29 de diciembre de 2011

0571- LA TRAICION SE VISTE DE VERDE.

Demasiada alegría tienen las personas, en su ignorancia, pero más tienen los viveristas y las autoridades que permiten que cientos de plantas extremadamente venenosas se comercialicen cada día, haciendo que miles de familias lleven hasta sus casas el riesgo de una planta venenosa cuyo contacto con niños y animales domésticos puede conllevar un riesgo para su salud y para su vida.
Hay plantas maravillosas en nuestros jardines con las que hemos de tener un cuidado especial, sobre todo si tenemos niños en casa. Atención, por ejemplo, a la Oreja de elefante o Alocasia. Una planta bastante común en jardines públicos y en las macetas de nuestras casas y que está catalogada como potencialmente mortal.

Pero son muchas otras las que llevan la etiqueta de su peligrosidad, sin que nadie te informe de ello. El Ricinus Communis contiene uno de los venenos más poderosos del reino vegetal, como también el Nerium Oleanader o Adelfa, muy presente en parques y jardines, que es tóxica también. Cualquier niño, jugando en un parque público, puede cortar un trozo de estas plantas y llevárselo a la boca con el consiguiente peligro.
También nos llevamos a casa, especialmente por Navidad, acebos y tejos, con los que crear nuestro particular ambiente navideño, sin saber que los frutos del primero son extremadamente tóxicos y que una posible ingestión de parte de las ramas y madera del segundo producen una fuerte hipotensión y finalmente la muerte. ¿Por qué no se informa al cliente de su peligrosidad?. Es más... ¿Por qué se permite su comercialización y venta al público, máxime sin advertir al cliente del riesgo que conllevan.

En escombreras y bordes de caminos es común en las regiones españolas el Ecballium Elaterium o Pepinillo del diablo. Contiene un purgante extremadamente tóxico que en cierta cantidad puede provocar la muerte. Los niños de los pueblos de nuestro país, a modo de juego, golpean o doblan su fruto puesto que, al forzarlo, éste produce una explosión que lanza las semillas y su jugo con gran fuerza, a modo de burdo escupitajo. Una acción que puede pillarles con la boca abierta, introduciéndoles en la garganta el tóxico jugo.

Sin embargo la naturaleza, casi siempre maravillosa, ofrece también sus peligros en forma de llamativas plantas. Empiezan a ser bastante conocidos los efectos alucinógenos del Estramonio y su peligrosidad por afección del sistema nervioso, incluso mortal en caso de alto consumo. Unos meses atrás hubo intoxicaciones y muertes de jóvenes por consumo de esta planta.

También nuestros bosques están plagados de plantas con las que debemos extremar nuestro cuidado. El Torbisco o matapollos contiene un poderoso purgante que puede ser mortal en cualquier parte de la planta, pero muy especialmente si se ingieren los frutos.
Ocurre lo mismo en el caso del Acónito o revientavacas, donde son especialmente tóxicas las hojas y las raíces, aunque en menor cantidad toda la planta lo es. Esto demuestra y advierte que la belleza no siempre va unida a la bondad.
Ya no hablemos de plantas silvestres como La Ruda que, conocida su alta toxicidad por los agricultores, era lanzada al agua de las marjales castellonenses juntamente con el Torbisco o matapollos, con el objetivo de la captura (por asfixia) de las anguilas con las que elaborar posteriormente el famoso "suquet de peix". Tampoco del Heloboro, presente en casi todo el planeta, y que en muchos continentes se utilizaba antiguamente para envenenar las puntas de las flechas a fin de conseguir piezas de caza escasamente heridas que, sin este tóxico, hubieran escapado.

Todo lo anteriormente citado, no constituye novedad alguna. La naturaleza y muy especialmente la botánica, nos da lo mejor y lo peor de sí misma, pero siempre teniendo en cuenta de que es justamente esa parte aparentemente negativa la que ha proporcionado a la humanidad aquello más positivo. De esas plantas, aparentemente tóxicas, es justamente de donde nuestros químicos farmaceúticos han extraído los mejores medicamentos para tratar las enfermedades que nos acucian. Debemos pues agradecer a esa naturaleza, aparentemente peligrosa, todas las bondades que también su veneno encierra. Ahí está el más tóxico de los venenos sí, pero también la mejor de nuestra medicinas. En este mundo en el que nos ha tocado vivir, nada es totalmente blanco o negro puesto que, con mucha frecuencia, las apariencias engañan y nada es tan bueno ni tan malo como a veces juzgamos. Seríamos mucho más felices, si viéramos el lado positivo de las cosas...

EL ÚLTIMO CONDILL

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