22 de mayo de 2026

3333/0121- LA TECNOLOGÍA QUE SE BEBE.


No amigos, ya nada es como antes... ¡y el vino tampoco!. Hablan de alimentos de proximidad, de lo natural, pero en este momento ya nada es natural. Natural es regar con purines las hortalizas o con estiércol fermentado. Eso sin contar que los fitosanitarios están en este momento más vigilados que nunca. Si las cosas se hicieran como antaño, nos moriríamos de hambre y sed, puesto que ahora todo es artificial; pura química. Es verdad que para el paladar (casi) todo es más sabroso y, especialmente el vino, lo disfrutamos más, justamente por esa finura, tan difícil de conseguir con los medios antiguos de elaboración pero, ¿es eso lo que nos conviene?. No lo sabemos, pero en este momento lo natural ya nos da problemas de salud puesto que los jóvenes ya se están criando de manera más artificial. 
Hubo un tiempo no tan lejano que la gente en general y la juventud en particular, se apartaba del vino y de las verduras, como de la peste.


Ciertamente, dejando aparte esas excepciones que siempre hay en todas las cosas, el vino era áspero y poco agradecido al paladar, pero todo ha cambiado. 
Hoy, todo hay que decirlo, (casi) todos los vinos son afrutados y sabrosos, cuando no se trate de vinos secos preferidos para determinadas comidas, pero todos ellos suaves y golosos, de los que pedir otra copa se hace obligado. Ya sabemos que lo bueno vale dinero pero, para los que el dinero no nos sobra, en la actualidad hay vinos de bajo precio que tienen un sabor impecable y que pueden adaptarse a cualquier tipo de comida. Claro está que los caros son mejores, pero no resulta obligado gastar mucho dinero para tomar un buen vino, lo cual es de agradecer en este momento que, aunque parezcan tiempos de abundacia, todos sabemos que no lo son tanto. 
Es lo que tiene la modernidad. Actualmente todos los vinos, para ricos y para pobres, son aceptablemente buenos. A partir de los 12,5º de alcohol no hay vino malo.


El único problema al que se refiere esta entrada al blog, que naturalmente no lo es, viene derivado de la alta tecnología que actualmente se emplea en la elaboración del vino. En este momento todo lo rudimentario que había cincuenta años atrás ha desaparecido de cualquier bodega que se precie. Las grandes cubas de roble, las tinajas de barro cocido y la pequeñas bombas de trasvase han dado paso a grandes depósitos de acero inoxidable, con termostato que mantienen el vino en la temperatura exacta y permanente que cada vino demanda. Muchos cultivos se cosechan por la noche para evitar las altas temperaturas del verano y cada racimo es despalillado para evitar el agrio sabor de su parte verde. Eso sin contar que no hay ninguna bodega que en este momento de la historia, no disponga de un laboratorio que cada día no resuelva las problemáticas que se puedan presentar y el resultado, a la vista está, es un vino de calidad excepcional.


Nada queda al azar, todo está controlado al más mínimo detalle. El vino de cada cuba es revisado frecuentemente y, previo análisis, se le pone o se le quita todo aquello que haga imposible el fracaso. El resultado, como es fácil suponer, es siempre el mejor que se puede obtener de esa uva que se cosecha cada año con ese mimo que antes faltaba. Mas de uno dirá que tal proceder es todo artificial, que no es sano, que es demasiado elaborado... Bueno, puede que sí, pero lo que se busca y se consigue, es hacer todo lo posible para que el duro trabajo de la viticultura tenga el mejor resultado posible. Aquello de machacar el vino con los piés, prensar y almacenar, sin buscar nada más que convertir lo sólido en líquido, ha pasado a la Historia. Ya que tan dura es la labor de extraer, de una rústica planta, el fruto que después convertirán en la bebida de los Dioses, bien está que tenga el éxito que merece.


Poco nos interesa que el proceso de vendimia y vinificación haya cambiado, si es para mejor. Que las bodegas estén repletas de toneles o de depósitos de acero inoxidable, no tiene mayor importancia, como tampoco la tiene que se controle la temperatura del vino y la mezcla de variedades para conseguir un mejor sabor. Antes también se le ponían aditivos al vino para evitar sabores indeseables. Ahora todo ha cambiado y hemos de pensar que se ha hecho para bien. El único problema es que esos cambios han costado mucho dinero. No podemos pretender que nos vendan estos nuevos vinos tan bien elaborados y controlados, al mismo precio que antes costaban aquellos que se mantenían en depósitos de cemento y no tenían control alguno. El vino de hoy tienen garantías que no tenían los vinos de antes, tanto en calidad como en lo que a sanidad se refiere. Por lo tanto hemos ganado en todos los frentes, así que... ¡Salud y póngame otra copa, por favor!.

Rafael Fabregat Condill

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