¿Quién no ha copiado en un examen, aparcado en zona prohibida, bajado libros, música o películas de internet en lugar de comprarlos, fumar en un sitio prohibido, rebasar la velocidad al volante, hacer trampas en el juego, saltarse una cola... ¿Cuantos han dicho NO a todo?. Pocos ¿verdad?. Pero es que ciertos trucos psicológicos nos hacen indulgentes con nuestras pillerías. La mayoría de estas cosas pasan desapercibidas y no reciben sanción alguna por parte de la sociedad pues se consideran pequeñeces que poca gente no tiene en su haber. Es por eso que mucha gente de comportamiento correcto se saltan a veces las reglas y quedan tranquilos e incluso ufanos por la pillería llevada a cabo. Finlandia es el país más honrado del mundo, donde estas cosas no suelen suceder pero ¿qué pasa en España?.
Veamos cuantos aprobarían el examen. ¿No ha parado nunca su coche en doble fila?. ¿Nunca ha tirado al suelo una colilla o un pequeño papel?. ¿Nunca ha cogido algo de la oficina y se lo ha llevado a su casa?. ¿Tampoco ha comprado nada en los top-manta?. Todas estas cosas y cientos más infringen las normas, pero no nos parecen inmorales. Simples pillerías que nos parece que no hacen daño a nadie, pero perjudican siempre a alguien. ¿Donde está el límite entre la pequeña falta y la fechoría?. Depende pues donde vivamos, porque lo que en un país se tolera en otros se castiga. En España hay una mayor flexibilidad que en los países del norte de Europa. Pocos conductores esperan un minuto, a las tantas de la noche, a que se encienda la luz verde para pasar, especialmente si no ven a ningún vehículo a izquierda o derecha.
En los paises del norte de Europa, una cola es una fila ordenada que todo el mundo respeta, mientras que en España has de estar con los ojos bien abiertos para que nadie se salte el turno en la pescadería. Dejar basura en la playa es una práctica tan extendida que casi resulta raro ver a quienes lo recogen todo, dejando impoluto el lugar que ocupaban. En Taiwan te pueden meter 24 horas en la cárcel por tirar un chicle en el suelo. Parece exagerado pero si todos tuviéramos esa clase de comportamientos, no podríamos caminar por la calle, como sucedió una vez en Granada, cuyo Ayuntamiento tuvo que crear una unidad de limpieza específica para limpiar el centro de la ciudad que había alcanzado la cifra de 10 gomas de mascar por metro cuadrado y que supuso un gasto de 15 céntimos por unidad recogida.
Pero, claro, ¿cómo evitar la piratería?. No es el consumidor el que tiene que evitar que eso suceda. Quien compra un ordenador necesita una garantía de buen funcionamiento y una vez obtenida comprará a quien más bajo precio le ofrezca. Y eso si que es un hecho delictivo a gran escala, pero del que el consumidor no es culpable. En los años 90 el Ayuntamiento de Nueva York decidió poner fin a tanto desacato, sancionando duramente a los infractores, por pequeños que fueran los hechos, y la criminalidad descendió un 65%. ¡Buen resultado!. Y es que las pequeñas faltas y las grandes tienen límites difusos. Como se ha dicho antes, la educación juega un papel importante y es por ello que antes, frente a la barra de un bar, había cientos de papelitos de azúcar en el suelo y ahora no ves ninguno. ¡Enhorabuena!.
Rafael Fabregat Condill
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