En 1979 las unidades rusas se enfrentaron a posibles ataques biológicos creando la más letal de dichas armas. El 9 de abril de ese año murieron 69 personas por culpa de una fuga de ántrax y veinte años después expertos rusos denunciaron que la base militar donde se preparaban los las armas biológicas seguía operativa. Dos científicos ex-soviéticos denunciaron los hechos al desintegrarse la Unión Soviética en 1991. Hasta la llegada del siglo XXI callaron como tumbas ante las amenazas de muerte de la KGB. Todo pasó muy deprisa. Ese día estaban de guardia en el 40 Hospital de Ekaterinburg, localidad situada a 1.500 Km. de Moscú cuando de repente fue ingresado un cadáver con signos infecciosos. No fué un caso puntual puesto que seguidamente fueron llegando otras víctimas por el mismo mal. Tras las pruebas pertinentes se constató que habían muerto por Ántrax.
Habían estado en contacto con la bacteria Bacillus anthracis, un bacilo con la pecularidad de poder almacenarse en forma de polvo y ser usado con fines militares ya que quien lo inhala muere en menos de una semana por fallo respiratorio. Teóricamente este compuesto fue eliminado, pero el Instituto de Neumología de Ekaterinburg todavía conserva los restos que ratificaron el diagnóstico y pueden volverlo a producir cuando les apetezca. No sabemos cómo, una muestra llegó al Laboratorio de Los Álamos (EEUU) y el resultado pone los pelos de punta ya que contiene 4 variedades de microorganismos letales. El poder destructivo es de tal calibre que tras la fuga del gas, las autoridades desinfectaron todas las instalaciones y reasfaltaron las calles del complejo pero, aún así, murieron las 69 personas citadas.
Los ataúdes de los fallecidos fueron rellenados con cal y cerrados con plomo para evitar la extensión del mal pero todo fue en vano ya que no pudieron evitar la contaminación. Este complejo nunca cumplió los acuerdos de permitir el acceso a los inspectores internacionales de la ONU, encargados de constatar la normalidad de las fábricas de armamento. En realidad este recinto es una ciudad autónoma donde más de 7.000 personas disponían de todos los servicios de escuelas, policía, correos, etc. en una extensión de 90 hectáreas cerradas por muros de cemento de 2,5 m. de altura. Tras la disolución de la Unión Soviética y pese a la prohibición del ex-presidente Gorbachof, el ejército ruso siguió trabajando en el desarrollo de armas biológicas, en estas instalaciones, aunque finalmente fueron abandonadas.
Según el doctor Grimberg, uno de los personajes que informaron del incumplimiento de estas normativas internacionales por parte de Rusia y director del programa Biopreparat ó Sistema, en el que llegaron a trabajar cerca de 32.000 científicos, el objetivo principal era el cultivo de bacilos destinados a cabezas de misiles intercontinentales y el Ántrax Alibecof fue el resultado de tales experimentos. Según sus propios creadores, no se puede ver, ni tocar, ni oler, pero oculta un poder de aniquilamiento sin precedentes. Cuando el afectado descubre su presencia con una leve tos, ya está escupiendo sangre. Una vez entra en los pulmones, ataca las membranas penetrando en la sangre y una sola partícula ya resulta mortal. Desgraciadamente hay lugares del mundo que no son como los demás, sino una pesadilla para todos.
Rafael Fabregat Condill
No hay comentarios:
Publicar un comentario