1 de noviembre de 2018

2683- "CUM IUDA PARTEM HABEAT"..

Hoy es, en España, la Fiesta de Todos los Santos, Día de Muertos en México y otros muchos países de Sudamérica. Muchos son los nombres de esta festividad, pero todo se resume en el recuerdo de los que nos precedieron en el paso de la vida a la muerte. Al menos en este día es costumbre visitar a los familiares y amigos difuntos, aquellos que formaron parte de nuestras vivencias en este mundo y que, acabada su vida, fueron depositados sus cuerpos en el camposanto. 
Aprovechando esta visita, se limpian tumbas y lápidas y se depositan unas flores para renovar nuestro agradecimiento y devoción a quienes nos precedieron en este tránsito. Sepultura, nicho, incineración, o directamente en la propia tierra. Todas las fórmulas son correctas y válidas para abandonar nuestra presencia en el mundo. 


Sin embargo lo que la mayoría tenemos bastante claro es que, a pesar de que una vez muertos poco importe el destino de nuestros cuerpos, nadie desea compartir lugar con según quien. Me explico... Con el fin de ahorrar el importante dispendio que representa la compra de un nicho y más aún cuando se trata de una tumba privada, es práctica común el depositar al difunto en la misma tumba ocupada por otro familiar fallecido años atrás. Esto podría quizás "perdonarse" cuando se trate de padres e hijos, aunque personalmente ni aún así lo veo correcto, máxime cuando la tumba fue adquirida por el difunto en vida.
En muchos lugares ya no se permite la adquisición en vida, motivo por el cual son los herederos quienes compran los derechos sobre el lugar que ocupará el fallecido. 


Tiempos atrás cualquiera podía adquirir en vida estos derechos y ser sabedor del lugar en el que sería enterrado. Maldita pues la gracia de que tus herederos desprecien tu voluntad y coloquen tus restos junto a los de otra persona a la que incluso pudieras haber odiado en vida. Más vileza todavía que se puedan "amontonar" los restos de varias personas en un solo lugar, para poder convertir en "disponibles para la venta" parte de los nichos heredados de nuestros antecesores, especialmente cuando no existía un fuerte nexo de unión familiar próxima o necesidad que lo justifique. Tanta es la preocupación de algunas personas sobre el particular, que muchas de ellas hicieron saber en sus lápidas el desprecio más absoluto para aquellos que, por una u otra causa, fueran irrespetuosos con su voluntad de "descanso" en el lugar por ellos elegido. 


A tal fin en dichas lápidas figuran maldiciones de todo tipo para aquellos que mancillaran la tumba en cuestión... "Cum Iuda partem habeat". Aunque no sea una traducción literal podría decirse que el difunto maldice, a quien remueva sus restos y lo hace con esta frase que viene a decir: "Como Judas te veas". Otros son incluso más explícitos y dicen claramente: "Si alguien removiere este sepulcro, sea partícipe de la suerte de Judas". Y es que Judas no solo murió ahorcado, sino que su cuerpo fue lanzado al vacío, quedó reventado y sus entrañas desparramadas y comidas por los gusanos. El lugar fue conocido por todos los habitantes de Jerusalén debido al hedor sobrenatural que  emanaba de dicho lugar maldito por Dios y por los hombres. Respeto pues para los muertos.

RAFAEL FABREGAT 

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