra. Allí murió su caballo Bucéfalo, al que dedicó la fundación de una ciudad con su nombre. Esta fue la última gran batalla llevada a cabo por el ejército macedonio que, aunque victorioso, se negó a penetrar hacia la India como pretendía su comandante. A regañadientes accedió a la demanda de sus hombres y ordenó el regreso a través del desierto Gegrosiano en el que sufrió importantes pérdidas. Alejandro y los supervivientes de aquel infernal desierto llegaron primeramente a Susha y después a Babilonia donde organizó otras campañas que nunca se llevaron a cabo. Para ser uno de los Imperios más grandes del planeta no hacía falta luchar más; en ese momento había 5.400.000 Km2 bajo su dominio.


Muerte de Alejandro Magno.
Debilitado por sus muchas heridas de guerra, por la fiebre y (según dicen algunos historiadores) por un exceso de alcohol, el gran emperador Alejandro Magno moría en Junio del 323 a.C., a la edad de 32 años. Unos los pintaron como un idealista visionario, otros como un ser despiadado y maquiavélico. Todos coinciden sin embargo es que, por la educación recibida del gran maestro Aristóteles, Alejandro buscaba imitar a Aquiles, el héroe de la Iliada de Homero, personajes que le acompañaron siempre en su corta vida. Bajo la almohada, el gran general guardaba siempre una copia de la Iliada y una daga. Siempre afirmó ser descendiente de Hércules, el héroe griego que llegó a ser adorado como un dios. Llegar a ser faraón de Egipto dio más grandes alas a la ilusión de sumarse a las antiguas divinidades. 


Museo arqueológico de Estambul.
Luchador sanguinario, Alejandro era un niño grande que aspiraba a recibir honores divinos e incluso llegó a dar a las ciudades griegas instrucciones para que lo aclamaran como tal. También creía en una humanidad universal, motivo por el cual apoyó siempre la unión carnal entre las diferentes razas. Como cualquier hombre tenía sus manías, las cuales no anulan para nada la relevancia de este personaje histórico e irrepetible. Antes de morir entregó su anillo a Pérticas, su lugarteniente desde la muerte de Hefestión. A su lado estaba Roxana, su mujer. Ella y su hijo Alejandro morirían a manos de Casandro cuando el niño tenía 13 años de edad, asesinato que le valió el trono de Macedonia. Así de frágil era la vida en aquellos tiempos...

RAFAEL FABREGAT
El último Condill, español.





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