Tranquilos amigos, no se trata de extraterrestres, no. Son una gran variedad de animalitos y plantas que, introducidos en España por el hombre, amenazan ahora nuestra flora y fauna. Lo hacen porque, acostumbrados a la lucha diaria en sus países de origen, han encontrado en nuestro país animales y plantas acostumbrados a vivir sin enemigos y sin preparación alguna para defender su hábitat. En poco tiempo arrasan nuestros ecosistemas, cambian los hábitats e imponen sus costumbres y genes. Nada pues está salvo de las especies invasoras, invitados no deseados que desde que se "descubrió" América han provocado el 40% de las extinciones conocidas, tanto en plantas como en animales autóctonos.
Uno de los últimos peludos e indocumentados, llegados a nuestro país, ha sido el visón americano, una especie invasora que, además de comerse a los visones autóctonos, son propensos a contagiar a las personas. Decenas de granjas europeas y españoles dedicadas a la cría del visón han tenido que cerrar sus instalaciones ante el peligro de haber sido contaminados por enfermedades propias del visón americano, capaces incluso de ser portadores de una variante del coronavirus. Las comarcas en las que hay granjas de esta especie de visón están alarmadas y denuncian hacinamiento y malos tratos por sus criadores que, en su afán por aumentar sus beneficios, los tienen arracimados en pequeñas jaulas.
El cangrejo azul americano es otro de los animalitos invasores, traído a los países mediterraneos por gente que solo busca la rentabilidad del medio. Se trata de un cangrejo poderoso que en solo dos años arrasó a las especies autóctonas convirtiéndose en el dueño y señor del lugar ocupado. Pero apuntar a una sola de estas especies no tiene sentido. Son cientos los bichitos que se han colado dentro de nuestras fronteras. Unos por los muchos viajeros que los traen de fuera de forma inconsciente y otros que nos llegan por intereses económicos. El exceso de tráfico internacional y la dificultad en controlar lo que de fuera nos llega, ha convertido la llegada curiosa de una especie determinada en una plaga imposible de erradicar, ya que las autóctonas son incapaces de luchar contra ellas.
Sucede lo mismo con las plantas. Por poner un ejemplo, algunos ríos españoles se han visto invadidos por lirios acuáticos, una especie invasora que es originaria de Sudamérica y que es flotadora; se fija al sustrato y crece desmesuradamente en agua dulce como arroyos, ríos y pantanos por lo que, al crear un denso manto vegetal, afecta a la vida de peces y otros animales nativos e impide el paso del oxígeno. Su poder invasivo es de tal calibre que en este momento ya está cubriendo curenta mil hectáreas del cuerpo de agua de nuestro país, perjudicando el libre paso del agua e incluso la navegación por ese entorno tan tupido. La ONU la considera ya como una maleza acuática a la que hay que combatir.
Lo aquí señalado es un simple y reducido ejemplo del problema que tenemos, no solo en España, sino en toda Europa y seguramente a niven mundial. La globalización y proliferación de nuestra curiosidad viajera ha hecho que ya nada está donde ha estado siempre y donde debería seguir estando. Tanto el mundo animal como el vegetal ha estado siempre reducido a los espacios que le son propios y sacarlos de allí no han hecho otra cosa que causar los naturales problemas que eran previsibles. Se aclimatan rápidamente y se extienden de forma imparable en las nuevas zonas desplazando e incluso acabando con las especies autóctonas de cada lugar, haciendo difícil e incluso imposi ble acabar con ellas. Cada uno en su casa y Dios en la de todos, pero eso era antes...
Rafael Fabregat Condill
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