1 de septiembre de 2012

0782- EL LIBRO DE LOS MUERTOS.

Se llama así al compendio de sortilegios, extraídos de las cámaras funerarias de los faraones del Imperio Antiguo, considerados los textos funerarios más antiguos del mundo. Hijos de los dioses, solo las tumbas de los faraones egipcios podían inscribir en las paredes de sus cámaras mortuorias los rituales que permitían el paso a la nueva vida. El contenido de esas inscripciones constituía pues, en aquellos primeros tiempos, el más hermético de los secretos. Sin embargo esa faraónica distinción fue, por lo breve, casi inexistente. Como se puede suponer también los sacerdotes gozaban de todos los privilegios, hasta el punto de haber momentos de la historia de Egipto en los que el poder material y político de éstos superó con mucho al de los propios faraones. Por consiguiente la segura reencarnación, por medio de estos textos mágicos fue asequible también para los Sumos sacerdotes primero y para el "alto clero" después. Más tarde llegaría el "negocio"...


Durante el Imperio Medio, estos secretos ya estaban disponibles para todo aquel que pudiera pagarlos por lo que las tumbas de todos los adinerados ya se construían llevando esas inscripciones. En esa época el grabado de tan mágicos jerolíficos ya se hacía en el propio sarcófago a fin de que la momia pudiera leerlos a su llegada al más allá. Con toda probabilidad Dios, viendo que los clientes se le amontonaban, decidiría anular los poderes de tales sortilegios. (Perdón por la irreverencia)
Como sea que la humanidad no deja de evolucionar, con el tiempo esos textos de los sarcófagos de los imperios Antiguo y Medio, sirvieron de base para crear el conocido "Libro de los Muertos" utilizado durante el Imperio Nuevo. Considerando al corazón como centro de la vida, cuatro de estos hechizos estaban destinados al mismo. También era fundamental el número 23 (apertura de la boca) ya que restablecía los sentidos tras la muerte.


Papiro de Ani
Hay descubiertos 192 capítulos de los cuales el más popular es el número 125 (Papiro de Ani) el cual indica la "fórmula para entrar en la sala de las dos Maat", lugar donde el muerto se presenta al tribunal de Osiris para proceder al pesaje de su corazón. Situada una pluma de avestruz en uno de los platillos, solo aquel cuyo corazón fuera más ligero que la pluma obtendría el pase directo a la vida eterna. Una serie de complejos capítulos daba las instrucciones necesarias para cuando esto no sucedía (!). Entre ellos una especie de "confesión negativa" ante los dioses para justificar sus (malas) acciones en vida. 


El nombre original del Libro de los Muertos es "Peri em Heru", cuyo significado es Libro para salir al nuevo día. Con estos hechizos el fallecido se aseguraba el resultado favorable del juicio de Osiris. Los diferentes pasajes eran también una ayuda para garantizar el buen camino por las 12 regiones del Inframundo y poder llegar al Aaru, equivalente egipcio de lo que los cristianos llamamos "el Cielo". 
Según leyenda ancestral el conjunto de hechizos que lleva por nombre El Libro de los Muertos fue escrito hacia el año 3.500 a.C. por las fuerzas de las tinieblas que lo utilizaban como pasillo para llegar hasta nosotros los humanos. Esto sucedió cuando los mares fluían rojos de sangre, siendo ésta la que se utilizó a modo de tinta para escribir los dibujos y jerolíficos con los que se forjaron los primeros conjuros. 


Naturalmente ni usted ni yo nos creemos esas paparruchadas, pero es lo que hay. Los egipcios pensaban que así como el sol muere y nace cada día, también las personas morían y volvían a renacer tras la muerte. Para conseguirlo solo eran necesarios los sortilegios que solo los sacerdotes conocían y que constituyó (como no) su negocio durante los siglos de los siglos. De hecho, aún perdura. Pero no en Egipto, sino en todo el planeta.
De tales bases evolucionaron diferentes creencias y sacerdotes para reinterpretarlas. Según el historiador egipcio Manetón, Moisés (nombre original Horsarsiph) no fue rescatado del Nilo donde se dijo que flotaba en un canasto a favor de la corriente, sino que era hijo natural de una hermana de Ramsés II y por lo tanto egipcio. Íntegro e inflexible como un príncipe, el Pontífice Membra se preguntaba hasta donde quería llegar personaje de ambición tan concentrada. 


Templo de Amón Ra
Nombrado Moisés sacerdote y llevando con otros tres de ellos el Arca de Oro que precedía al Pontífice en sus ceremonias, que contenía los diez Libros Secretos del templo, Membra le preguntó que deseaba.
- Nada, más que esto. -dijo Moisés al tiempo que pasaba su mano por encima del Arca.
- ¿Quieres llegar a ser Pontífice de Amón Ra y Profeta de Egipto? -preguntó el Pontífice Membra.
- No, pero quiero saber qué hay en esos libros. -dijo Moisés. 
- ¿Como podrás saberlo si solo el Pontífice puede llegar a ellos? -repondió Membra. Como única respuesta Moisés bajó la cabeza...
En la transcripción de los escritos de Manetón se deduce que los Libros (10) estaban en el Templo o Universidad Egipcia y que solo tenía acceso a ellos el Pontífice o rector, así como que Horsarsiph (Moisés) era sacerdote o ayudante del mismo. Según el francés Schuré, que llevó a cabo la transcripción, aprovechándose del cargo, este personaje fue quien escribió el Génesis y lo hizo mediante jerolíficos egipcios y no en hebreo, como nos ha dicho siempre la iglesia católica... 


Y sigue Schuré: "Moisés (el egipcio Horsarsiph) se casó con Séfora, hija de Jetro. Habiendo matado a un soldado, marchó de Egipto y se refugió en Madián, viviendo muchos años con el sabio del lugar, que le había acogido en su casa. Gracias a las tradiciones etíopes y caldeas que aprendió del sabio, pudo verificar y completar lo aprendido en los santuarios egipcios. En casa de Jetro también encontró los dos libros de Cosmogonía citados en el Génesis: las Guerras de Jehová y las generaciones de Adán,abismándose en su estudio". De estas aseveraciones se desprende que, al menos estos 12 Libros, fueron anteriores al Génesis o Biblia y que pudieron ser la base de su contenido. En cuanto a su autoría, aunque nunca estuvo claramente identificada, siempre fue atribuida a Moisés y escrito por tanto a mediados del siglo XV a.C. De tales bases pudo pues nacer el cristianismo y el islam pero al hombre, en su afán de eternizarse, no le hace falta empujón alguno para creer en el más allá. Plenamente consciente del paso que va a dar, ¿quien es capaz de plantarle cara a la muerte, sabiendo que es el fin definitivo?.

EL ÚLTIMO CONDILL




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