Ya lo hemos explicado otras veces, la corteza del planeta sobre la que vivimos todos, no es otra cosa que la superficie de la bola incandescente que es la Tierra y que ha ido enfriándose y endureciéndose a lo largo de los millones de años desde que fue creado el planeta. El caso es que esa corteza no es uniforme, sino que está compuesta por varias placas sueltas que flotan y, de vez en cuando, chocan entre sí y se rompen o se superponen unas sobre otras dando lugar a los típicos terremotos y/o erupciones puesto que, debajo de ellas está la incandescente lava que todos conocemos. Si no hay choque, los seres que vivimos encima no notamos esta deriva contínua que tienen las placas, pero ahí está, ya que la corteza de la Tierra no está anclada a parte alguna, sino que flota sobre el mar de magma que hay debajo. De que choquen o se superpongan una sobre otra, depende la potencia de los terremotos.
La tierra que pisamos no es pues algo inamovible, sino que está en permanente movimiento, lo cual explica que el continente americano encaje perfectamente con el perímetro de África, lo que nos indica que en algún momento de la historia del planeta, eran una sola cosa. Se calcula que hace 300 millones de años todos los continentes estaban unidos entre sí, de la misma manera que también los océanos eran uno solo. Posteriormente se inició el proceso de deriva continental y la tierra fue separándose dando lugar a los continentes que hoy conocemos. Prueba de ello es que coinciden los fósiles de uno y otro lado, de la misma manera que coinciden cordilleras y orografía diversa de una parte y otra. Como se ha dicho antes, los continentes flotan sobre el magma como los icebergs lo hacen sobre las aguas. Debajo de los océanos la corteza terrestre es tan solo de unos 7-8 kilómetros de grosor.
Para moverlas no hace falta fuerza especial alguna ya que basta el movimiento de rotación del planeta y el impulso de las mareas para que se desplacen, aunque de forma mínima, que ya puede medirse en la actualidad.
Se estima en un máximo de 10 cm. anuales por lo que, dentro de algunos millones de años, las distancias habrán variado notablemente. Sin duda los mapas de entonces distarán muy mucho de ser parecidos a los actuales. Se estima que el principal impulsor del cambio es el efectuado por el calor interno de la Tierra que genera corrientes de convección en el manto y mueve la litosfera. El núcleo terrestre provoca que el magma del manto superior ascienda y descienda dando movimiento a los continentes, cuyo grosor tiene una media de 40 Km. de profundidad. ¡Y nosotros, sin darnos cuenta!.
Rafael Fabregat Condill