12 de diciembre de 2011

0559- LA PÓLVORA Y LAS ARMAS DE FUEGO.

La foto, es la fórmula de la pólvora y corresponde a un documento chino del año 1.044. Aunque se dice que los fuegos artificiales se inventaron en China 2.000 años atrás, lo realmente documentado es que fue en el siglo IX y al comienzo de la Dinastía Son (960-1279) cuando el chino Li Tian inventó la pólvora y con ella experimentó a través de los fuegos artificiales.
El joven Li Tian vivía a las afueras de la ciudad de Liu Yang, en la provincia de Hunan y su afición favorita era la cocina. El invento, como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, fue accidental. En las cocinas de aquella época era frecuente encontrar azufre, sal y por supuesto carbón. Al coincidir un resto de los tres productos en un mismo recipiente, Li Tian se percató de que dicha mezcla era altamente inflamable.

Con esta premisa experimentó el resultado de prenderle fuego al producto bajo más o menos presión, lo que produjo las primeras explosiones y los primeros cohetes, para los que se dice que utilizaba tubos de bambú. En el siglo X ya se empezó a experimentar con el uso armamentístico de la pólvora. Aquella pólvora inicial, popularmente llamada pólvora negra y compuesta por un 75% de nitrato de potasio, 15% de carbono y 10% de azufre fue sustituida, a finales del siglo XIX y para las armas de fuego, por la pólvora nitrocelulósica o sin humo, con ventaja en la baja cantidad de residuos, potencia y precisión de disparo. Como homenaje a Li Tian, durante la Dinastía Song se construyó un templo en su honor.

A día de hoy se celebra una fiesta anual, cada 8 de Abril, que conmemora la invención de los fuegos artificiales y en la que se ofrecen sacrificios a la memoria del inventor. Desde aquella lejana fecha, a los fuegos artificiales se les ha atribuido la facultad de apartar a los fantasmas y a los espíritus malignos que se alejan con los estallidos de la pólvora. Por ese mismo motivo se usan en todas las diferentes celebraciones familiares y muy especialmente en las defunciones, así como para dar la bienvenida al nuevo año chino que garantiza la buena suerte personal y familiar.
En China y desde el siglo XI hay constancia escrita del empleo de la pólvora como explosivo de escasa potencia así como del uso posterior (siglo XII) de armas rudimentarias de bambú, con cuerdas atadas alrededor del tubo para evitar la rotura del mismo, que disparaban lanzas de gran tamaño y piedras redondas.

El conocimiento de tales novedades armamentísticas llegaría a Europa durante el siglo XIII de la mano de los árabes, aunque uno de los manuscritos más fidedignos que hablan de ellas nos llega de la mano de Walter de Milimete, capellán de Eduardo III de Inglaterra, que en 1.326 describe con todo lujo de detalles las características de las primeras piezas de artillería, basadas en el lanzamiento de bolas de piedra y posteriormente de hierro macizo.

Los primeros datos de estas armas en España hablan de la defensa mora de Sevilla en 1.247 diciendo que, ante el asedio de las tropas cristianas de Fernando III de Castilla y León, "...los sarracenos tenían una máquina de trueno que arrojaba piedras redondas". Estos primeros cañones -bombardas de aros de hierro forjado con recámara postiza, que se unía al cañón mediante cuerdas- eran de ánima corta y disparaban pelotas de piedra toscamente labradas. A finales del siglo XIV se alargó la longitud del cañón y se sustituyeron las pelotas de piedra o bolaños, por las de hierro colado lo que disminuyó el calibre y aumentó la seguridad. Los primeros cañones eran altamente peligrosos para sus servidores puesto que, cuando se les sometía a un esfuerzo continuado, podían reventar. De todas formas, aún con las armas de segunda generación, el disparo seguía siendo lento y peligroso puesto que, con el disparo, el cañón se desplazaba varios metros hacia atrás siendo necesario recolocarlo y apuntar de nuevo en cada ocasión. Para realizar el siguiente disparo se introducía en el cañón un trapo o espoja humedecidos que apagara los posibles restos del disparo anterior, tras lo cual ya podía cargarse de nuevo.

No sería hasta la segunda mitad del siglo XIV cuando se desarrollarían las primeras armas de uso personal, unas armas de todo punto inseguras y poco fiables en cuanto al acierto de la diana elegida. El primer sistema de disparo y de muy poca eficacia fue la llama de mecha, consistente en sujetar el arma con una mano y acercar una mecha encendida a la cazoleta de ignición con la otra.
En el siglo XV se mejoró considerablemente la puntería al incorporar el serpentín, una pieza giratoria que sujetaba la mecha y que al apretar el gatillo la hacia bajar hasta la pólvora del fogón mientras se apuntaba al blanco.

El citado serpentín fue mejorándose con el tiempo hasta llegar a la sierpe a resorte y posteriomente al pestillo o palanca que llegaría hasta el siglo XVIII. El cañón era siempre en forma de vaso y con un pequeño orificio que comunicaba la recámara del arma con el exterior para proceder al encendido.
Todas las armas se cargaban por la boca del cañón. Primeramente la pólvora, después un taco y por último el proyectil. Caso de que se usaran varios proyectiles de calibre inferior al del cañón, se colocaba un segundo taco y todo ello fuertemente presionado con una baqueta al objeto de provocar una explosión más seca que lanzase los proyectiles con más fuerza y a una distancia mayor.

Las modernas tecnologías, llegadas especialmente tras la II Guerra Mundial, propiciaron la fabricación de armas de disparo ultra rápido y alta precisión.
Mientras esto sucede, la región de Li Tian -en la provincia china de Hunan- precursora de la pólvora y consiguientemente de las armas de fuego, no se ha especializado en la producción armamentística sino que, más centrada en lo festivo y espiritual, sigue siendo el productor de fuegos artificiales más importante del mundo. Como ocurre con buena parte de los inventos, éstos tienen su lado positivo y el negativo. ¿Por qué no poner más énfasis en el primero que en el segundo...?

EL ÚLTIMO CONDILL

No hay comentarios:

Publicar un comentario