8 de febrero de 2014

1256- LA HISTORIA DE BELCHITE.

Tema ya muy trillado, al que se le han unido mitos y leyendas rayando en el esperpento. Una tragedia de esta magnitud merece el suficiente respeto como para no relatar ni un solo dato que no se ajuste a una realidad claramente probada. Sin embargo, siguiendo la moda más fantasiosa de nuestro tiempo, se habla de psicofonías y de fantasmas que son una burla para las miles de personas que perdieron la vida entre las paredes de este pueblo aragonés. 
Belchite era un pueblo de la provincia de Zaragoza (España) situado a 49 Km. de la capital que, con motivo de la Guerra Civil, quedó totalmente arrasado en 1.937. Hasta entonces había sido villa de cierta importancia, con una interesante historia de la que daban fe sus iglesias y monasterios. Perteneció a la Taifa de Zaragoza hasta el año 1.118 cuando fue conquistada por Alfonso I de AragónSiendo una zona no totalmente controlada por la Corona, el rey admite repoblar la comarca, incluso con malhechores, a fin de poder contar con combatientes en caso de nuevas luchas contra los moros. 


A tal efecto y para reforzar aquella iniciativa estratégica, crea en 1.122 la Cofradía de Belchite. 
Sin embargo la respuesta no es suficiente y tras la derrota en la Batalla de Fraga la comarca vuelve a manos de los almorávides. En 1.136 Alfonso VII de León acude en su ayuda y refunda la Cofradía con el nombre de "Militia Caesaraugustana" que es finalmente absorbida en 1.143 por la Orden del Temple, en cumplimiento del testamento de Alfonso I de AragónPor su lugar estratégico Belchite ya sufre una importante batalla en la Guerra de la Independencia (1809) tan importante y atroz que, siendo ganada por Napoleón, éste manda grabar el nombre de Belchite en el Arco del Triunfo de París. 


Sin embargo es en la Guerra Civil Española y más concretamente en 1.937, cuando el pueblo y casi todas sus gentes desaparecen bajo el fragor de la guerra y el bombardeo constante de los obuses y la aviación. En los 15 días que duró la batalla, ganada por los franquistas, se estima que murieron unas 6.000 personas entre soldados y civiles. Impresionado por la dura oposición Franco se dirigió a los supervivientes con estas palabras: "Os juro que sobre estas ruinas de Belchite se edificará una ciudad hermosa y amplia, como homenaje al heroísmo de estas gentes sin par".


Finalizada la guerra Franco ofrece a los vecinos la construcción de un pueblo nuevo, en las inmediaciones, o la reconstrucción del viejo Belchite a cargo de los vecinos, en cuyo caso y como compensación el Gobierno traería las aguas del Ebro mediante un canal que convertiría sus tierras de secano en regadío. 
Los vecinos de Belchite optaron por un nuevo pueblo, que fue construido por los prisioneros republicanos. Las primeras casas del nuevo pueblo fueron concedidas en 1.946 a los vecinos afines al régimen que naturalmente eran las mejor situadas en el proyecto. La construcción prosiguió sin demoras y la inauguración del nuevo Belchite, aún sin estar terminado, se llevaba a cabo en 1.954. Las obras siguieron hasta finales de la década de 1.960 cuando todos los vecinos tuvieron adjudicada su casa. 
Sin embargo, pese a la promesa de Franco, los vecinos tuvieron que pagar un porcentaje de sus nuevas casas, motivo por el cual muchos vecinos disconformes emigraron a otros lugares. Según lo pactado, el viejo Belchite quedaba tal como lo dejaron las bombas, en señal de homenaje a todos los que allí perdieron la vida. 

Cada año más de 10.000 personas visitan estas ruinas, monumento del pasado y símbolo de la destrucción y la muerte. Ahora, abusando de la buena voluntad de la gente, algunos desalmados pregonan a los cuatro vientos que entre las viejas ruinas de Belchite vagan los fantasmas de aquellos miserables que dieron su vida en cumplimiento de sus ideales o simplemente obedeciendo las órdenes recibidas de sus superiores. Nos sorprende que a estas alturas de la vida y de la humanidad todavía haya gente que crea en tales paparruchas, pero así es la vida y de ello se aprovechan los miserables. 


Sin ninguna duda los fantasmas son los malandrines que pregonan tales payasadas, en aras a una democracia que permite libertades que se convierten en libertinaje. 
Porque esas "fantasmadas", de las que viven y se ríen los corruptos, sin duda causan inquietud en algunas débiles mentes y por tanto deberían estar prohibidas. Los muertos, muertos están. Ni sus cuerpos ni sus almas volverán a este mundo de vividores y aprovechados. ¡Hay que ver la cantidad de trabajo que hay que hacer para no trabajar, pero así son ellos!. Para todos aquellos que quieran bucear en la Historia y la tragedia de quienes, voluntaria o forzosamente, combatieron en la Guerra Civil Española allí está el viejo Belchite.

Las ruinas de este pueblo aragonés les espera silencioso e impasible. Personalmente no he ido (ni pienso ir) porque creo que Belchite solo es un monumento a la desolación. Ya sé que es nuestra historia, pero solamente vista desde el lado trágico que al ganador de la guerra le convenía. Mi humilde opinión es que los vecinos de Belchite deberían haber aceptado el canal del Ebro que se les ofreció, convirtiendo sus campos en un vergel. Poco a poco el pueblo hubiera ido reconstruyéndose y hoy tendrían ricos campos de regadío y el histórico Belchite totalmente renovado, sin escombros que machaquen constantemente una triste memoria que pasará de hijos a nietos durante generaciones. Lo siento, la decisión fue tomada mucho tiempo atrás y es irrevocable pero, ¡se equivocaron...!

RAFAEL FABREGAT

6 comentarios:

  1. Excelente entrada,estoy cogiendo información y haré una entrada en mi blog de Belchite,si no te importa cogeré alguna foto tuya.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu amabilidad. A tu disposición. Saludos.

      Eliminar
  2. Gracias por tratar con respeto al viejo pueblo de Belchite. Es una lástima que casi sea más famoso por las psicofonías que por el acto bélico de 1.937. Saludos de un belchitano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a tí amigo. Fueron muchos los pueblos destrozados por una guerra injusta. Ante las opciones de pueblo o regadío tomaron la primera y les entiendo perfectamente. La segunda opción era de lucha constante y resultados a muy largo plazo. Y ellos estaban cansados, muy cansados... De todas formas la agricultura ya no es lo que era y los jóvenes buscaron otros horizontes. En fin, todo pasó. Para los que marcharon y para los que quedaron allí. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Hola Rafael. Perdona que no esté muy de acuerdo en la última frase donde dice "todo pasó". Actualmente aún quedan "posos" del fatídico episodio vivido en la batalla del 37.
    Es triste decirlo pero es así. Hoy en día sólo se puede hablar del tema "en voz baja" no vaya a ser que te oiga el vecino. Confío en que las generaciones venideras sí que tratarán el tema como "algo que pasó", sin más. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario amigo. Naturalmente vivir de cerca el desastre, directamente o a través de padres o abuelos, no es lo mismo que comentarlo. De todas maneras quedo perplejo de que, tras cuarenta años de dictadura y otros cuarenta de democracia, me digas que todavía hay que guardar respeto a los facinerosos. ¡No me extraña que algunos marcharan...!

      Eliminar