7 de noviembre de 2014

1567- SOY PUTA PORQUE QUIERO.

Después de las drogas, la prostitución es el "oficio" que más dinero mueve. Nada menos que 32.000 millones de dólares anuales. Doce millones de personas se dedican a este antiguo oficio, el más viejo de la humanidad. Normalmente se trata de tráfico de mujeres, redes de inmigración organizadas por proxenetas, explotación sexual mediante engaño de trabajos inexistentes. Lo que en España llamamos simplemente "chulos" pero a gran escala. Captores de mujeres en países emergentes que ofrecen trabajo seguro y que acaban ejerciendo la prostitución como única forma de pagar (diez veces) los gastos que se supone ha ocasionado su traslado y que han de desempeñar bajo amenazas a familiares y a ellas mismas.


Las estadísticas dicen que las putas por voluntad propia no llegan al 10% del gran abanico que mueve el mercado del sexo. Hemos de pensar que quienes dan este porcentaje lo hace con pleno conocimiento de causa, pero pocas me parecen. Los tiempos cambian pero está claro que unas décadas atrás esto no era así. Independientemente de lo desagradable que pueda ser vender tu cuerpo por dinero, algunas mujeres prefieren eso a trabajar puesto que en media hora se gana lo mismo que en una jornada de duro trabajo. De unos años a esta parte esto ya no es exclusivo de las mujeres puesto que algunos chicos, más de lo que algunos puedan pensar, también se dedican a este menester. Sin embargo no parece ser que los hombres tengan proxenetas que exploten esos cuerpos masculinos. 


Está claro que no importa el sexo de la persona prostituída a la hora de dar calificaciones sobre los que ofrecen dichos servicios ni de los chulos que les "representan". Tan deleznable es ser puta como ser puto y tan proxeneta es quien apadrina a hombres como mujeres para desempeñar el oficio del sexo de pago. Esta claro que las mujeres representan el 90% de las personas dedicadas al negocio del sexo, pero no debemos olvidar a ese 10% largo de hombres, transexuales e incluso niños y niñas que se dedican también a este oficio. Como todos sabemos, especialmente en países asiáticos, son muchos los menores que son explotados sexualmente, algunas veces por sus propias familias, con el fin de aportar un dinero a la casa. 


De la misma manera también proliferan últimamente en el primer mundo los hombres dedicados a dar placer a mujeres solas o "mal acompañadas". Ningún país escapa a las garras de las redes mundiales del sexo y cada uno de ellos dicta sus leyes al respecto. Unos persiguen a las prostitutas, otros persiguen a sus clientes, otros a los proxenetas. Son muchas las redes de proxenetas que, aprovechándose de la necesidad económica, engañan a miles de mujeres ofreciéndoles trabajo y buenos ingresos en otros países, que naturalmente no existen. Una vez en tierras extrañas y sin siquiera conocer el idioma les dicen que el trabajo se ha esfumado y que de alguna forma deben pagarles el dinero que han invertido en su traslado. 

Ese trabajo es la prostitución. 
Sin embargo no todas las mujeres que ejercen la prostitución son emigrantes forzosas. Hay un porcentaje, no tan pequeño, de putas nacionales o extranjeras que lo son por voluntad propia. No por vocación, claro está, pero sí como fórmula para ganar en dos años de sexo lo que costaría toda una vida de trabajo extenuante. 
Naturalmente para acceder a este exclusivo mercado del sexo elitista hay que tener un buen físico, pero esto no es difícil cuando se tienen 18/20 años. Estas mujeres cobran de 500 euros por pasar una noche contigo, en la que puedes ir a cenar, a bailar y acabar la noche con ella, en tu casa o en la habitación de cualquier hotel. Estas mujeres suelen ser liberales, inteligentes y no dependen de ningún proxeneta. 


Son jóvenes, bonitas y sin demasiados recursos. También abundan las estudiantes que no quieren privarse de nada. No son adictas al sexo pero, al igual que ocurre con el juego, muchas de ellas quedan enganchadas por el dinero fácil que les genera un trabajo que no requiere esfuerzo alguno de su parte. Digo esto porque, buena parte de estas putas de lujo, aceptan o no el "trabajo" dependiendo del cliente de que se trate. Con esta forma de actuar cualquiera podría ser puta pero, desgraciadamente, pocas son las que eligen a sus clientes y las que cobran 1000 euros por noche. La mayoría cobra 30 euros y tiene que atender a viejos y borrachos sin duchar, que no es lo mismo ni se le parece...

RAFAEL FABREGAT 

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