21 de abril de 2010

0065- DONDE FUERES, HAZ LO QUE VIERES.

No hace tanto.
En mi entrada del 24 de Enero del presente año y con el título "Y nosotros... ¿Quienes somos?" expresé en profundidad mi opinión sobre el tema de hoy. No me gusta ser pesado pero me veo obligado a repetirlo porque en este momento es actualidad.
Una niña, al parecer marroquí, ha sido expulsada del aula que ocupaba junto a otras niñas por llevar la cabeza cubierta con un pañuelo al que llaman hijab o jiyab. Nadie la ha echado del colegio sino que se le ha exigido que, al igual que el resto de alumnos, cumpla las normas del colegio. ¿Es eso xenofobia?

Yo no digo que esté bien o mal esta prohibición, allá cada cual con sus creencias, pero lo que si está claro es que en uno de los estatutos del Colegio donde esta niña pretende realizar sus estudios, se deja bien claro que "ninguno de los alumnos podrá asistir a las clases con la cabeza cubierta" estando prohibidos por tanto sombreros, gorras, pañuelos, etc.

Repito que no voy a entrar en si esto está bien o mal, puesto que si bien la niña tiene sus derechos, también el Colegio tiene derecho a regirse por las normas particulares de sus fundadores. Lo que si tengo claro es que antes de llevar a un hijo a un colegio determinado, el padre tiene la obligación de leer las normas particulares de esa entidad y si no son de su agrado, reclamar o buscar otro colegio que se adapte a sus necesidades. ¿Por qué tiene que ser el colegio y resto de alumnos y padres, los que tengan que adaptarse a las creencias de uno de los alumnos?

En la entrada de Enero dejé claro que no soy xenófobo y no he cambiado de opinión, pero también quiero dejar claro que imposiciones por parte de la gente de fuera ¡ninguna!. Derechos todos, cuando también ellos cumplan las obligaciones y se adapten a la forma de vida que rige en el país de acogida... pero venir aquí a imponer sus costumbres, ¡ni hablar!
Yo he visitado todas las ciudades más importantes de Marruecos y dejé de ver algunas cosas, que eran de mi interés, porque no se me permitió la entrada...

- Ahí no pueden pasar porque no son musulmanes.
- Allá solo pueden entrar si llevan el cuerpo cubierto hasta los pies.
- Ahí tampoco porque van calzados y sin hacer las abluciones.
- Las abluciones solo pueden hacerlas si son marroquíes
- En este sitio no está permitida la entrada a turistas.
Y etc., etc., etc. ¡Por favor...!
Y llegan a nuestro país, algunos sin documentación y sin permiso de ninguna clase y de inmediato exigen (no digo piden) exigen todos sus derechos y, entre ellos, el de circular libremente con imposición de toda la parafernalia de costumbres y absurdas creencias. Me es obligado repetir que yo no tengo nada contra dichas creencias pero, aquellos ciudadanos que no lo desean, no tienen el por qué ser testigos de las mismas.

Lamentaría mucho, ya superados los sesenta años de edad, tener que cambiar de opinión y empezar a buscar justificación para aquellos que les echaron de la península 400 años atrás. Ya sé que buenos y malos los hay en todas partes, pero es lamentable que una manzana podrida sea capaz de pudrir al resto de fruta que el cesto contiene. Sin embargo todos sabemos que así es. Espero, por el bien de todos, que alguna de las sanas manzanas del cesto le diga a la podrida que ese no es el camino y que para la fruta podrida también hay un cesto... ¡Su país!

Dios está en todas partes y no es necesario tanta parafernalia; no creo que quiera más a un hijo por llevar chilaba (hijab en el caso de la mujer) o en ir más o menos a la iglesia o a la mezquita, pero me parece perfecto que algunos quieran ir allí a expresar sus sentimientos y creencias. Sin embargo, que no vengan a imponer sus costumbres y creencias a los demás.
Creo que estas actitudes demuestran que no hay el más mínimo interés de su parte por integrarse al país que les ha acogido. Es más, empiezo a creer que su actitud es desafiante, casi provocativa.

No es una amenaza pero deben saber que tal actitud provoca recelo y eso, mientras estén aquí... ¡tampoco será bueno para ellos!
Las normas de convivencia son claras y elementales. Se trata de no invadir la privacidad de los demás. Tu derecho termina cuando invades el de tu vecino y eso se traduce fácilmente: Cada cual, en su casa, que haga lo que quiera, pero en la calle... "Donde fueres haz lo que vieres".

EL ÚLTIMO CONDILL

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