22 de abril de 2013

0989- REPÚBLICA DE KIRGUISTÁN.

La República de Kirguistán está situada en Asia Central y tiene fronteras con China, Kazajistán, Tayikistán y Uzbequistán. Tiene una superficie de 198.500 Km2. y un total aproximado de 5,5 millones de habitantes, de los cuales casi un millón viven en Biskek, que es su ciudad mas poblada y capital de la república. La famosa Ruta de la Seda pasaba por el centro de esta ciudad, a medio camino entre Taskent y Almaty.
La historia de Kirguistán se remonta al año 201 a.C. Se cree que el pueblo kirguis es descendiente de los turcos que vivieron al nordeste de Mongolia aunque, posteriormente se asentaron a lo largo del río Yeniséi, en lo que actualmente es el sureste de Siberia. Allí permanecieron desde el siglo VI hasta bien entrado el siglo VIII. Después se dispersaron en la región rusa de Tuva hasta el desarrollo del Imperio Mongol, en el siglo XIII. 


Uno de los primeros contactos con europeos se llevó a cabo por el monje italiano Giovanni da Piano Carpini, uno de los primeros seguidores de San Francisco de Asís, que viajó a estas tierras en 1.245 atendiendo las órdenes de Inocencio IV. El papa le mandó que llevara una carta al rey de los tártaros reprochándole el asesinato de los cristianos por aquellos territorios. El padre Giovanni era corpulento y se desplazó por la Ruta de la Seda sobre un burro muy robusto. En Kiev tuvieron que parar unos días pues el monje Esteban de Bohemia, que le acompañaba, se descompuso hasta el punto que no pudo seguir viaje. A su vuelta, dos años después, Giovanni contó al papa entre otras cosas: "Estas gentes son paganas y no tienen pelos en la barba. Cuando se les muere un familiar cercano, para expresar su dolor, se arrancan una tira de piel de oreja a oreja".


La región montañosa de Tian Shan cubre las cuatro quintas partes del territorio. En su interior se ubica el lago Issyk-kul, el segundo lago de montaña más grande del mundo, después del Titicaca. A partir del siglo XII el islam se convirtió en la religión dominante y aún hoy, la mayor parte de la población kirguisa son musulmanes sunitas. A principios del siglo XIX esta región cayó en manos del janato de Kokand y en 1.876 fue incorporado al Imperio Ruso. Tras el triunfo de la Revolución Rusa y justamente en 1.926 se convirtió en República Autónoma Soviética de Kirguistán para diez años después convertirse en una más de las repúblicas de la URSS hasta su disolución en 1.991, momento en el que se declara su independencia. Tras el referéndum de 2.010 y el SI del 91% de los votantes, el país cuenta con una nueva Constitución de carácter laico y democrático que reparte los poderes al estilo occidental. 


Más de la mitad de la mano de obra, trabaja en la ganadería y una agricultura basada en cultivo de frutales, algodón, tabaco y opio. También la seda ocupa una parte importante de esta actividad pues gira alrededor del cultivo de la morera. 


Un 20% del PIB procede de la minería, principalmente carbón, oro y uranio, contando también con algunas bolsas de petróleo y gas natural aunque escasamente suficientes para cubrir la demanda interna. Como se ha dicho al inicio de la entrada, Kirguistán es un escarpado país en el que más del 75% de su territorio son montañas casi inaccesibles. En esas zonas los nómadas kirguisos, descendientes de los turcos, criaron caballos, ganado y yaks durante siglos. Dos tercios de la población actual son descendientes de aquellas gentes y la ganadería sigue siendo la actividad principal de este país anclado en el pasado y que no consigue despegar económicamente.


Aunque ilegal, aún se practica el tradicional rapto de novias, única forma de poder casarse las parejas que se aman; bien sea por no tener el dinero que piden los padres al novio o por haber pactado la boda de su hija con otra familia. En algunos casos este rapto está pactado entre la pareja de jóvenes pero, cuando a la chica no le gusta el chico, es también frecuente que se lleve a efecto el rapto real de la joven y se vea forzada a casarse con su secuestrador. En Kirguistán, aunque esté prohibido, la Ley es muy laxa al respecto. En la mayor parte de los casos, al secuestro le sigue la violación. La familia de la joven violada y a veces embarazada, se ve obligada a aceptar al pretendiente puesto que una mujer embarazada ya no puede optar a elegir candidato para casarse.

RAFAEL FABREGAT 





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